LORENA VOLPE


 LORENA VOLPE. Directora y dramaturga

LA LUCHA FEMINISTA EN EL TEATRO ACTUAL. 

Lo femenino y la feminidad han sido vistos desde un punto filosófico-estético durante años, asociados siempre a una belleza meramente conceptual en el arte. La perspectiva frente esto ha cambiado diametralmente con el paso del tiempo, desde las amplias acepciones de “lo bello” y “lo bueno”, que referían a la belleza estética pero también a lo justo y a la verdad, que Platón exponía en uno de sus diálogos, Hipias mayor, en los que la mujer era un fuerte objeto de preocupación, hasta pasar por el afeminamiento del teatro de variedades del siglo XIX, relacionado a la aristocracia y al buen gusto. En esto, se abre una sociedad sin leyes igualitarias ni derechos para la mujer. 

La mujer, desde el principio del arte, era vista como el objeto de alguna obra maestra, y terminaba siendo el ápice de la manifestación cultural. La musa de las disciplinas artísticas, silenciada casi hasta suprimirla. Han sido tratadas como un colectivo marginado incluso en las actividades principales de la sociedad griega, cuando se producían, paradójicamente, grandes obras como Medea, Las vacantes e Ifigenia en Áulide de Eurípides, o Antígona de Sófocles. Hasta este punto, las mujeres participan de los rituales dramáticos en los cánticos religiosos. 

Poco después, los mitos (personajes) femeninos eran interpretados por hombres y a las mujeres se les prohibió la entrada al teatro. 

Luego aparecieron en la escena Cresida, Desdémona, Julieta, lady Macbeth, Ofelia, Porcia, Rosalinda, Titania y Viola. William Shakespeare y sus contemporáneos habían creado los textos hoy considerados clásicos, con personajes femeninos potentes, que bajo ninguna circunstancia podían ser escenificados por mujeres. 

Las féminas, sin embargo, lucharon por tener voz y mayor representación en este lugar que parecía ser el más libre –o el más obsceno–. Y esto ha quedado reflejado en la leyenda de la alemana Roswitha de Gandersheim conocida como la primera dramaturga de la historia o posteriormente en comediantes como La Calderona, La Caramba, Rita Luna o las Hermanas Correa, que pudieron ser actrices en España gracias a un Real Decreto de 1587, en el que se ordenaba que para que las mujeres pudieran actuar debían estar casadas y haber suscrito contratos legales. 

Hasta cierto punto, ¿se podría afirmar que la mujer ha superado la barrera de la objetivación en las artes escénicas? Con toda su verdad y su libertad, ¿sigue siendo el teatro un arte que suprime a las mujeres? ¿Quedan vestigios en nuestras salas de esa supremacía masculina?

En el Día de la Mujer, 2019, El – Teatro conversó con seis mujeres, artistas de la escena actual y luchadoras por arte más inclusivo, para conocer cuál es el rol que juegan las mujeres en el teatro actual y qué hay que trabajar para que los cambios sean contundentes. 

“Hay que romper estereotipos” 

AIDA MERCADA. Actriz 

La mujer tiene una función muy importante. No sólo en cuestiones de igualdad de derechos, sino como representante del 50% de la población mundial. Por esto hay que visibilizar a todas las mujeres, revindicar sus derechos, romper estereotipos y prejuicios legitimados muchas veces por el género y crear nuevos referentes. 

Para ello el teatro es un escenario ideal, ya que es espejo y trasformador de la realidad. El feminismo por tanto es muy importante en el teatro y nos puede ayudar a darle al teatro la posibilidad de ser más justo. 

Hay muchas mujeres en teatro pero todas nos vemos atacadas por los cánones de belleza. Somos obligadas a representar papeles que siguen legitimando los roles de género asociados a la mujer como cuidadoras o mujer-objeto, entre otros u obligadas a lidiar con comportamientos machistas de parte de nuestros compañeros.

“Tenemos muchas cosas qué decir” 

LORENA VOLPE. Directora y dramaturga 

Los teatros de Barcelona se han unido a la huelga colectiva por el Día de la Mujer precisamente para señalar que existe una desigualdad en el sector. No hay suficientes mujeres en el teatro. Al menos no en los cargos de dirección, dramaturgias, ni muchos cargos técnicos. Los números son muy dispares.

El feminismo, en este sentido, ha sido fundamental para señalar esta problemática. Ha llegado en el momento justo. El feminismo es luchar para que tengamos las mismas oportunidades. No que predomine uno sobre otro, sino que tengamos las mismas oportunidades. 

El movimiento es fundamental y ha invadido de forma positiva la escena teatral.

Tampoco se deben censurar autores que vivieron contextos muy diferentes. El teatro está aquí para retratar realidades y no para darles la espalda. El hecho de que se censuren obras teatrales porque retratan el machismo no debe pasar.Cada vez más tenemos más oportunidades para darnos a oír y darles más oportunidades, porque tenemos muchas cosas qué decir y hemos vivido muchos años de silencio. Como mujer, he tenido la posibilidad de publicar, trabajar y que se programen mis obras en las salas y que esto tiene que ir a más.

“Podemos trabajar en cualquier área” 

ZARA FERMÍN. Periodista cultural y gestora 

Considerando toda la áreas de trabajo que implica el montaje de una obra de teatro y el teatro en sí mismo como arte, la mujer está involucrada totalmente en las diversas áreas hoy en día. Por ejemplo en la producción, dirección, actuación, maquillaje, escenografía, vestuario y prensa, sin duda. Sin embargo, el área sigue dominado por los hombres en otras áreas especialmente técnicas como tramoyistas, utileros, eléctricos,  sonido e iluminación.

Todavía nos queda romper paradigmas para así poder hablar de igualdad. 

Desde luego que hace falta más presencia de mujeres en las artes escénicas y en la cultura en general. Una lucha en pro del feminismo en áreas específicas como las técnicas. Pero más allá de eso me gustaría que nos vieran como seres humanos capaces de trabajar en cualquier área sin mirar nuestro género. Tomar en cuenta nuestra capacidad profesional para así lograr el estado ideal que es la igualdad. 

Fuente: El teatro




GLORIA STEINEM


 

GLORIA STEINEM 

La mujer que cambió la vida a todas las mujeres 

Con el estreno del filme 'The Glorias', queremos repasar la vida de Gloria Steinem, la mayor y más importante feminista de la historia, que con sus libros, su activismo y su discurso cambió radicalmente la vida de todas las mujeres del planeta. 

"Las mujeres no van a ser iguales fuera de su casa hasta que los hombres sean iguales en ella" (Gloria Steinem)


En 2020, el feminismo en las sociedades occidentales ya no es un sueño, es una realidad. El movimiento feminista ha adquirido especial relevancia en los últimos años después de que mujeres de todo el planeta reaccionaran con sororidad ante la terrible violencia machista, el tedioso techo de cristal o la falta de ecuanimidad en el reparto de las tareas domésticas.

Pero hace medio siglo no era así. Muchas mujeres seguían condenadas a no poder elegir su vida, a no poder estudiar, a no tener libertad para elegir su vida, su sexualidad, su carrera. No había más opción que permanecer en el ámbito doméstico cuidando de los hijos. 

Afortunadamente las décadas de los 60 y 70 fueron crucial para las mujeres, pues la tercera ola feminista, al hilo de las revoluciones estudiantiles y del movimiento hippie, desencadenó grandes avances para la mujer: el control de la natalidad, la incorporación al mercado laboral, el divorcio... 

Para que llegara todo esto que hoy nos parece 'normal', fue esencial el papel de una mujer, la periodista y activista estadounidense Gloria Steinem, que es considerada como la mayor feminista de la historia: una mujer que cambió para siempre la vida de todas nosotras. Una persona que lleva sesenta años luchando por los derechos de las mujeres.

Evocando su vida, e inspirada en su biografía 'Mi vida en la carretera', mañana se estrena 'The Glorias', película basada en la vida de Steinem protagonizada por las oscarizadas Alicia Vikander ('La chica danesa') y Julianne Moore ('Siempre Alice') y dirigida por Julie Taymor ('Frida'), una estupenda ocasión para repasar la trayectoria de la gran feminista de nuestro tiempo. 

Una auténtica pionera

Steinem nació el 25 de marzo de 1934 en Toledo (Ohio). De pequeña tuvo una educación inusual, pasando temporadas en Michigan, Florida y California, por lo que no fue al colegio regularmente hasta los 11 años. Su adolescencia fue complicada porque, tras la separación de sus padres, cuidó a su madre, que padecía una grave enfermedad mental, hasta ingresar en la universidad. 

Eran los años 50 y se matriculó en el Smith College para estudiar gobierno, una opción poco habitual para las mujeres del momento. Pero es que ella no quería seguir tampoco el camino esperado de la maternidad y el matrimonio: "En la década de los 50, cuando te casabas, te convertías en lo que era tu marido, por lo que parecía que era la última decisión que ibas a tomar. Yo había sido el progenitor de una niña grande: mi madre. Así que no quería terminar cuidando a otra persona", explicó a 'People'. 

Tras terminar su carrera, pasó por la terrible experiencia de abortar ilegalmente con un doctor londinense de camino a la India, donde trabajó como asistente del presidente de la Corte Suprema. A su vuelta a Estados Unidos, consiguió el puesto de directora de la Independent Research Service, una organización que resultó estar financiada por la CIA.

Comenzó después su carrera como freelance en 'Esquire', escribiendo artículos sobre la contracepción y cómo las mujeres estaban obligadas a elegir entre su carrera y el matrimonio. Estamos en 1963 y entonces escribe para la revista 'Huntington Hartford's Show' uno de sus trabajos periodísticos más importantes: se infiltra como 'conejita' en el Playboy Club de Nueva York para informar de las denigrantes condiciones de las trabajadoras. 

Hablando de mujeres

En 1968, formó parte del equipo fundacional de 'New York Magazine' y fue allí donde, como ella misma dice, saltó el "clic feminista" cubriendo un acto sobre el aborto. Ella explica que nunca se había sentido culpable por abortar y recuerda que aquel día "fui consciente de que era la primera vez que había asumido la responsabilidad de mi propia vida". Fue a raíz de ese artículo donde ella inventó el concepto 'libertad de reproducción' como "una expresión que indica la libertad de opción de tener hijos o no tenerlos, lo que posibilita una coalición entre nosotras". 

Los años 70 fueron determinantes para Steinem: se unió a otras feministas como Bella Abzug y Betty Friedan y creó el Caucus Político Nacional de Mujeres, que trabajó por los problemas de la mujer. Fue fundadora junto con Dorothy Pitman Hughes y otras activistas de la icónica revista 'Ms', el primer medio feminista de la historia, que también fue pionero en sacar en portada temas como la violencia contra las mujeres (1976). Cincuenta años después, sigue siendo miembro del comité de dirección. 

Fue en este tiempo cuando Gloria Steinem y Dorothy Pitman Hughes posaron para el fotógrafo Dan Wynn para la legendaria foto en la que ambas aparecen con el puño en alto representando el empoderamiento de dos mujeres de distinto color. Fue publicada en 1971 en la revista 'Esquire'. Un año después, se convirtió en la primera mujer en dar un discurso en el Club Nacional de Prensa, en el que criticó a los medios por la falsa integración de las minorías en las redacciones. 

Sus pensamientos fueron criticados por feministas extremas, por trabajar respaldada por la CIA; otros cuestionaron su vinculación al movimiento por mostrar una imagen tan elegante y glamurosa. Pero ella siguió haciendo su trabajo, escribiendo por y para las mujeres. Así, en 1978 redactó para 'Cosmopolitan' la sátira 'Si los hombres pudieran menstruar', imaginando un mundo en el que los hombres tuvieran el periodo y concluyendo que para ellos sería un motivo de honor en vez de la vergüenza que experimentan las mujeres. 

Libros revolucionarios

En 1983 publicó una de las obras más importantes de su carrera, una colección de ensayos titulada 'Outrageous Acts and Everyday Rebellions' [traducible por 'Actos escandalosos y rebeliones cotidianas'] donde abordaba temas como la importancia del trabajo, la relación entre la comida, malnutrición y discriminación femenina o la brutalidad de la mutilación genital. 

En 1986, solo tres años de ser diagnosticada de cáncer de mama, publicó 'Marilyn: Norma Jean', un ensayo sobre la actriz en el que recalcaba la fragilidad de su persona, su infancia torturada y su enorme carisma y complejidad, desmontando los mitos de la 'ambición rubia' de Hollywood. 

También fue muy criticada por su libro de 1992 'Revolution from Within: A Book of Self-Esteem' ['Revolución desde dentro: un libro de autoestima'], porque algunas feministas pensaban que el enfoque de la autoestima no encajaba en el movimiento. Pero esto le sorprendió, porque Steinem creía que tener una imagen confiada en uno mismo era crucial para generar el cambio. 

En los últimos años, ha seguido muy activa dando conferencias, asistiendo a manifestaciones, escribiendo su biografía ('Mi vida en la carretera', 2015), apoyando carreras políticas como la de Hillary Clinton, acudiendo a eventos e incluso participando en ficciones como 'El Club de las primeras esposas' (1996) o la serie 'The Good Wife' (2009). En la actualidad, sigue ejerciendo de periodista y, así, tiene pendiente de estrenar dos documentales y una serie en la que es productora ejecutiva: 'Project Soar', 'My name is Andrea' y 'Untitled Sojourner Truth Project'. 

A sus 85 años, Steinem no piensa echar el cierre y dejar de apoyar las causas feministas. Queda mucho por hacer. Por ejemplo, apoyar el estreno de 'The Glorias'. Con su característico humor asegura: “Cuando Julie Taymor me llamó para decirme que 'Mi vida en la carretera' debería ser una película, me sentí como si yo misma formara parte de una película. Imágenes de Frida pasaron por mi cabeza, con los colores de Kahlo brillando en la pantalla, y de 'Across the Universe', con las canciones de los Beatles convertidas en un movimiento de paz mundial". Porque así nos gustaría que fuera el feminismo: pacifista, lleno de sororidad, inspirador y con mucho, mucho color. 

Fuente: ELLE




RUPI KAUR


 RUPI KAUR

Feminismo, violación y pérdida: así es la poesía de Rupi Kaur 

“Otras maneras de usar la boca” es un libro que dice adiós al pudor y a los tabúes

GUILLERMINA TORRESI
BARCELONA

22/03/2017 11:38Actualizado a 22/03/2017 14:43

Rupi Kaur tiene 24 años, nació en Pujab (India) y ahora vive en Canadá. Su primer libro Otras maneras de usar la boca (EspasaEsPoesía, 2017) es un viaje que a ratos se detiene en la forma del amor adolescente para dar marcha atrás y profundizar con rigor en el miedo, en el dolor, en la pérdida y en el pudor.

En las palabras de esta autora no hay metáforas: es directa, dura, amarga y repleta de crudeza. Su nombre se hizo conocido gracias a un proyecto universitario censurado por Instagram (donde cuenta con más de un millón de seguidores): Period, una sesión fotográfica donde se reflejaba la rutina de la mujer en la menstruación de forma explícita, sin retoques ni filtros. Cuando explica su trabajo cuenta que la poesía la salvó, porque escribir la ayudó a sanarse. 

¿Cuándo empezaste a dibujar y a escribir?

He dibujado desde siempre y comencé a escribir en la secundaria, escribía poemas para mis amigos en sus cumpleaños. Pero no fue hasta que me apunté en un curso de escritura creativa en la universidad que me di cuenta de que realmente disfrutaba escribiendo y que era algo que valía la pena explorar.

¿Por qué la poesía?

La gente pasa por la vida suprimiendo sus emociones. Es muy importante separarse de los tabúes y hacer que la gente sienta, que todos sintamos de verdad. La poesía me produjo exactamente eso. El trabajo de Warsan Shire me curó de cosas que ni siquiera sabía que estaba sintiendo. Me dije que tenía que empezar a escribir y a sanarme. Por eso escribo poesía.

Entonces nada de novelas...

No.

El título original es ‘Milk & Honey’ (‘Leche y miel’ en inglés) ¿por qué lo elegiste?

Elegí el título por mi apego e historia con leche y miel. . .. Mis padres me daban una cuchara de miel como medicina y a veces la mezclaban con leche. Ambos son recuerdos esenciales de mi educación y, más aún, de mi comunidad, de la gente como yo.

*El título en la edición castellana es Otras maneras de usar la boca, la editora apunta que hace referencia a uno de los versos en el que se simbolizan todos los temas que trata: el amor, la sexualidad y, sobre todo, la autoestima, el hecho de alzar la voz.

¿Cuál es tu mensaje con este libro?

Escribí este libro porque necesitaba curarme. La escritura es la herramienta que uso para ello. Otras maneras de usar la boca es el viaje de sobrevivir a través de la poesía y no hay ningún mensaje a nadie más que a mí misma. Me convertí en la mujer que quería ser escuchando mi corazón llorando y escribiendo sobre ello. Me salvé. Necesitaba darme voz.

¿Escribes sobre tus propias experiencias?

Sí. Escribo sobre ciertas luchas y batallas y a veces eso me ha llevado a lugares oscuros pero me ayuda a entender, a aceptar, a sanar, que es siempre el objetivo. Es importante reconocer lo que esas oscuras emociones le provocan a uno mismo. Creo que es muy importante entender realmente que aunque ciertos recuerdos o historias te hacen sentir triste, no estás triste. Debes salir de esa emoción.

¿Quiénes son tus principales influencias?

El trabajo de Warsan Shire no sólo me inspiró, sino que me ayudó a pasar por momentos difíciles. También leí un montón de Khalil Gibran, Amrita Pritam, Saul Williams y Junot Díaz. Díaz es brillante y sus piezas inspiran mucho de mi poesía porque documenta la experiencia inmigrante de una manera muy cruda y real. Virginia Woolf y Anne Sexton me inspiran también. Pero Warsan es probablemente mi mayor influencia.

¿Qué piensas acerca de la buena acogida que ha tenido el libro?

No he sido capaz de asimilar la idea de pensar que más de 10.000 personas entran en una tienda en una misma semana y compran ese libro. Siento como si estuviera en un tren en el que esperaba bajarme hace cinco paradas o 10, pero el tren continúa, y sigue avanzando más rápido, y pienso ¡pues vale! le di vida a este libro en 2014, y ahora, desde que el editor lo recogió y lo volvió a lanzar en 2015, ha tomado una vida propia, su propio camino.

¿Estás trabajando en algo nuevo?

Sí. Estoy terminando mi segundo libro de poemas.

Fuente: La vanguardia 






EMMY NOETHER




EMMY NOETHER

La matemática que derrotó al machismo 

Amelie Emmy Noether nació el 23 de marzo de 1882 en la localidad de Erlangen, en el estado alemán de Baviera. En su familia había 10 matemáticos en tres generaciones y podría decirse que tenía una vocación innata para las matemáticas, seguramente heredada por su padre el distinguido matemático Max Noether profesor de la Universidad de Erlangen. 

Emmy fue alumna en la escuela Höhere Töchter Schule en Erlangen a partir de 1889 hasta 1897. Allí estudió alemán, inglés, francés, aritmética y recibió lecciones de piano. Amaba el baile y le gustaba participar de las fiestas que organizaban los hijos de los colegas de la universidad de su padre. En esa etapa de su vida, sus aspiraciones se centraban en ser profesora de idiomas, sin embargo, después de certificarse en esta área Emmy Noether  asistió a las clases impartidas por su padre, aunque tuvo que hacerlo como oyente dada la imposibilidad de matricularse en la universidad por su condición de mujer. 

Entonces, en Alemania, las mujeres solamente eran aceptadas extraoficialmente en las universidades y debían solicitar permiso a cada profesor de cátedra para asistir a sus clases. En ese régimen de estudio estuvo en Erlangen desde 1900 a 1902. En 1903, después de rendir un examen de admisión en Nürnberg, va a la Universidad de Göttingen también en calidad de alumna oyente. En los años que estuvo en ese establecimiento universitario asiste a conferencias dadas por Blumenthal, Hilbert, Klein y Minkowski.

El curso siguiente empezó a permitirse en el estado de Baviera la matriculación y el derecho a examen de las mujeres en cualquiera de sus tres universidades, así que el 24 de octubre de 1904 Emmy Noether se convertía en la primera y única mujer matriculada en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Erlangen. Tres años después, el 13 de diciembre de 1907, defendió su tesis, Sobre la construcción de los sistemas formales de las formas bicuadráticas ternarias, bajo la supervisión de Paul Gordan. Fue la segunda matemática alemana que se doctoró en su pais, aunque a ella nunca le gustó este trabajo. 

Aún así, Noether lo tuvo muy difícil para ostentar un cargo académico. En Alemania las reticencias hacia la mujer en la Educación eran mayores que en otros paises de su entorno. Hay que decir que las mujeres habían conseguido acceder a la Universidad en Francia en 1861, en Inglaterra en 1878 y en Italia en 1885. La primera mujer que consiguió una plaza universitaria docente en Europa fue la matemática rusa Sofia Kovalevski en 1881, en la Universidad de Estocolmo. En Alemania, el kaiser era un ferviente partidario de que las mujeres no salieran de las tres kas: Kirche, Kinder, Köche (iglesia, niños y cocina). 

Así, durante los siguientes años, Noether estuvo impartiendo clases en la Universidad de Erlangen sin cobrar. Cuando Gordan se jubila, es sustituido en la Universidad por un joven Ernst Fischer, que había estudiado en Gotinga con Minkowski y estimula el trabajo de Emmy, acercándola a la escuela encabezada por Hilbert. Las bajas que en Gotinga produjo la Gran Guerra hicieron que Hilbert y Klein volvieran a llamar a Emmy en la primavera de 1915.

Aunque tanto Klein como Hilbert intentaron decididamente que la Universidad aceptara a las mujeres como profesoras, la sección de humanidades del claustro se opuso tajantemente. Entre ellos, el filósofo Edmund Husserl o el historiador Karl Brandi, que llegó a afirmar:”Hasta ahora la aportación científica de las mujeres no justifica en absoluto la introducción de un cambio tan drástico en el carácter de las universidades“. No obstante, en el pecado llevaban la penitencia, ya que cada vez se tenían que cruzar con más mujeres en los pasillos de la Facultad. Klein introducía en las clases cada vez más oyentes femeninas y había doctorado a cuatro rusas, dos norteamericanas y una inglesa. 

Hilbert y Klein fueron apoyados en sus pretensiones feministas por Edmund Landau, Carl Runge y Constantin Carathéodory, pero para ponernos en contexto no nos puede dejar de sorprender el tono empleado por Landau en su carta de recomendación: “Con qué sencillez se presentaría la cuestión ante nosotros si, con el mismo trabajo, la misma habilidad docente y la misma dedicación, se tratara de un hombre (…) Considero el cerebro femenino inapropiado para la creación matemática, sin embargo, considero a la señorita Noether como una de las raras excepciones“. Más adelante llegó a afirmar: “Puedo dar testimonio de que es un gran matemático, pero de si es una mujer… bien, esto ya no podría jurarlo“. Y a Hermann Weyl se le atribuye esta declaración:”Sólo ha habido dos mujeres en la historia de las matemáticas, y una de ellas no era matemática, mientras que la otra no era una mujer” (la primera mujer era Sofia Kowalevski, quien sufrió una fuerte desacreditación de su obra por parte de sus compañeros masculinos). 

De este modo Noether siguió en la Universidad solamente por las tretas que concibieron sus colegas para que pudiera dar clases. Así, en el curso 1916/1917 figuraba el siguiente anuncio:”Seminario de física matemática. Teoría de invariantes: Profesor Hilbert, con la asistencia de la doctora E. Noether“. En realidad, Emmy era la única ponente.

Al acabar la guerra los nuevos aires políticos permitieron por fin a Noether poderse habilitar como privatdozent el 4 de junio de 1919. Sin embargo, todavía no cobraba un sueldo. Permitía dar clases en la Universidad y cobrar un pequeño estipendio a los alumnos que quisieran asistir a ellas. Noether accedió a este título a los 37 años, cuando para sus colegas este era el primer escalón de juventud (por ejemplo, Hilbert y Landau fueron privatdozent a los 24). 

La crisis económica alemana hace la situación económica de Noether insostenible, y Richard Courant le consigue un contrato por unas clases de álgebra a los 41 años. No obstante, en todos estos años de circunstancias excepcionales para Noether, llegó a desarrollar una cálida y entrañable relación con sus estudiantes, con los que se la veía muy a menudo, y no sólo en las horas lectivas. Sus dotes pedagógicas y su generosidad para desarrollar distintas líneas de investigación fueron ensalzados por todos. Emmy abrió un taller en Gotinga en el que imprimió su sello hasta el punto de que a sus alumnos se les conoció como “chicos Noether“, y compartían incluso la vestimenta desaliñada de su mentora. 

Con la subida de los nazis al poder, Noether estaba amenazada por partida doble, tanto por su ascendencia judía como por sus simpatías marxistas. Muchos profesores, entre los que figuraban Noether, Max Born y Richard Courant, fueron suspendidos cautelarmente. Solo en 1933, alrededor de 1200 académicos judíos perdieron sus puestos universitarios en mitad de una crisis universal. Sin embargo, ella siguió dando clandestinamente matemáticas “judías” a estudiantes arios. 

Hay que decir que la acogida norteamericana al éxodo judío no era tan fácil como a menudo se cree. Desde la Gran Depresión, entre 1933 y 1936 dos mil profesores habían perdido su empleo debido a la crisis, y las discriminaciones antisemitas también existían en Norteamérica. Harvard, Columbia o Yale tenían cuotas de judíos. No obstante, Noether tuvo la oportunidad de emigrar al colegio universitario Bryn Mawr, en Pensilvania, a finales de octubre de 1933. 

Un año después, gracias a la mediación de Weyl y Einstein, Noether firmó un contrato para dar ocho horas de clase semanales en Princeton. En abril de 1935 Noether fue ingresada en el hospital de Bryn Mawr para extirparse un tumor uterino. Aunque la operación, el 10 de abril, fue un éxito, el 14 de abril falleció en el hospital de una embolia. En el año 2003 la Universidad de Gotinga creó una plaza de profesor- esta vez remunerada- con el nombre de Emmy Noether. 

Las contribuciones de Noether a la matemática son incontables, especialmente en la disciplina del álgebra, como en la teoría de los invariantes, en la que trabajó con su mentor Gordan. Dentro del álgebra abstracta también realizó importantes contribuciones, y una clase de conjuntos hoy en día son conocidos como anillos noetherianos. También se le atribuyen ideas fundamentales en el desarrollo de la topología algebraica.

Pero por lo que los físicos conocen más el trabajo de Noether fue por el teorema quizás más bello que se ha creado dentro de la física matemática, el llamado teorema de Noether, que relaciona las simetrías continuas de una teoría con sus cantidades conservadas.

Con información delBoletín de la Universidad de Granada, Física Fundamental y Perimeter Institute for Theoretical Physics  

Fuente: TERCERAVIA





 

SILVIA FEDERICI



 SILVIA FEDERICI

 Nacida en la Italia fascista, la escritora, profesora y activista dice de sí misma que fue “feminista antes de tiempo”. Al tiempo que es una de las figuras más relevantes en el desarrollo del feminismo de las últimas décadas, Federici también es una pensadora cuyos cuestionamientos radicales al Estado capitalista alientan a replantearse a fondo cómo estamos habitando el mundo y hacia qué desastre nos encaminaríamos de seguir así. 

Silvia Federici centró su charla del 2 de marzo en la guerra contra las mujeres y las nuevas formas de acumulación capitalista,1 precisamente en uno de los estados con más desaparecidas2 y que ocupa los primeros lugares de violencia contra ellas.3 Al inicio de la conferencia señaló que el capitalismo tiene distintas formas de violencia, pero que ella analiza la particularidad de la violencia sexista porque es necesario entenderla para poder combatirla. En su libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Traficantes de Sueños, 2010), probablemente el más difundido en México, la feminista italoestadounidense explica que la transición del feudalismo al capitalismo se basó en la guerra contra las mujeres a lo largo de tres siglos de la caza de brujas, periodo en el que se construyó la posición de la mujer como sirvienta de los hombres y se destruyó un universo de prácticas incompatibles con la disciplina del trabajo capitalista.

 Así, las mujeres tuvieron que depender económicamente de su pareja y se generó un intercambio de servicios sexuales: “es clásico, es sexo por dinero, te apoyo y tú me das tus servicios. Es así en la prostitución y en el matrimonio. En la relación matrimonial, la mujer está empobrecida; el pacto empieza al lamentarte de tu pobreza. Ellos dicen: ‘No te lamentes, tú sé mi sirvienta, yo te doy dinero si te conviertes en mi esclava’. Pero esa naturalización de la violencia se rompió con el movimiento feminista”.

Su pensamiento ha germinado porque su propuesta antipatriarcal y anticapitalista es provocadora, moviliza a muchas que, como Laura, comienzan a cuestionar las relaciones de dominación en su vida cotidiana. 

Silvia Federici nació en Parma, Italia, en 1942. En los años sesenta se mudó a Estados Unidos a estudiar Filosofía en la Universidad de Buffalo, y participó en cuatro movimientos que se entrelazaban: el estudiantil, el pacifista, el feminista y el que peleaba por los derechos civiles. Su feminismo es peculiar, ya que se nutre del pensamiento de la autonomía obrera italiana, del pensamiento anticolonial y de su propia experiencia en el feminismo. Con el Colectivo Feminista Internacional impulsó la campaña Wages for Housework (Salario para el Trabajo Doméstico), que rechazaba el trabajo doméstico como destino natural de las mujeres. En el libro Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas (2013) explica que pasó 40 años lidiando con el problema del trabajo reproductivo y rebelándose contra éste, al menos como estaba configurado en el capitalismo. En los años ochenta trabajó como profesora interina en la Universidad de Port Harcourt, en Nigeria, donde atestiguó la instrumentación de las políticas neoliberales y sus efectos “devastadores”, y comenzó a observar los nuevos procesos de colonización y de cercamiento de tierras en todo el mundo.  

En África también amplió su atención más allá del trabajo doméstico, a la agricultura de subsistencia, y descubrió la gran fuerza e importancia del acceso de las mujeres a la tierra por ser ésta la base material esencial para sobrevivir. Este vínculo con la tierra es lo que explica también por qué las mujeres han encabezado por años la defensa de los territorios, pues sin la tierra y sin la naturaleza no hay futuro. 

En las últimas décadas, Silvia Federici, también profesora de la Hofstra University de Nueva York, ha comenzado a usar el concepto de la política de lo común, inspirada en parte en el levantamiento zapatista en 1994, en el fracaso del modelo de lucha por el poder para construir una alternativa al capitalismo y en la historia de comunidades y pueblos que antes del capitalismo vivieron como sociedades solidarias y autoorganizadas. Lo común abarca el agua, el aire, la tierra, los servicios comunes, las lenguas, las producciones colectivas de culturas antiguas, y la inquietud es cómo construir una política de los comunes para constituir los cimientos de una economía no capitalista. Su perspectiva de los comunes, vista desde el feminismo, consiste en reconstruir lo colectivo, los tejidos sociales, la cooperación, juntar lo dividido (con el otro, con la naturaleza), como una necesidad de la nueva etapa de la guerra contra el capitalismo. Y esto implica rechazar que nuestra reproducción tenga lugar a expensas del resto de los comunes y de los bienes comunes del planeta, “que nuestro bienestar no se construya sobre el sufrimiento de los otros”. 

Tu infancia transcurrió en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo influyó eso en el pensamiento feminista y anticapitalista que desarrollaste posteriormente?

Nací en un periodo muy dramático, en abril de 1942. En enero empezaron los campos de la muerte en Alemania y yo nací en Italia, un país fascista. La primera memoria de mi vida es la memoria de la guerra, de los bombardeos, tengo imágenes de bombas que caen, memorias conectadas con los cuartos, con la oscuridad, con tratar de escapar de los bombardeos. Y también tengo imágenes de gran ansiedad, de la gente que corre. Mi infancia fue prácticamente un continuo escuchar la historia de mi familia, una historia de desastre, del terror de despertar en la noche con el cielo rojo. Mi mamá me contaba que siempre se iba a dormir con ropa, con la maleta lista para huir porque tenía dos niñas. 

¡Tanta historia! Yo crecí en Parma, ciudad con tradición antifascista: en 1922 hubo días de guerra urbana, el proletariado hizo barricadas para impedir que los fascistas entraran. Fui a la prepa en una ciudad comunista, en la región de Emilia. Todo esto ha tenido influencia en mi vida; tuve una politización instintiva, pues con mi papá se hablaba de política, de fascismo. Él era maestro de historia, hablé mucho con él de filosofía. Mi familia es antifascista, él era un liberal antifascista, crecí con todo eso, tuve un proceso de politización con él. Era anticlerical: yo llegaba de la iglesia con mi mamá y me preguntaba: “¿Qué ha dicho el cura?”, luego hacía una crítica. Entonces, tuve una politización inmediata.

En periodos de guerra, cuando se lucha por la vida, ¿por qué es común que las mujeres vayan adelante? 

Nunca reflexioné sobre esto cuando estaba chica, pero ahora puedo ver que la vida se sustentaba a través de las mujeres, porque, en el periodo en que huimos de los bombardeos, mi papá nos llevó a una granja, al campo, con unos pocos animales, y eran las manos de mujeres las que nos permitieron siempre contar con comida. En la ciudad, la comida era racionada, en el campo no. Cuando regresábamos a la ciudad, mi mamá podía contar con comida porque tenía una hermana que trabajaba en el campo. Mi mamá me recordaba que durante la guerra no sufrimos la fame (hambre), porque estaban mi tía, las mujeres de la granja, porque en el campo se podía comer. Las mujeres siguieron sembrando, y, sí, ocultando gente también. 

Parece importante que en las luchas también exista un vínculo con la tierra porque, de entrada, permite la autogestión alimentaria

Sí, sí, sí, mucho, mucho. La historia de mi infancia, mi formación cultural y política, tiene dos partes muy contrastantes: la guerra y mi relación con el campo, porque el periodo en el que mi papá decidió llevarnos al campo para escapar de los bombardeos fue una maravilla. Después de que la guerra terminó, regresé por varios años porque estaba enamorada del campo, completamente enamorada. Para mí, el campo era el opuesto de la guerra. Fíjate, era una niña de dos, tres años, y luego regresé a los seis, siete años a encontrar animales, cuando empecé a crecer me dieron la tarea de salir por la mañana a buscar los huevos; fue un momento tan mágico, impactante, igual que ver la vendemmia, cuando se cosechan las uvas, cuando todos van al campo, porque, antes de la guerra, Italia era bastante agrícola. Todo cambió con el milagro económico, la industrialización, la guerra potenció la urbanización. Este lugar, que no es distante de donde mi familia ha vivido, es mágico. ¡Las mujeres cultivaban tantas cosas! Vegetales, flores, tenían animales, un puerco, gallinas, una vaca, árboles de manzanas. 

La vida allá era ver el cielo con todas las estrellas, ver cuando desgranaban el maíz en forma muy rústica, con todas las mujeres hablando, cantando, con luz de candela, era una cosa increíble, mágica, de otro mundo. Nunca lo he olvidado. Tengo una pasión muy fuerte por el campo, por el verde, por los ríos, por las hojas. Para mí, los árboles son dioses, entonces creo que este vínculo con el campo ha sido el otro componente muy fuerte de mi política; y tengo gran recelo con la tecnología capitalista, soy muy lenta para entusiasmarme con ella. Ahora tengo 76 años y es el primer viaje en el que traigo un celular (para estar pendiente de la salud de un ser querido). Soy tecnológicamente atrasada porque pienso en el costo ambiental de todo, para mí cada primavera es una cosa mágica, ver las flores. La magia de la naturaleza nunca me ha abandonado. No he olvidado que ésa es la magia más grande que tenemos en el mundo, antes que la tecnología. Pensar que en la tierra están todos los colores, que hay una inmensa creatividad de la tierra.

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Fuente: Magis




ALAÍDE FOPPA



 

ALAÍDE FOPPA

Un feminismo sonriente. 

Homenaje póstumo a la poeta, traductora y luchadora social guatemalteca con la participación de Elena Poniatowska y Marta Lamas. 

Para celebrar la vida y obra de Alaíde Foppa, poeta, traductora y luchadora social guatemalteca, creadora del programa Foro de la Mujer transmitido por Radio UNAM entre 1976 y 1982, Cultura UNAM organizó el homenaje Alaíde entre Nosotrxs. La también crítica de arte encabezó uno de los primeros movimientos feministas en nuestro país y fundó, junto con otras compañeras suyas, la primera revista feminista mexicana: fem. Hace 40 años, en diciembre de 1980, fue desaparecida por el gobierno de Guatemala tras vivir más de 20 años exiliada en México. 

El homenaje cerró con la mesa Feminismos, en la que participaron la escritora Elena Poniatowska y la ensayista e investigadora Marta Lamas, quienes fueron amigas personales de Foppa. Condujeron la charla Sandra Lorenzano, titular de Cultura y Comunicación de la Coordinación para la Igualdad de Género de la Universidad, y Julia Antivilo, directora de la Cátedra Rosario Castellanos de Arte y Género. 

Previo a la conversación, Lorenzano leyó un fragmento de un artículo de Elena Poniatowska publicado hace algunos años en el diario La Jornada, en el que recordaba la desaparición de la poeta, el 19 de diciembre de 1980: “A partir de ese momento, Alaíde empezó a vivir dentro de nosotros, intensa, dolorosamente. La envolvimos en palabras, en meditaciones, la evocamos, la recreamos, le dimos vuelta una y otra vez, como burros de noria, con la esperanza de que nuestra insistencia la haría materializarse. Ahorita va a abrir la puerta y va a entrar. Sonará el teléfono y oiré su voz”. Desafortunadamente eso nunca ocurrió. 

La autora de La noche de Tlatelolco dijo que conoció a Foppa antes de que ella iniciara el proyecto de la revista fem., la veía con frecuencia en galerías de arte. Resaltó que el trato que tenía con los pintores siempre fue muy amable. “Nunca en su vida quiso derrotar y ganarle la partida a alguien, y menos a los jóvenes”. 

Luego Marta Lamas rememoró su primer encuentro con la poeta exiliada en México: “La vi por primera vez en 1974, en un evento preparativo del Año Internacional de la Mujer, que se denominó Tribuna y Acción para la Mujer. Alaíde era una señora bien vestida, muy suave en su trato, tenía un corazón impresionante y un gran compromiso político. Un personaje de una gran riqueza y complejidad. Muy pronto que se nos fue”, lamentó.

Poniatowska enlistó algunas de sus características y cualidades: “Hacía mucho periodismo… En su mesa se comía delicioso… Totalmente entregada, en su casa alojó temporalmente a Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Tito Monterroso y a Mario Monteforte Toledo… Tradujo al español obra de Alberto Moravia y Elsa Morante, y al italiano El libro vacío, de Josefina Vicens…Había muchas Alaíde en ella, no sólo la feminista”. 

El impacto de fem. llegó a ser muy fuerte, valoró Marta Lamas, y mencionó que toda la factura de la revista en sus primeros cinco años se hizo en la casa de Alaíde, de quien reconoció su pluralidad de intereses en la poesía, la política y en el arte. “Nunca fue una persona que causara escozor. Su feminismo era muy suave y elegante. Sin duda, es la gran pionera del feminismo”, sostuvo. 

Poniatowska refirió al final de la charla que es imposible olvidar a Alaíde y que le conmovía mucho traerla a la memoria. “Hablamos todas de ella a partir de lo tanto que la queríamos”. Y cerró con una expresión que sintetiza la semblanza de esta poeta intimista, lírica y poderosa: “El de ella era un feminismo sonriente”.

 Después de la conversación se difundió un breve video donde la nieta de la homenajeada, Mariana Lojo Solórzano, recordó a la siempre vanguardista Alaíde Foppa como una mujer que se entregó por completo a la construcción de un mundo mejor y con quien pudo compartir en sus primeros años de vida “sus bondades y manías”. Afirmó que a través de las letras e ideas de su entrañable y creativa abuela ha podido reencontrarse a sí misma. 

Poeta Vindicta

El homenaje Alaíde entre Nosotrxs incluyó la presentación del texto Material de Lectura con una selección de la poesía de Alaíde Foppa, publicación con la que se inaugura la serie Vindictas. Poetas Latinoamericanas, de Libros UNAM. “Queremos que regrese la voz de Alaíde Foppa, que esa voz grite tan potente como lo hizo en su tiempo”, comentó Gabriela Ardila, coordinadora de la serie. 

También se realizaron la lectura de algunos de sus poemas, el espectáculo de videodanza Memoria en la piel para Alaíde Foppa, y una mesa de diálogo. Fueron parte de este homenaje Libros UNAM, Danza UNAM, la Coordinación para la Igualdad de Género y las cátedras Gloria Contreras, Nelson Mandela y Rosario Castellanos. 

FUENTE: GacetaUNAM





MERCEDES OLIVERA





MERCEDES OLIVERA

Aportaciones a una genealogía feminista. La trayectoria política–intelectual de Mercedes Olivera Bustamante

Cuando Mercedes Olivera ingresó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) en 1956, la disciplina antropológica llevaba casi dos décadas ligada al proyecto de Estado–nación y, como parte del mismo, la investigación se ejercía de forma aplicada. Con el conocimiento académico se buscaba incidir en la realidad, por lo que éste representaba una especie de ingeniería social al servicio de las instituciones gubernamentales, inseparable, además, de la ideología del desarrollo. La antropología hegemónica de la época se enfocaba en aplicar soluciones técnicas a los problemas nacionales. Su problema era el indígena y su atraso histórico, y la solución encontrada fue "modernizar a los indígenas por medio de la modernización de sus culturas de comunidad" (Rus, 1977: 3).

Poco después de concluir sus estudios, una experiencia en particular le hizo cuestionar el propósito de la antropología y su labor como antropóloga. 

En un proyecto con unidades campesinas nahuas en Puebla, Mercedes fue testigo de la manera en que la combinación de una fuerte presencia cristiana y lo que ella identificaba como los usos y costumbres locales mantenían a las mujeres del pueblo en situaciones de opresión. Así lo recuerda:

Yo veía, por ejemplo, un ritual que le decían la ceremonia del petate. Veía la manera en que las mujeres se tenían que hincar ante las autoridades del pueblo y pedir perdón. Se arrastraban llorando hasta que los demás las perdonaran. Yo recuerdo haber pensado: "¿De qué tengo yo que perdonar a esta mujer?" Lo que había hecho era simplemente tener hijos antes de casarse, como era costumbre en la comunidad. El sentido de la ceremonia era reafirmar la humillación que, de acuerdo con su rol, debían tener las mujeres ante las autoridades de su familia y de la comunidad.

 Hechos como éste la llevaron a cuestionar el papel de los antropólogos, particularmente la forma en que la profesión puede avalar formas de opresión. En este caso, ella fue testigo de cómo sus colegas, desde una visión culturalista, justificaban la opresión de las mujeres nahuas con el argumento de que "así es la cultura de los indígenas".

Simultáneamente, y como parte del mismo proyecto, notó que desde la disciplina no se cuestionaban las causas de la pobreza. La perspectiva culturalista, influenciada por el funcionalismo, identificaba la marginación socioeconómica como resultado de un atraso cultural que se tenía que subsanar. En esencia, los indígenas eran pobres por ser indígenas, no debido a razones históricas y a las estructuras político–económicas que mantienen a esta población en los escalones más bajos de la sociedad. 

Sus experiencias en el trabajo de campo en Puebla le hicieron reflexionar sobre los límites de la antropología mexicana para evidenciar condiciones de opresión y explotación. Más que generar conocimientos para transformar la realidad social de los pueblos —que era su motivación personal—, la doctora Olivera observó que la disciplina servía para seguir reproduciendo las mismas condiciones de marginación. A partir de esta toma de conciencia, optó por dejar la antropología vinculada a la academia para "trabajar directamente con los campesinos para construir un cambio social". 

Apenas en los inicios de su profesión, de esta experiencia temprana se desprenden dos inquietudes que marcarían el rumbo de sus actividades como luchadora social y como intelectual. En primer lugar, un cuestionamiento sobre la utilidad de la producción del conocimiento antropológico y su impacto en la reproducción o posible desestabilización del poder. En segundo lugar, la necesidad de entender y desarticular las formas en que la explotación económica genera condiciones de opresión vinculadas a sistemas patriarcales y a la discriminación étnica. Refiriéndose al mismo proyecto en Puebla, Mercedes narra:

Después me di cuenta que los que estábamos participando en ese estudio, lo que en realidad estábamos haciendo era generar información para que una empresa alemana pudiera identificar la mano de obra adecuada para sus negocios. Fue un abuso de nuestro trabajo. Empecé a analizar la forma en que los países del centro usan, desde una visión culturalista, el conocimiento de la periferia para los intereses de los países industrializados.

Sus reflexiones estaban emparentadas con las de otros jóvenes de su generación, como Guillermo Bonfil Batalla, Rodolfo Stavenhagen, León Duran y Juan José Rendón, antropólogos que provocaron rupturas importantes con los viejos esquemas de la antropología mexicana. Cuestionaban el impacto del enfoque estructuralista y culturalista que se desarrollaba en México bajo la influencia de la academia estadounidense, sobre todo de la escuela de Harvard, en Chiapas. A partir de ahí, iniciaron una crítica sistemática al integracionismo de la política indigenista. 

Estos cuestionamientos llegaron a una confrontación directa durante el segundo Congreso Indigenista, que tuvo lugar en Pátzcuaro, Michoacán (1968). Frente a los representantes nacionales, entre ellos Alfonso Caso, los nuevos antropólogos emitieron una crítica pública. A pesar de la resistencia de los antropólogos que ocupaban puestos importantes en el poder, la postura crítica revisionista logró posicionar sus aportaciones en los debates públicos institucionales y académicos. En su caso, la búsqueda de nuevos espacios de transformación llevó a Mercedes Olivera a implementar proyectos de investigación ligados directamente a la acción social. 

CONTRIBUCIONES A LOS FEMINISMOS 

La propuesta metodológica de investigación de Mercedes Olivera está íntimamente ligada a sus proyectos como feminista. De hecho, han sido las investigaciones con mujeres indígenas las que más han impactado su forma de acercarse a la producción de conocimientos. Desde 1980, ha trabajado en múltiples espacios con mujeres chiapanecas y centroamericanas, particularmente con refugiadas guatemaltecas, con niños y mujeres en Nicaragua y El Salvador, y en los Altos y la zona norte de Chiapas.

En cada uno de estos trabajos su enfoque político se ha orientado a fomentar la autodeterminación de las mujeres partiendo, sobre todo, de los espacios íntimos, "para facilitarles su proyección hacia los espacios públicos que hay y que tendrían que transformar para alcanzar sus autodeterminaciones individuales y colectivas". Mercedes explica que sus estrategias han sido múltiples y han combinado la sensibilización, la construcción de espacios propios, la formación de conciencia individual y colectiva, y la creación de procesos organizativos para el ejercicio y defensa de sus derechos.

Ella considera su experiencia de trabajo más integral y profunda la colaboración con la organización de refugiadas guatemaltecas en el exilio Mamá Maquín. En ese entonces, trabajaba con la organización no gubernamental (ONG) Centro de Información y Análisis para la Mujer Centroamericana (CIAM), que había sido contratada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La organización se dedicaba a implementar trabajos de investigación–acción para concretar y desarrollar las capacidades de liderazgo de las propias mujeres. Sin embargo, cuando ellas asumieron su papel, empezaron a cuestionar la perspectiva feminista de las investigadoras y sus actitudes paternalistas. Mercedes recuerda que después ellas tomaron sus propias decisiones y dejaron a las mujeres de CIAM al margen. Las acusaron de imponer su agenda como ONG y no como académicas: 

Fueron choques muy violentos que nos movieron el piso a nivel personal y nos forzaron a reflexionar sobre nuestro eurocentrismo y nuestro racismo internalizados. Esas experiencias nos obligaron a transformar nuestras agendas políticas como feministas y repensar en cómo se desarrollan investigaciones colaborativas.

La ruptura se transformó en nuevas relaciones de colaboración en las que CIAM fue contratada por las dirigentes de Mamá Maquín para trabajar con las refugiadas guatemaltecas, concretamente en la elaboración de estrategias de participación en el proyecto de retorno a sus comunidades, que controlaban los varones integrantes de las "Comisiones Permanentes". En el trabajo conjunto se logró la participación de las mujeres en negociaciones con el gobierno de Guatemala y en la gestión sobre el derecho de las mujeres a la tierra en los nuevos asentamientos de retornados. Las mujeres refugiadas obligaron a Mercedes y a sus colegas a enfrentar las relaciones desiguales de poder que existen entre mujeres debido a sus condiciones de clase, raza o etnia, y a sus experiencias históricas. 

La vivencia le enseñó que para elaborar una agenda feminista hay que trabajar simultáneamente contra el racismo y el clasismo que prevalecen en nuestra sociedad, incluyendo las relaciones entre mujeres en la elaboración de proyectos. En los últimos años, a raíz del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, la inquietud por ubicar la construcción de las diferencias marcadas por la clase, el género y la etnia desde un planteamiento materialista ha sido uno de los elementos más sobresalientes en sus publicaciones sobre Chiapas. Por ejemplo, en la compilación De sumisiones, cambios y rebeldías: mujeres indígenas de Chiapas (2004), la doctora Olivera utiliza un marco feminista neo–marxista para situar, a lo largo de la historia de México, desde la época prehispánica hasta el presente, las relaciones de exclusión de género, y a partir de la colonia, los cambios acontecidos en el sexismo y el racismo en el estado de Chiapas.

La inquietud por identificar proyectos políticos en común que parten de las diferencias entre mujeres la ha llevado a preguntarse sobre la construcción de los diferentes feminismos. Esto ha generado críticas severas a lo que ella define como un feminismo radical que intenta imponer una agenda o establecer calificativos sobre si un movimiento o un grupo de mujeres es o no feminista. Al respecto, Mercedes escribe:

Nuestro discurso se enriquecería si desarrolláramos la capacidad de aceptar la heterogeneidad del desarrollo social, la diversidad de ritmos de cambio y la variedad de culturas existentes en el país; si tomáramos en cuenta los diferentes modos y grados de subordinación en que vivimos las mujeres; la posición subalterna de las culturas indígenas y los modelos de subordinación genérica que se padecen en Chiapas, así como la inmensa dificultad para transformarlos (Olivera, s.f.).

Extracto del artículo, para leer el texto completo vaya a la dirección de la fuente. 

Fuente: Scielo




ANTONIA BRICO


 

ANTONIA BRICO

Brico es un ejemplo de superación y perseverancia. Durante numerosas décadas del siglo XX luchó incansablemente para hacerse un lugar entre los grandes de la música clásica, pero su destreza como directora chocó siempre con su condición femenina. La prensa, los altos cargos de varias orquestas y sobre todo la marginación social y laboral de las mujeres propia de la sociedad que la vio crecer van denegar el reconocimiento que merecía.

De sus padres biológicos se sabe más bien poco. Fue adoptada por el señor y la señora Wolthuis, que la rebautizaron por Wilhelmina Wolthuis. Emigraron en 1907 hacia los Estados Unidos, en la ciudad de Los Ángeles. Allí, una joven Antonia (Wilhelmina) comenzó a recibir clases de piano.

En 1919 se graduó en el Instituto de educación secundaria, y supo por primera vez que era una chica adoptada. Se fue de casa, y se olvidó de sus padres adoptivos para siempre.

Estudió en la  Universidad de Califonia en Berkele artes liberales. Terminó la carrera con matrícula 1923, Paul Steindorff, pianista y director, que se convirtió en su primer mentor musical. Sus aspiraciones pasaban por la enseñanza y la dirección de orquesta, pero apenas pudo acceder a la primera; en la época, la dirección no era un trabajo para mujeres. 

Empezó a reclamar  su nombre original (Antonia Brico), emigró a Nueva York, para estudiar piano con uno de los pianistas más influyentes del momento, Sigismond Stokowski. Lo hizo durante dos años. Finalmente, en 1926 se trasladaría a Hamburgo, dejando atrás una América de adolescencia y de poco de reconocimiento personal y profesional. 

En 1926, Antonia Brico viajó a Hamburgo, donde Karl Muck (que había sido director de la Boston Symphony Orchestra ) dirigía la Filarmónica de la ciudad. Armada con una carta de presentación, logró que Muck, uno de los directores de orquesta más aclamados del momento, se convierte en su mentor musical. Brico fue una de las muy pocas alumnas que Karl Muck tuvo nunca (estudió con él durante cuatro años), y además hacerle de asistenta, por lo que su aprendizaje fue continuo. Completó la formación europea asistiendo a las clases de dirección que se ofrecían en la Berlin State Acadamy of Music, y se convirtió en la primera graduada americana de la historia en 1927.

En 1930, con 28 años, Antonia Brico debutaba como directora, y no lo hacía con una batuta cualquiera: dirigió la Filarmónica de Berlín , y se convirtió así en la primera mujer que lo hacía. La crítica del concierto fue extraordinariamente buena. El Allgemeine Zeitung dijo de ella: « Miss Brico ha demostrado dotes sorprendentes e inequívocos como directora. Es más hábil, más lista y más musical que muchos de sus colegas masculinos que nos aburren aquí en Berlín »

A pesar de las buenas críticas de Berlín, Brico no disfrutó de la misma aceptación en América natal, donde había vuelto buscando un trabajo estable como directora titular de orquesta. Dirigió la San Francisco Symphony Orchestra y la de Los Ángeles, pero sólo como directora invitada. En las pruebas que hizo para ser residente en la segunda, fue rechazada. Es así como, durante el período de 1930-1932, Brico volvió a aventurarse en Europa, donde su talento era mejor considerado. Hizo una gira con varias orquestas de Polonia, Alemania y los Balcanes, pero en 1932 volvió a los EE.UU. 

En 1933 Brico debutaba como directora de orquesta en la ciudad de Nueva York, donde se había establecido. Lo hacía ante la Musicians ‘Symphony Orchestra (una de las orquestas americanas más prestigiosas del momento) en el Metropolitan Opera House . Las críticas fueron extremadamente buenas. The Pictorial Review decía: «With only three Rehearsals Miss Brico made that orchestra play as it had never played before.

Se programó un segundo concierto, y hasta un tercero; éste, sin embargo, no se realizó. El tenor solista, John Charles Thomas, rehusó de actuar por razones obvias: una mujer directora le robaría todo el protagonismo.

Fundó la Orquesta Sinfónica de Mujeres de Nueva York  Siempre teniendo en cuenta la posición social de la mujer en la época y las repercusiones que ello tenía sobre sus aspiraciones laborales y profesionales, 

La imposibilidad laboral y social que sufrían las mujeres. Una condición femenina completamente banalizada y ahogada. Antonia Brico nos ejemplifica esta falta de interés en lo liderado y protagonizado por la mujer, en una primera mitad del siglo XX donde se suceden las producciones culturales que debemos a artistas de género femenino. Brico no pudo disfrutar de la plenitud de su carrera como directora, para que se le negó el acceso al circuito musical de la época: a pesar de haber dirigido con éxito las mejores orquestas del mundo, continuaba sin el reconocimiento profesional que brindaba el hecho de ser residente en una de ellas. 

Fuente: paraquetuveas




CLARA ZETKIN

  CLARA ZETKIN Pionera del movimiento de mujeres socialistas.  La periodista, oradora, maestra, revolucionaria y fundadora de la Segunda...