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SILVIA FEDERICI



 SILVIA FEDERICI

 Nacida en la Italia fascista, la escritora, profesora y activista dice de sí misma que fue “feminista antes de tiempo”. Al tiempo que es una de las figuras más relevantes en el desarrollo del feminismo de las últimas décadas, Federici también es una pensadora cuyos cuestionamientos radicales al Estado capitalista alientan a replantearse a fondo cómo estamos habitando el mundo y hacia qué desastre nos encaminaríamos de seguir así. 

Silvia Federici centró su charla del 2 de marzo en la guerra contra las mujeres y las nuevas formas de acumulación capitalista,1 precisamente en uno de los estados con más desaparecidas2 y que ocupa los primeros lugares de violencia contra ellas.3 Al inicio de la conferencia señaló que el capitalismo tiene distintas formas de violencia, pero que ella analiza la particularidad de la violencia sexista porque es necesario entenderla para poder combatirla. En su libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Traficantes de Sueños, 2010), probablemente el más difundido en México, la feminista italoestadounidense explica que la transición del feudalismo al capitalismo se basó en la guerra contra las mujeres a lo largo de tres siglos de la caza de brujas, periodo en el que se construyó la posición de la mujer como sirvienta de los hombres y se destruyó un universo de prácticas incompatibles con la disciplina del trabajo capitalista.

 Así, las mujeres tuvieron que depender económicamente de su pareja y se generó un intercambio de servicios sexuales: “es clásico, es sexo por dinero, te apoyo y tú me das tus servicios. Es así en la prostitución y en el matrimonio. En la relación matrimonial, la mujer está empobrecida; el pacto empieza al lamentarte de tu pobreza. Ellos dicen: ‘No te lamentes, tú sé mi sirvienta, yo te doy dinero si te conviertes en mi esclava’. Pero esa naturalización de la violencia se rompió con el movimiento feminista”.

Su pensamiento ha germinado porque su propuesta antipatriarcal y anticapitalista es provocadora, moviliza a muchas que, como Laura, comienzan a cuestionar las relaciones de dominación en su vida cotidiana. 

Silvia Federici nació en Parma, Italia, en 1942. En los años sesenta se mudó a Estados Unidos a estudiar Filosofía en la Universidad de Buffalo, y participó en cuatro movimientos que se entrelazaban: el estudiantil, el pacifista, el feminista y el que peleaba por los derechos civiles. Su feminismo es peculiar, ya que se nutre del pensamiento de la autonomía obrera italiana, del pensamiento anticolonial y de su propia experiencia en el feminismo. Con el Colectivo Feminista Internacional impulsó la campaña Wages for Housework (Salario para el Trabajo Doméstico), que rechazaba el trabajo doméstico como destino natural de las mujeres. En el libro Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas (2013) explica que pasó 40 años lidiando con el problema del trabajo reproductivo y rebelándose contra éste, al menos como estaba configurado en el capitalismo. En los años ochenta trabajó como profesora interina en la Universidad de Port Harcourt, en Nigeria, donde atestiguó la instrumentación de las políticas neoliberales y sus efectos “devastadores”, y comenzó a observar los nuevos procesos de colonización y de cercamiento de tierras en todo el mundo.  

En África también amplió su atención más allá del trabajo doméstico, a la agricultura de subsistencia, y descubrió la gran fuerza e importancia del acceso de las mujeres a la tierra por ser ésta la base material esencial para sobrevivir. Este vínculo con la tierra es lo que explica también por qué las mujeres han encabezado por años la defensa de los territorios, pues sin la tierra y sin la naturaleza no hay futuro. 

En las últimas décadas, Silvia Federici, también profesora de la Hofstra University de Nueva York, ha comenzado a usar el concepto de la política de lo común, inspirada en parte en el levantamiento zapatista en 1994, en el fracaso del modelo de lucha por el poder para construir una alternativa al capitalismo y en la historia de comunidades y pueblos que antes del capitalismo vivieron como sociedades solidarias y autoorganizadas. Lo común abarca el agua, el aire, la tierra, los servicios comunes, las lenguas, las producciones colectivas de culturas antiguas, y la inquietud es cómo construir una política de los comunes para constituir los cimientos de una economía no capitalista. Su perspectiva de los comunes, vista desde el feminismo, consiste en reconstruir lo colectivo, los tejidos sociales, la cooperación, juntar lo dividido (con el otro, con la naturaleza), como una necesidad de la nueva etapa de la guerra contra el capitalismo. Y esto implica rechazar que nuestra reproducción tenga lugar a expensas del resto de los comunes y de los bienes comunes del planeta, “que nuestro bienestar no se construya sobre el sufrimiento de los otros”. 

Tu infancia transcurrió en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo influyó eso en el pensamiento feminista y anticapitalista que desarrollaste posteriormente?

Nací en un periodo muy dramático, en abril de 1942. En enero empezaron los campos de la muerte en Alemania y yo nací en Italia, un país fascista. La primera memoria de mi vida es la memoria de la guerra, de los bombardeos, tengo imágenes de bombas que caen, memorias conectadas con los cuartos, con la oscuridad, con tratar de escapar de los bombardeos. Y también tengo imágenes de gran ansiedad, de la gente que corre. Mi infancia fue prácticamente un continuo escuchar la historia de mi familia, una historia de desastre, del terror de despertar en la noche con el cielo rojo. Mi mamá me contaba que siempre se iba a dormir con ropa, con la maleta lista para huir porque tenía dos niñas. 

¡Tanta historia! Yo crecí en Parma, ciudad con tradición antifascista: en 1922 hubo días de guerra urbana, el proletariado hizo barricadas para impedir que los fascistas entraran. Fui a la prepa en una ciudad comunista, en la región de Emilia. Todo esto ha tenido influencia en mi vida; tuve una politización instintiva, pues con mi papá se hablaba de política, de fascismo. Él era maestro de historia, hablé mucho con él de filosofía. Mi familia es antifascista, él era un liberal antifascista, crecí con todo eso, tuve un proceso de politización con él. Era anticlerical: yo llegaba de la iglesia con mi mamá y me preguntaba: “¿Qué ha dicho el cura?”, luego hacía una crítica. Entonces, tuve una politización inmediata.

En periodos de guerra, cuando se lucha por la vida, ¿por qué es común que las mujeres vayan adelante? 

Nunca reflexioné sobre esto cuando estaba chica, pero ahora puedo ver que la vida se sustentaba a través de las mujeres, porque, en el periodo en que huimos de los bombardeos, mi papá nos llevó a una granja, al campo, con unos pocos animales, y eran las manos de mujeres las que nos permitieron siempre contar con comida. En la ciudad, la comida era racionada, en el campo no. Cuando regresábamos a la ciudad, mi mamá podía contar con comida porque tenía una hermana que trabajaba en el campo. Mi mamá me recordaba que durante la guerra no sufrimos la fame (hambre), porque estaban mi tía, las mujeres de la granja, porque en el campo se podía comer. Las mujeres siguieron sembrando, y, sí, ocultando gente también. 

Parece importante que en las luchas también exista un vínculo con la tierra porque, de entrada, permite la autogestión alimentaria

Sí, sí, sí, mucho, mucho. La historia de mi infancia, mi formación cultural y política, tiene dos partes muy contrastantes: la guerra y mi relación con el campo, porque el periodo en el que mi papá decidió llevarnos al campo para escapar de los bombardeos fue una maravilla. Después de que la guerra terminó, regresé por varios años porque estaba enamorada del campo, completamente enamorada. Para mí, el campo era el opuesto de la guerra. Fíjate, era una niña de dos, tres años, y luego regresé a los seis, siete años a encontrar animales, cuando empecé a crecer me dieron la tarea de salir por la mañana a buscar los huevos; fue un momento tan mágico, impactante, igual que ver la vendemmia, cuando se cosechan las uvas, cuando todos van al campo, porque, antes de la guerra, Italia era bastante agrícola. Todo cambió con el milagro económico, la industrialización, la guerra potenció la urbanización. Este lugar, que no es distante de donde mi familia ha vivido, es mágico. ¡Las mujeres cultivaban tantas cosas! Vegetales, flores, tenían animales, un puerco, gallinas, una vaca, árboles de manzanas. 

La vida allá era ver el cielo con todas las estrellas, ver cuando desgranaban el maíz en forma muy rústica, con todas las mujeres hablando, cantando, con luz de candela, era una cosa increíble, mágica, de otro mundo. Nunca lo he olvidado. Tengo una pasión muy fuerte por el campo, por el verde, por los ríos, por las hojas. Para mí, los árboles son dioses, entonces creo que este vínculo con el campo ha sido el otro componente muy fuerte de mi política; y tengo gran recelo con la tecnología capitalista, soy muy lenta para entusiasmarme con ella. Ahora tengo 76 años y es el primer viaje en el que traigo un celular (para estar pendiente de la salud de un ser querido). Soy tecnológicamente atrasada porque pienso en el costo ambiental de todo, para mí cada primavera es una cosa mágica, ver las flores. La magia de la naturaleza nunca me ha abandonado. No he olvidado que ésa es la magia más grande que tenemos en el mundo, antes que la tecnología. Pensar que en la tierra están todos los colores, que hay una inmensa creatividad de la tierra.

Ver artículo completo en: 

Fuente: Magis




ALAÍDE FOPPA



 

ALAÍDE FOPPA

Un feminismo sonriente. 

Homenaje póstumo a la poeta, traductora y luchadora social guatemalteca con la participación de Elena Poniatowska y Marta Lamas. 

Para celebrar la vida y obra de Alaíde Foppa, poeta, traductora y luchadora social guatemalteca, creadora del programa Foro de la Mujer transmitido por Radio UNAM entre 1976 y 1982, Cultura UNAM organizó el homenaje Alaíde entre Nosotrxs. La también crítica de arte encabezó uno de los primeros movimientos feministas en nuestro país y fundó, junto con otras compañeras suyas, la primera revista feminista mexicana: fem. Hace 40 años, en diciembre de 1980, fue desaparecida por el gobierno de Guatemala tras vivir más de 20 años exiliada en México. 

El homenaje cerró con la mesa Feminismos, en la que participaron la escritora Elena Poniatowska y la ensayista e investigadora Marta Lamas, quienes fueron amigas personales de Foppa. Condujeron la charla Sandra Lorenzano, titular de Cultura y Comunicación de la Coordinación para la Igualdad de Género de la Universidad, y Julia Antivilo, directora de la Cátedra Rosario Castellanos de Arte y Género. 

Previo a la conversación, Lorenzano leyó un fragmento de un artículo de Elena Poniatowska publicado hace algunos años en el diario La Jornada, en el que recordaba la desaparición de la poeta, el 19 de diciembre de 1980: “A partir de ese momento, Alaíde empezó a vivir dentro de nosotros, intensa, dolorosamente. La envolvimos en palabras, en meditaciones, la evocamos, la recreamos, le dimos vuelta una y otra vez, como burros de noria, con la esperanza de que nuestra insistencia la haría materializarse. Ahorita va a abrir la puerta y va a entrar. Sonará el teléfono y oiré su voz”. Desafortunadamente eso nunca ocurrió. 

La autora de La noche de Tlatelolco dijo que conoció a Foppa antes de que ella iniciara el proyecto de la revista fem., la veía con frecuencia en galerías de arte. Resaltó que el trato que tenía con los pintores siempre fue muy amable. “Nunca en su vida quiso derrotar y ganarle la partida a alguien, y menos a los jóvenes”. 

Luego Marta Lamas rememoró su primer encuentro con la poeta exiliada en México: “La vi por primera vez en 1974, en un evento preparativo del Año Internacional de la Mujer, que se denominó Tribuna y Acción para la Mujer. Alaíde era una señora bien vestida, muy suave en su trato, tenía un corazón impresionante y un gran compromiso político. Un personaje de una gran riqueza y complejidad. Muy pronto que se nos fue”, lamentó.

Poniatowska enlistó algunas de sus características y cualidades: “Hacía mucho periodismo… En su mesa se comía delicioso… Totalmente entregada, en su casa alojó temporalmente a Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Tito Monterroso y a Mario Monteforte Toledo… Tradujo al español obra de Alberto Moravia y Elsa Morante, y al italiano El libro vacío, de Josefina Vicens…Había muchas Alaíde en ella, no sólo la feminista”. 

El impacto de fem. llegó a ser muy fuerte, valoró Marta Lamas, y mencionó que toda la factura de la revista en sus primeros cinco años se hizo en la casa de Alaíde, de quien reconoció su pluralidad de intereses en la poesía, la política y en el arte. “Nunca fue una persona que causara escozor. Su feminismo era muy suave y elegante. Sin duda, es la gran pionera del feminismo”, sostuvo. 

Poniatowska refirió al final de la charla que es imposible olvidar a Alaíde y que le conmovía mucho traerla a la memoria. “Hablamos todas de ella a partir de lo tanto que la queríamos”. Y cerró con una expresión que sintetiza la semblanza de esta poeta intimista, lírica y poderosa: “El de ella era un feminismo sonriente”.

 Después de la conversación se difundió un breve video donde la nieta de la homenajeada, Mariana Lojo Solórzano, recordó a la siempre vanguardista Alaíde Foppa como una mujer que se entregó por completo a la construcción de un mundo mejor y con quien pudo compartir en sus primeros años de vida “sus bondades y manías”. Afirmó que a través de las letras e ideas de su entrañable y creativa abuela ha podido reencontrarse a sí misma. 

Poeta Vindicta

El homenaje Alaíde entre Nosotrxs incluyó la presentación del texto Material de Lectura con una selección de la poesía de Alaíde Foppa, publicación con la que se inaugura la serie Vindictas. Poetas Latinoamericanas, de Libros UNAM. “Queremos que regrese la voz de Alaíde Foppa, que esa voz grite tan potente como lo hizo en su tiempo”, comentó Gabriela Ardila, coordinadora de la serie. 

También se realizaron la lectura de algunos de sus poemas, el espectáculo de videodanza Memoria en la piel para Alaíde Foppa, y una mesa de diálogo. Fueron parte de este homenaje Libros UNAM, Danza UNAM, la Coordinación para la Igualdad de Género y las cátedras Gloria Contreras, Nelson Mandela y Rosario Castellanos. 

FUENTE: GacetaUNAM





CARME KARR I ALFONSETTI


 

CARME KARR I ALFONSETTI

 LA REVISTA FEMINAL: PARADIGMA DE LAS PUBLICACIONES FEMINISTAS ESPAÑOLAS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX 

La revista Feminal surgió en un momento y lugar geográfico donde era necesaria una publicación que fuera reflejo del pensamiento cultural de una época pero con un punto de vista diferente, con el marginado hasta entonces de la cultura, con el punto de vista femenino. La creación de Feminal se debió al proyecto personal de Carme Karr quien aunó en un mismo medio la reivindicación de la cultura catalana y la de los derechos de la mujer; surgiendo en 1907, en Barcelona, como suplemento del periódico la Il·lustració Catalana y permaneciendo en las tiradas de imprenta durante diez años, momento en que desapareció debido a la crisis producida por la Primera Guerra Mundial. 

Como la propia Karr enuncia en el primer número de la revista, su objetivo es producir una revista «destinada especialmente a la cultura de la mujer . Por ello, cualquier manifestación social, literaria, científica y artística realizada por una mujer tenía cabida en esta publicación mensual y en el terreno musical no sólo se comentaba la carrera profesional de diversas instrumentistas, cantantes y compositoras, sino que también se incluía una pieza musical en muchos de sus números . El repertorio musical publicado en Feminal pertenece al género de salón y es heredero de un conjunto de cambios que se dieron en las décadas precedentes en Cataluña, ya que la situación en el resto de España era diferente. 

El ascenso de la burguesía barcelonesa en el último tercio del siglo XIX, produjo una demanda de música pra este género y el reformismo político provocó que el arte catalán tuviera una mayor influencia europea. Asimismo, el aumento del interés por la recuperación de la cultura catalana, el florecimiento de la poesía catalana y el ideario de Felipe Pedrell sobre la canción lírica que conjugó sabia popular, romanticismo y europeísmo, ayudaron a los compositores catalanes a tomar consciencia de la trascendencia de la cançó catalana en el proceso de identificación nacional. 

Feminal fue el proyecto personal de Carme Karr i Alfonsetti, escritora y colaboradora de varios periódicos como Joventut y L’Avenç, interés que compartía con su tío Alphonse Karr, prestigioso director del diario parisino Le Figaro. Lluís Via i Pagès, director literario de Joventut y fiel admirador de Karr, fue la persona que la vinculaba a las dos publicaciones y también fue quien le presentó a Francesc Matheu, director del periódico Il·lustració Catalana. Éste último fue quien recomendó a Karr que en lugar de crear una revista sólo para mujeres, utilizase un periódico ya establecido e hiciera un suplemento en él, consejo que siguió Carme Karr y a través de su periódico creó la revista Feminal; publicación mensual que comenzó su existencia en 1907 y finalizó en 1917 debido al encarecimiento del papel por la segunda guerra mundial. 

Carme Karr aunó dos de sus grandes de deseos en la revista: la reivindicación de la cultura catalana y la de los derechos de las mujeres. Sobre el primero de los deseos se interesó por cualquier manifestación cultural que se centrase en la región catalana, incluida la lengua, motivo por el cual toda la revista está escrita en catalán. Sobre el segundo de los deseos, a lo largo de la publicación se aprecia una gran participación del sector femenino en cualquier campo relacionado con la cultura; escribiendo Karr lo siguiente: Que vengan (…) a nosotras todas las mujeres: las escritoras, las poetisas, pedagogas; las pintoras, dibujantes, músicas, las artistas, las sociólogas, las pacifistas, las estudiantes. Que vengan también las artesanas; que vengan sin timidez todas aquellas que aspiren a ser algo. O a producir cualquier obra social, artística, literaria, industrial, científica, etc., y traigan su pequeño grano de arena.  

El pensamiento ideológico en la revista Feminal El pensamiento ideológico que Carme Karr plasmó en Feminal está estructurado en torno a tres ejes: la educación, la profesionalización de la mujer y la reivindicación del derecho al voto. En relación al primero de ellos, la educación, Carme Karr enuncia que el objetivo de la revista es la cultura de la mujer. La autora no entra en la discusión de si las mujeres son menos inteligentes que los hombres, según sus propias palabras: «A la mayoría de las mujeres catalanas de hoy no les falta inteligencia, pero son en cambio de una gran ignorancia y esta ignorancia las esclaviza y las hace (…) envidiosas». En los artículos denominados Consideraciones, Carme Karr entra de lleno en el tema de la ignorancia, analizando las causas que la provocan y ofreciendo alternativas. 

Este punto ya había sido tratado por algunas de sus predecesoras, como Dolors Monserdà, que tenían una postura contraria hacia las teorías científicas que atribuían a las mujeres una menor capacidad intelectual que la de los hombres. Según la directora de Feminal, algunas de las causas que provocan esta ignorancia son las enseñanzas en los internados religiosos, donde no existe higiene, no se realiza ejercicio físico, los profesores tienen poca preparación y las niñas terminan sus estudios con 15 años. Después de los 15 años, estas niñas continúan su preparación con institutrices poco preparadas, hasta que se casan. Otro de los motivos de la deficiente educación femenina es debido a los padres, ni el padre practica su paternidad ni la madre su maternidad. Según Karr, «los padres son los culpables de este estado moral e intelectual de sus hijas, por esta confianza refinada, esta indiferencia con que han dejado que se eduquen en nuestras instituciones, tan deficientes». 

Sobre el último aspecto ideológico que se estudia en la revista, la reivindicación del derecho al voto, puede observarse como Carme Karr en prácticamente toda la revista centra su interés en aumentar la cultura de la mujer pero no en pedir el voto femenino al opinar que antes de que la mujer pudiera votar necesitaba aumentar su cultura ya que, en caso contrario, su voto no era útil. Sin embargo, en el último año de publicación de la revista, puede apreciarse como cambia su opinión sobre este tema y denuncia que la mujer no pueda votar o ser elegida para defender sus intereses, es posible que sea debido por el escaso interés que los dirigentes prestaban a las reivindicaciones feministas de la autora: 

¡El voto de la mujer! 

¡Por qué caminos de sangre, de duelo y de sacrificios habremos de conseguir

este derecho que se nos debía desde la primera legislación que se hizo en la

tierra! (…) 

¿No es la mujer contribuyente del Estado en iguales condiciones que el

hombre? ¿Existe para ella rebaja especial (por ser mujer y no tener derecho al

voto) en las tarifas de cualquier clase? (…) 

¿Por qué no podría, pues, ser elegida la mujer para defender en las

Corporaciones municipales, provinciales, en el Congreso, en las Cortes, aquellos

intereses femeninos que forman una parte integrante de la nación? (…) Ya he

 citado Suecia y Noruega; podría hacerlo también con Finlandia y Dinamarca,

 así como con algunos Estados de EEUU, en que el voto de la mujer es más que beneficioso. (…) 

Va llegando la hora de la justicia en nuestros derechos, y el futuro

demostrará a los hombres que necesitan a la mujer para conseguir aquella

forma de gobierno ideal soñada por Platón en su República, es decir:

el gobierno de los buenos por los mejores1 

Leer artículo completo en: 

Fuente: La revista Feminal





MARY WOLLSTONECRAFT


 

MARY WOLLSTONECRAFT

la primera feminista 

Su vida ajena a las convenciones causó escándalo y silenció durante mucho tiempo sus libros, hoy básicos en la reivindicación de los derechos de la mujer. 

En una época en la que el campo de juego estaba más que limitado para las mujeres, Mary Wollstonecraft buscó desde muy pronto crear sus propias reglas. Nacida en 1759 en Spitalfields (hoy un barrio de Londres), a su condición femenina, que la dejaba fuera de cualquier formación intelectual, se sumó un padre tirano y derrochador que dilapidó la herencia que hubiera podido corresponder a sus hijos.

Wollstonecraft tuvo que buscar desde muy joven trabajos como cuidadora o institutriz. Ahí conoció los libros que se publicaban en aquellos años destinados a que las niñas aprendieran lo, más bien poco, que se esperaba de ellas. Eso la llevó a escribir sus primeros libros, literatura infantil y manuales de conducta en los que, tímidamente, comenzaba a asomar su pensamiento liberal. 

En 1787, después del impacto que le supuso la pérdida de su gran amiga Fanny Blood, fallecida durante el parto, tomó una arriesgada decisión: convertirse en escritora profesional. Algo que, si ya era complicado para un hombre, para una mujer era poco menos que una utopía. 

Consiguió trabajo en la editorial del liberal Joseph Johnson, y allí tradujo varias de las obras que estaban sembrando la polémica en Europa, nacidas de la conmoción que traería consigo la Revolución Francesa. De hecho, consiguió una gran repercusión cuando escribió Vindicación de los derechos del hombre (1790) para responder a la visión crítica con lo que ocurría en Francia defendida por Edmund Burke.  

Pero eso no fue nada comparado con lo que supuso Vindicación de los derechos de la mujer (1792), donde defendía que si la mujer era más débil o menos hábil para los asuntos públicos, no se debía a ninguna inferioridad congénita, sino a que simplemente no se le permitía acceder a la educación en igualdad de condiciones que los hombres. Algo que, afirmaba, sólo se evitaría con la implantación de la educación mixta. Para ella, el matrimonio era un mero contrato de compra por parte del hombre, pues en ningún caso existía una relación de igualdad entre las dos partes. 

Si sus opiniones levantaban escándalo, su comportamiento vital, liberado de cualquier convencionalismo, no le iba a la zaga: fascinada por el artista Henry Fuseli, llegó a proponerle a él y a su mujer una relación abierta en la que los tres convivieran bajo el mismo techo, lo que fue rechazado por el matrimonio. 

Quizá fue ese desengaño el que le hizo tomar la sorprendente decisión de viajar sola a Francia en 1792, justo cuando la Revolución se radicalizaba y se dirigía hacia el Terror. Allí se unió a los ingleses expatriados que seguían defendiendo la causa, y fue testigo del ajusticiamiento del rey, algo que la impresionó profundamente. Cuando Inglaterra declaró la guerra a Francia, el Gobierno jacobino prohibió la salida de cualquier extranjero; Wollstonecraft, cercana a los girondinos, vio cómo su situación peligraba por momentos.

Entonces conoció a Gilbert Imlay, un aventurero norteamericano con el que vivió una apasionada relación. Con él tuvo a su primera hija, Fanny Imlay; para protegerla, inscribió a Mary como su mujer ante la embajada estadounidense. Pero la relación terminó, y para cuando Wollstonecraft regresó en 1795, una profunda depresión la llevó a intentar suicidarse dos veces. 

Para intentar superarla, se trasladó con su hija a Escandinavia, donde se ocupó de varios negocios de Imlay. Fruto de esa estancia, escribió Cartas de una breve estancia en Suecia, Noruega y Dinamarca, donde mezclaba el impacto que le produjeron la naturaleza y la sociedad nórdica con los sufrimientos de su relación con Imlay. 

A su vuelta a Londres, Wollstonecraft comenzó una relación con William Godwin, un filósofo precursor del anarquismo, que había quedado prendado de ella al leer las Cartas. Ella se quedó embarazada y decidieron casarse para proteger al futuro bebé, aunque cuando la sociedad descubrió que no estaba casada con Imlay se produjo un escándalo. Ella y Godwin se instalaron en viviendas adyacentes para mantener la independencia de cada uno, y llegaron a comunicarse por carta.  

Parecía que Wollstonecraft por fin había encontrado la estabilidad, pero fue un espejismo. El 30 de agosto de 1797 dio a luz a su segunda hija, Mary, la futura autora de Frankenstein con el nombre de Mary Shelley. Las complicaciones del parto la llevaron a la muerte poco después, el 10 de septiembre. Arrasado por la pena, Godwin pretendió homenajearla publicando poco después una biografía que exponía sin tapujos todas sus vicisitudes personales e intelectuales. 

Para su sorpresa, la reacción fue una polémica sin precedentes, y durante décadas fueron los azares de su vida lo único que se recordó de Wollstonecraft: toda su obra quedó eclipsada por el escándalo. No fue hasta que figuras como Virginia Woolf y el movimiento feminista la redescubrieron que se convirtió en la pionera defensora de los derechos de la mujer que es hoy. 

Fuente: El español





ROSARIO CASTELLANOS


 

ROSARIO CASTELLANOS o el feminismo a la mexicana 

Castellanos es considerada una figura importante del feminismo latinoamericano, problemática que abordó de manera pionera en México. 

Aproximadamente tres años antes de que tras una ardua y larga lucha feminista se reconociera en 1953 en México el derecho de la mujer al voto, una joven y desafiante Rosario Castellanos obtenía su título de maestría con un trabajo intitulado Sobre cultura femenina (1950), un texto que tiene como detonante la cuestión ¿Existe una cultura femenina? La interrogante busca reflexionar sobre qué lugar ocupan las aportaciones de la mujer en la cultura, así como pensar por qué las mujeres históricamente han tenido un lugar marginal en el ámbito cultural. 

En este texto, que muestra a una Rosario Castellanos inquieta por combatir las conjeturas sobre la supuesta inferioridad de la mujer, debate ideas como la “miopía intelectual” de las mujeres y su destino al haber “sido creadas únicamente para la propagación de la especie”, argumentos ofrecidos por el filósofo Arthur Schopenhauer y que son analizados por Castellanos.

Asimismo, Castellanos muestra cómo para el filósofo Georg Simmel “la gran hazaña cultural de la mujer es el hogar”, pues la coloca como un eslabón en la transmisión de la cultura. Para Simmel el hombre es un ser activo y expansivo; mientras que la mujer se halla “por naturaleza” concentrada en sí misma y en su propia intimidad. 

“Muchos autores han querido hacer de la mujer una especie de poder tras el trono o de diablo tras la cruz, y de la cultura una especie de enfermedad que, como la hemofilia, las mujeres no padecen, pero trasmiten”, señala Castellanos sobre estos argumentos, los cuales, según la propia literata, indican que las mujeres cultas o creadoras de cultura no son más que un espejismo, una alucinación o una pesadilla morbosa. 

En su texto contextualiza lo que representa el mundo de la cultura para una mujer y sus intentos de ingresar en él, y dice: “Si planeo un trabajo que para mí es el colmo de la ambición y lo someto a juicio de un hombre, éste lo califica como una actividad sin importancia. Desde su punto de vista yo (y conmigo todas las mujeres) soy inferior”. 

Además agrega: “El tema a discutir es que mi inferioridad me cierra una puerta y otra y otra que ellos holgadamente atraviesan para desembocar en un mundo luminoso, sereno, altísimo, que yo ni siquiera sospecho y del cual lo único que sé es que es indudablemente mejor que el que yo habito, tenebroso, con su atmosfera casi irrespirable por su densidad, con su suelo en el que se avanza reptando en contacto y al alcance de las más groseras y repugnantes realidades”.

Ante este aparente sistema cerrado, en el que las mujeres están imposibilitadas de ser partícipes del proceso cultural, Castellanos se interesa en la figura de la mujer contrabandista, de aquella que logró burlar los muros masculinos erigidos en torno a la cultura, mujeres como Virginia Woolf, Safo, Santa Teresa y Gabriela Mistral, mujeres que “violaron la ley” y que para Castellanos son el punto de discusión: ¿Cómo lo lograron? y ¿Cuáles fueron los motivos que impulsaron su creación cultural? 

Cabe destacar que Sobre cultura femenina es, a decir de la historiadora Gabriela Cano, un “ensayo de juventud” en el que se vierten ideas y cuestionamientos sobre los que la autora regresará de manera reiterativa a lo largo de su obra. Asimismo, para Cano esta obra representa una “etapa temprana de la formación intelectual” de Rosario Castellanos, quien pasaría a ser considerada una de las intelectuales más importantes del siglo XX en México; es decir, en palabras de la propia Castellanos, una contrabandista que logró introducir su contrabando en “fronteras tan celosamente vigiladas”. 

Rosario Castellanos es considerada una figura importante del feminismo latinoamericano, problemática que abordó de manera pionera en México tanto en sus textos ensayísticos como en su obra literaria. Castellanos publicó en 1963 un artículo en el diario Excélsior que llamaría “Feminismo a la mexicana”, texto que según la investigadora Elena Urrutia aparecería previamente a la nueva ola feminista en el país y en el que la autora utilizó sin ninguna reversa la palabra feminismo. En su artículo discute la posición inferior que ocupa la mujer en la sociedad mexicana, las diferencias establecidas entre hombres y mujeres y cuestiona el poco desarrollo del feminismo en nuestro país. 

Las obras de Castellanos en las que se aborda el tema de la mujer mexicana y su posición como oprimida y abnegada son Mujer que sabe latín (1973) y El uso de la palabra (1974). Pero la mujer mexicana no fue el único tema que Castellanos abordó en su obra, también destaca en ella la problemática de los pueblos indígenas y la opresión que padecen. En este rubro Castellanos tuvo una serie de novelas que abordaron la cuestión indígena, entre ellas Balún Canán (1957), Oficio de tinieblas (1962) y Los cuentos de Ciudad Real (1960). 

Esta conciencia social se vio manifiesta en Rosario Castellanos desde muy temprana edad, pues ya en 1947, cuando tenía 22 años, comenzó a publicar ensayos sobre diversos temas. Su producción en letras comenzó mientras estudiaba para convertirse en maestra en filosofía en la UNAM, donde ingresó después de mudarse a la Ciudad de México proveniente de Chiapas, donde vivió su infancia y parte de su juventud. 

A lo largo de su vida colaboró en diferentes periódicos, revistas y suplementos culturales escribiendo cuentos, ensayos, poesía y crítica literaria. Algunas de sus obras más destacadas, además de las ya mencionadas, son Apuntes para una declaración de fe (1948), De la vigilia estéril (1950), Lívida luz (1960), Poesía no eres tú (1972); entre otros.

La escritura representó para Rosario Castellanos un medio para reflexionar sobre las profundas desigualdades que viven algunas poblaciones específicas en nuestro país y a través del cual apelaba por una sociedad justa, libre de prejuicios y dogmas rumbo a una transformación social y cultural; pero al mismo tiempo, su arte fue una forma de plasmar sus pensamientos y sentimiento más personales en torno a las cuestiones de ser mujer, ser mexicana y la soledad.

“Me siento comprometida con una realidad con la cual no estoy conforme y con la cual quiero colaborar para que de alguna manera cambie”, señalaba Castellanos. 

Fuente: Gobiernode México




CLARA ZETKIN

  CLARA ZETKIN Pionera del movimiento de mujeres socialistas.  La periodista, oradora, maestra, revolucionaria y fundadora de la Segunda...