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YAYOI KUSAMA


 

YAYOI KUSAMA 

El arte conceptual feminista    

Yayoi Kusama, es una artista y escritora japonesa. A lo largo de su carrera, ha trabajado con una gran variedad de medios incluyendo: pintura, collage, escultura, arte performance e instalaciones, la mayoría de los cuales exhiben su interés temático en la psicodelia, la repetición y los patrones. Kusama es una precursora de los movimientos del arte pop, minimalismo y arte feminista e influenció a sus contemporáneos, Andy Warhol y Claes Oldenburg. 

Nacida en Matsumoto (Nagano) el 22 de marzo de 1929, fue la cuarta hija de una familia próspera y conservadora,​ cuyo bonanza provino de la venta de granos,​ Kusama ha experimentado alucinaciones y pensamientos severamente obsesivos desde su niñez con tendencias suicidas. Confiesa que cuando era pequeña sufrió de abuso físico por parte de su madre. En 1948, se fue de su hogar para entrar en la Escuela Municipal de Artes y Artesanías de Kyoto, donde estudió Nihonga, un estilo riguroso desarrollado durante la Era Meiji; Se graduó el año siguiente. Odiaba la rigidez del sistema maestro-discípulo donde los estudiantes debían empaparse de tradición a través del sensei. “Cuando pienso en mi vida en Kyoto,” ella decía, “me dan ganas de vomitar.” 

Para 1950, Kusama representaba formas naturales abstraídas en acuarela, gouache y aceite en papel, principalmente. Ella comenzó a cubrir superficies (Paredes, pisos, canvas y más adelante objetos del hogar y cuerpos desnudos) con lunares, los cuales se convertirían en la marca personal de su trabajo. Los vastos campos de lunares o “redes infinitas”, como ella las llamaba, eran extraídas directamente de sus alucinaciones. La obra más antigua en la que incorporó estos lunares fue a la edad de diez años en un dibujo en 1939, en el cual la imagen de una mujer japonesa vestida con un kimono (se cree que es la madre de la artista) está cubierta y oculta por manchas.​ 

Su primera serie a gran escala, algunas veces alcanzando más de 30 pies- de largo,​ Redes Infinitas, estaban completamente cubiertas en una secuencia de redes y lunares que hacían alusión a sus alucinaciones. A principios de la década de 1960, Kusama comenzó a cubrir objetos tales como: escaleras, zapatos y sillas con protuberancias fálicas.​ A pesar de la atención al detalle y lo intrínseco de sus dibujos, los terminaba rápidamente y en bulto, estableciendo un ritmo de productividad que aun mantiene. También estableció otro tipo de hábitos, como el de ser fotografiada con sus trabajos nuevos. 

Desde 1963, Kusama ha continuado su serie de cuartos Espejo/Infinito. En estas instalaciones complejas, cuartos hechos a la medida se alinean con vidrios espejo y contienen pelotas de colores neón colgadas a diferentes alturas sobre el espectador. Erguido dentro de una pequeña plataforma, la luz se refleja repetidamente sobre las superficies espejo para crear la ilusión de espacio infinito. 

​En 1973, Kusama se mudó de vuelta a Japón, donde ella encontró una escena del arte mucho más conservadora que la de Nueva York. Ella se convirtió en marchante de arte pero su negocio fracasó años después; más adelante padeció de problemas psiquiátricos y en 1977 se internó voluntariamente en un hospital, donde ella ha vivido el resto de su vida. Desde entonces, ella continúa produciendo obras de arte en diferentes medios y lanzó su carrera literaria con la publicación de varias novelas, poesía y una autobiografía. 

El trabajo de Kusama está basado en el arte conceptual y muestra algunos atributos del feminismo, minimalismo, surrealismo, arte marginal, arte pop, y expresionismo abstracto, además de estar fusionado con contenido autobiográfico, psicológico y sexual. Kusama también es una novelista y poeta publicada, y ha creado trabajos notables en filmes y diseño de moda. Retrospectivas de gran tamaño e importancia han sido expuestas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo Whitney de Arte Estadounidense, y el Tate Modern, mientras que en 2008 Christie’s en Nueva York vendió una de sus obras en $5.1 millones de dólares, un récord para un artista mujer con vida. 

Fuente: MerkdeArte





SHAMSIA HASSANI




 

SHAMSIA HASSANI

 Considerada la primera artista urbana en Afganistán, desde 2010 Shamsia Hassani ha llenado las calles de Kabul de murales protagonizados por mujeres que reclaman justicia, paz, igualdad y derechos. Desde hace una década desarrolla una actividad atípica como muralista y artista urbana en Afganistán, un país dominado por los hombres donde las mujeres sufren física y emocionalmente la violencia feminicida y los estragos de décadas de guerra. 

Shamsia Hassani nace en Teherán en 1988 en una familia afgana emigrada a Irán huyendo de la guerra. Ante las dificultades de acceder a los estudios superiores en Irán por su condición de migrante, en 2005 se instala en Kabul. Estudia arte tradicional en la Universidad de Kabul donde actualmente trabaja como profesora de escultura. En 2010 tiene su primer contacto con el mundo del graffiti en un taller del grafitero británico Chu en Kabul. A partir de estos contactos con el graffiti occidental, funda un colectivo de arte contemporáneo y varios festivales de arte urbano en un país en el que el arte ha sido destruido tras décadas de guerra. 

Shamsia Hassani forma parte de una nueva generación de artistas afganos, nacidos en el exilio durante la guerra ruso afgana y que regresan a Afganistán a partir de la caída de los talibanes. Llenar de arte las calles de Afganistán implica tratar de reconstruir emocionalmente un país en el que el arte fue destruido por los talibanes y que carece de una red de espacios para el arte contemporáneo. 

Reconoce haberse iniciado en el graffiti y el arte urbano por una cuestión práctica: los aerosoles y plantillas son más baratos que los materiales tradicionales. Pero pintar en las calles también tiene un contenido simbólico y político. Interviene clandestinamente en edificios abandonados, destruidos y bombardeados en apenas unos minutos para evitar ser descubierta y las posibles represalias. Shamsia Hassani es una mujer artista realizando una actividad ilegal en Afganistán. Su propósito es llenar de arte las calles de Kabul lo que implica acercar el arte a la sociedad, en un país sin apenas infraestructuras artísticas.

En sus murales se puede extraer un importante contenido feminista. Ella demuestra que, aunque Afganistán sigue siendo un país peligroso y opresor para las mujeres, las mujeres afganas pueden ser independientes y fuertes. Las mujeres que retrata se muestran orgullosas y dispuestas a aportar cambios positivos y nuevas esperanzas en la sociedad afgana. 

Trabaja una iconografía muy visual y repetitiva que hace que su obra sea muy reconocible. Peces encerrados en burbujas, ojos, pájaros, arquitecturas en trampantojo y también motivos decorativos dentro de la tradición islámica afgana junto a poemas y caligrafía, conforman su universo pictórico. Pero sobre todo son las mujeres las verdaderas y únicas protagonistas de sus murales. Mujeres con vestimentas tradicionales pero que han modernizado el niqab o el burka tradicional y que se muestran empoderadas y con ambiciones. Estas imágenes son reconocibles por los rostros apenas esbozados de sus mujeres que representan el rostro de todas las mujeres que han sido silenciadas, violentadas y oprimidas en Afganistán. Con los ojos cerrados y sin labios, con frecuencia portan instrumentos musicales. De esta manera Shamsia Hassani lanza un mensaje positivo al mundo: las mujeres afganas no tienen voz pero sí se expresan.

En 2012 realiza uno de sus murales más emblemáticos en las ruinas del antiguo Centro Cultural de Kabul. Se trata de una mujer vestida con burka sentada en las escaleras y acompañada de un poema que alude a la pérdida en los años de la guerra: «El agua puede regresar a un río seco, pero ¿qué pasa con los peces que murieron?». 

Por lo excepcional de su práctica y a través de contactos en el mundo del arte urbano internacional también ha realizado intervenciones urbanas en otras ciudades occidentales como Nueva York, Los Ángeles o Ginebra. En los últimos años ha comenzado a trabajar el graffiti digital. Para ello toma fotografías de los rincones de la ciudad que le gustaría pintar y las interviene diseños en Photoshop o con pintura acrílica.

Shamsia Hassani a través de su práctica artística muralista y feminista trata de inspirar a las mujeres de todo el mundo y aportar nuevas esperanzas a las mujeres de su país. 

Fuente:Woman Art House





SONIA DELAUNAY


 

SONIA DELAUNAY 

“¡Desprecio la palabra feminista! Nunca pensé en mí como una mujer de manera consciente. Soy artista.” 

Sonia Delaunay fue una artista abstracta multidisciplinar, figura clave en la Vanguardia parisina del Siglo XX. Junto a su marido, Robert Delaunay, fue pionera del movimiento Orfismo. Explorando interacciones entre los colores, aportaron una gran profundidad al estudio cromático que revolucionó su época e influyó a artistas posteriores. Aunque nació en Ucrania, se la considera una artista francesa, pues su vida laboral se desarrolló en París. Su obra se extiende a la pintura, la moda, el diseño textil y la escenografía. Fue la primera artista femenina viva en conseguir una exposición retrospectiva en el Museo del Louvre. Sus creaciones, con formas de abstracción geométrica y modernos diseños, innovaron moda, muebles, tejidos y decoración.

Sonia Delaunay, la «prima» contemporánea 

Poética y soñadora, podríamos considerarla la “prima» contemporánea de la bailarina Isadora Duncan, pues como ella, nos evoca poesía en movimiento, como sus pañuelos vaporosos con dibujos de espirales. La pintora experimentó con entusiasmo sobre una amplia gama de materiales incluyendo ropa, textiles, alfombras, papel de paredes, tapicería, mosaicos y encuadernación.

 Sus trabajos son precursores del movimiento Bauhaus de los años treinta. Con una prolífica carrera que abarcó casi todo el siglo XX, Delaunay pasó de la pintura figurativa a las espirales abstractas, zigzags entrelazados y discos de colores de gran contraste, por los que es conocida. Diseñó para el mundo de la moda, el cine y el teatro. Sus comisiones incluyeron trajes para Sergei Diaghilev, el fundador de los vanguardistas Ballets Rusos. Sonia Delaunay pintó, diseñó, dirigió tiendas, creó dos empresas de diseño textil e incluso colaboró ​​con poetas como Guillaume Apollinaire y Tristan Tzara. Jugó a todos los juegos y tocó todos los palos de su época: era políglota, bailaba tango, tradujo a Kandinsky y fue una mujer creadora, completamente moderna, en un mundo de hombres. Rompedora e indomable, poco antes de morir, declaró en una entrevista: 

“ ¡Desprecio la palabra feminista! Nunca pensé en mí como una mujer de manera consciente. Soy artista.” 

Una joven rusa en París

Sonia Delaunay, nacida Sara Stern en una modesta familia judía en Odessa (Ucrania) en 1885, la artista fue adoptada a los cinco años por unos parientes ricos, sus tíos abuelos, en San Petersburgo. Intelectualmente privilegiada, estudió pintura en Alemania y en 1907 ya pintaba bajo las influencias del Postimpresionista Paul Gauguin, el Expresionismo Alemán y los Fovistas, a quienes había visto en Paris. Sus primeros cuadros parecen querer liberarse de cualquier atisbo clásico. Su matrimonio con el crítico de arte alemán Wilhelm Uhde en 1908 le permitió establecerse en París. Wilhelm había visitado el estudio de Picasso en Montmartre y conoció su primera pintura cubista, “Las Señoritas de Aviñón». También expuso la obra de Henri Rousseau y le organizó a Sonia su primera exposición. En 1910 se divorció para casarse con el pintor vanguardista, el aristócrata francés, Robert Delaunay. Dejó de pintar, concentrándose en crear telas y bordados. En 1912, dio a luz a su único hijo. Podría parecer la típica historia de esposa de talento subyugada por las demandas soberanas del genio masculino. Pero no lo es. Sonia Delaunay es hoy considerada como una artista más intensa y más compleja que su marido.  

Descubriendo el arte abstracto 

Su primer diseño puramente abstracto fue un edredón con remiendos cosidos, para la cuna de su bebé. Rectángulos oscuros y triángulos de color claro recuerdan el arte popular ruso y el Cubismo. Creó encuadernaciones abstractas para libros, y decoró una caja de madera para juguetes. Empezó a confeccionar ropa que llamó “vestidos simultáneos”, cosiendo formas geométricas, con tiras coloreadas que acentuaban el movimiento del cuerpo. Se trataba de pinturas para ser utilizadas. Diseñaba su ropa y la de Robert y salían por los clubs bohemios de París, muy vivos no sólo por la música sino por la nueva luz eléctrica. La ropa de los Delaunay llamaba la atención. Se integraban con la música, las luces, los ritmos y la atmósfera del tango y el foxtrot. 

La guerra transformó a la pintora en diseñadora

El estallido de la primera guerra mundial, sorprendió a la pareja Delaunay en el País Vasco. Siendo ella judía, decidieron quedarse en España durante el conflicto. Sonia pintó escenas callejeras y bailes de flamenco. Tras la revolución rusa de 1917, había perdido sus ingresos familiares y comenzó a diseñar ropa. Con la ayuda de su gran amigo Sergei Diaghilev, Director de los Ballets Rusos, abrió tiendas en Bilbao, Madrid y Barcelona para ​​vender ropa, telas y artículos para casa 

Vuelta a París: Artes Simultáneas

Tras el fracaso de su empresa, debido a la guerra, volvieron a París, donde Sonia fundó un nuevo negocio con la base de su experiencia. Consiguió que su moda y telas aparecieran en la portada de Vogue. Su clientela de alto nivel, incluía a aristócratas y famosas, como la actriz Gloria Swanson, para quien diseñó un abrigo. Bordó poemas sobre ropa, diseñó trajes para los Ballets de Sergei Diaghilev y pintó decorados para producciones de teatro Dadaístas y escenarios de cine. Convirtió su hogar familiar en una especie de escenario doméstico abierto al público. Los diseñadores contemporáneos aún están influenciados por sus tejidos, muestras, corbatas, ropa de playa, sombrillas, bolsos y zapatos. En 1925, Sonia hizo una de las primeras películas en color, con mujeres modelando con sus prendas de moda. En sus propias palabras 

“Todo esto no es más que diversión. Lo veo como Pintura Abstracta plasmada sobre otros medios.” 

Invención de un nuevo movimiento artístico: ORFISMO

Sonia y su esposo Robert, fueron cofundadores del Orfismo. Este estilo parte de la simbiosis de formas geométricas y la combinación de colores fuertes fríos con calientes. En pareja, desarrollaron una nueva teoría de los contrastes de color. Basados ​​en textos del poeta Chevreul, llamaron a esta abstracción lírica “Simultanismo”. Más tarde se conoció como Orfismo (Orphism) . Demostraron que la yuxtaposición cromática afecta a cómo percibimos los colores. En sus primeros experimentos, Sonia entra y sale de la Abstracción. En medio de múltiples formas circulares, aparecen figuras bailando, edificios y palabras. Sonia está reaccionando al recién inventado Cubismo pero al mismo tiempo se niega a adoptar su monótona paleta de colores. En 1937, la pareja Delaunay produjo, con un equipo de asistentes, gigantescos lienzos murales para la Exposición Internacional de París. Celebrando innovaciones tecnológicas francesas, pintan motores de avión, una hélice y un panel de instrumentos de aviación. Mezclaron dibujos técnicos ampliados de piezas de motor, pistones, motores y hélices. Crearon pinturas vibrantes de color y energía que podrían haber sido hechas hoy. Rebosan de optimismo por el futuro. Mientras tanto, alemanes y rusos luchaban y Picasso mostraba su “Guernica” en el pabellón español. 

Exploración del arte textil

Pionera del Arte Abstracto, Sonia Delaunay no hizo distinción alguna entre la pintura y el diseño, fluyendo a la perfección entre lienzos de alto nivel, moda para bohemios avant-garde y diseños de lino impresos en patrones geométricos. Sus obras que siguen vivas, simbolizan vanguardia y elegancia incluso hoy. Esta dimensión intemporal es uno de los atributos más distintivos de su obra. Parece perpetuamente moderna, siempre en sintonía con los tiempos a medida que progresa el siglo XX e incluso el XXI. Algunos de sus brillantes aprendices crearon la actual compañía de moda escandinava Marimekko. Los tejidos que produjo Sonia en su «Atelier Simultané» de Paris, resultan hoy asombrosamente modernos y nos siguen inspirando una alegría genuina. Creó un abrigo decorado, como si fuera pintado por Matisse y un chaleco que parece la materialización de una pintura de Picasso. Son testimonio de la brillante inteligencia comercial y dotes artísticas de Sonia Delaunay. 

Cuando Sonia Terk se casó con Robert Delaunay en 1910, tenía 25 años. Ya había cambiado su país y su nombre dos veces. Antes tuvo un breve matrimonio de conveniencia con Wilhelm Uhde, un rico crítico de arte y coleccionista. El era homosexual y ella estaba bajo presión social de su familia en Rusia. La boda le permitió quedarse en París y fueron íntimos amigos de por vida. Pero Sonia encontró su verdadera alma gemela en el artista Robert Delaunay, pintor pionero de la Abstracción. Juntos, se convirtieron en la pareja más novedosa de la Vanguardia. Sonia sólo deja de pintar cuando le obliga la historia: la primera guerra mundial, las secuelas de la Revolución Rusa, el ascenso de Hitler cuando la pareja escapa de Francia a España y Portugal, cuando el dinero escasea. Pero siempre que puede, vuelve a la pintura. Pintó como catarsis durante la larga enfermedad de su marido, tras su muerte y hasta el final de sus días. Durante toda su vida tuvo un apasionado compromiso con la pintura. En sus cuadros de posguerra su paleta se vuelve más opaca y plana, y sus formas, más agudas. Pero siguen siendo juguetones como cualquier abstracción. Los círculos todavía están divididos por líneas. Pero siempre, la esencia de su estética permaneció sin cambios. Sonia sabe dónde darle peso y solidez a las formas y dónde dejar que la pintura respire. Su toque personal es el de una pura sangre del arte: segura, cuidadosa y descuidada, pero siempre moderna. 

En 1941, Robert sucumbió al cáncer y Sonia perdió a su alma gemela artística. Sin su presencia, la conversación se volvió unilateral. Sus pinturas son exploraciones interesantes pero sin la obra de su marido para compararlas. Sonia siente como si algo le faltara. En sus últimas fotos se la reflexiva y melancólica. Volvió a pintar obras circulares como las de antes de sus creaciones textiles. Con la esperanza de mantener vivo el legado de Robert, trató de mantenerse fiel a sus teorías Orfistas. Tal vez encontró consuelo en la abstracción cromática que ambos iniciaron. 

Sin embargo, uno se pregunta qué hubiera podido ser si hubiera sido menos leal a Robert y más interesada en explorar con sus lienzos, la explosiva diversidad de los diseños abstractos que nos legó en sus creaciones textiles. 

“No he conseguido olvidar a Robert, ni tampoco los críticos de arte”, dijo Sonia.

La historia contemporánea podría preferir verla sin Robert, esposa sin marido. Ella es ciertamente tan buena como él… e incluso mejor. Pero juntos rompieron fronteras, como pareja casada, como familia, a veces por necesidad, a veces por algo más nebuloso. Sonia Delaunay es ciertamente digna de exposiciones retrospectivas por sus propios logros. Su historia no es de dos contrarios individuales, sino la de una mujer y un hombre que vivieron y trabajaron en profunda armonía como pareja y como artistas. 

Fuente: WikiArt




CELESTE BEJARANO


 

CELESTE BEJARANO

 Aunque Celeste ya coqueteaba con el tema femenino en su trabajo plástico, fue hasta que se convirtió en madre que se autonombró feminista con un trabajo intimista y autobiográfico.

Sus obras dejan testimonio de la primera generación de madres que se atreve a hablar de estos temas tabú en la construcción cultural de una maternidad romantizada. 

 Su nueva serie “Mamá. Luz y sombra”, retrata a través de pinturas y esculturas los claroscuros de ser madre: el cansancio, la pérdida de libertad, la muerte social que deviene al momento de tener un hijo, la exigencia del silencio y los juicios a los que una mujer se ve sometida cuando decide seguir adelante con su embarazo. Sus obras dejan testimonio de la primera generación de madres que se atreve a hablar de estos temas tabú en la construcción cultural de una maternidad romantizada. 

Joven, millennial, madre y artista, Celeste Bejarano vive su maternidad desde la lucha. Identifica que hoy en día el machismo ha mutado entre simulaciones y silencios que las propias mujeres se han autoimpuesto. En esta sospecha pidió a través de Facebook, a más de 600 mujeres de distintas edades, contar sus testimonios sobre cómo ha sido ser madres; fue así que recibió cientos de relatos que confirman su propia experiencia y que posiblemente nunca habían sido revelados. Miedo, soledad, abandono, falta de sueño, incertidumbre de tener una vida en brazos que depende de ellas, son algunas de las emociones que las mujeres experimentan al convertirse en madres; sin embargo, en México la idea de la maternidad es idealizada hasta acallar las verdaderas necesidades de una crianza humanizada. 

El trabajo de Celeste Bejarano es una crítica a ello y un testimonio visual del sentir de las mujeres ante su desafío más grande: seguir siendo ellas mismas y no perderse cuando otro ser humano exige ser alimentado de su pecho. ¿Es posible seguir siendo quienes éramos? ¿Dónde están las redes de apoyo para maternar? ¿Cómo se puede ser exitoso en el ámbito laboral y ser una buena madre a la par? ¿Hay que decidir entre ambas? Ninguna duda es nueva, pero apenas las madres más jóvenes, como Celeste, se atreven a decirlo en voz alta.

Celeste Bejarano también ha trabajado con temas como el linaje femenino, la importancia de las abuelas en la educación de los niños en México y la costura como actividad de espera y resistencia en los hogares mexicanos, casi todos con una máquina Singer en casa, donde un par de generaciones ha cosido muchas veces para salir adelante y alimentar a la familia o enviar a los hijos a estudiar. La obra “Retrato surrealista de mi abuela”, hace un homenaje a esas abuelas, que lucharon hilvanando hilos y bordando vestidos. El trabajo de Celeste Bejarano deja en claro que lo íntimo es político. 

Las mujeres en el arte, como en otros ámbitos, han tenido que esforzarse para poder dar visibilidad a su trabajo. 

Las mujeres en el arte, como en otros ámbitos, han tenido que esforzarse para poder dar visibilidad a su trabajo. Durante siglos, las que lograron dedicarse a las manifestaciones creativas, firmaron con nombres masculinos o los nombres de sus padres o maridos. Recibieron pagos menores por sus obras y fueron consideradas solo por ser las esposas de alguien más y no por ellas mismas. Han tenido que pasar siglos para ser reconocidas.

Las artistas de hoy son el resultado de muchos años de historia y lucha por la equidad y sus formas. 

Fuente: Revistacentral





CLARA ZETKIN

  CLARA ZETKIN Pionera del movimiento de mujeres socialistas.  La periodista, oradora, maestra, revolucionaria y fundadora de la Segunda...