La mujer de la nueva sociedad será plenamente independiente en lo social y lo económico, no estará sometida lo más mínimo a ninguna dominación ni explotación. Por un mundo mejor, con justicia y dignidad para todos los seres humanos.
Angela Yvonne
Davis (Birmingham, Alabama, Estados Unidos, 26 de enero de 1944)
es una filósofa, política marxista, activista afrodescendiente antirracista, feminista,
defensora de los derechos de las personas LGTBIQ+, abolicionista del
sistema carcelario y profesora del Departamento de Historia de la Conciencia en
la Universidad de California en Santa Cruz de Estados Unidos.
En 1969 fue
expulsada de la Universidad de California, donde impartía clases de
Filosofía como profesora auxiliar (habiendo sido alumna de Herbert Marcuse)
al descubrirse su afiliación al Partido Comunista de los Estados Unidos.
Estuvo vinculada con el movimiento Panteras Negras, pero no fue parte del
mismo. Se vio también involucrada en el caso de "Los hermanos de Soledad",
por el cual fue incriminada por asesinato y secuestro en 1972. Este caso
alcanzó repercusión mundial y tras pasar un año en prisión, fue declarada inocente
en 1973.
En 1974 pasó a
formar parte del Comité Central del Partido Comunista de los Estados
Unidos. En 1976, tras publicar su autobiografía, regresó a la enseñanza. Años
después, en 1984, presentó junto a Gus Hall, el entonces líder del CPUSA,
su candidatura a la vicepresidencia de su país.
Angela Davis nació
en Birmingham, Alabama, el 26 de enero de 1944, en una época en la que
las leyes Jim Crow imponían la segregación racial en el sur de
los Estados Unidos. Su padre, graduado en una universidad para afroamericanos
en Raleigh (Carolina del Norte), trabajó algún tiempo como profesor
de historia en un instituto de secundaria antes de adquirir una gasolinera que
gestionaba personalmente. Su madre se graduó en una universidad de Alabama y
era maestra de escuela primaria. El lugar donde vivía la familia era llamado
Colina Dinamita (Dynamite Hill) por el gran número de casas de afroamericanos
dinamitadas por el Ku Klux Klan. Tanto su madre como su padre eran
activistas a favor de los derechos civiles y eran miembros de la National
Association for the Advancement of Colored People (NAACP), antes de que
dicha organización fuera proscrita en Birmingham.
Angela Davis cursó
estudios primarios en una escuela segregada en Birmingham, alojada en
instalaciones peor dotadas que la escuela para blancos. A los 14 años, se le
presentaron varias opciones para cursar estudios secundarios, y escogió
trasladarse a Nueva York gracias a una beca de la organización
cuáquera American Friends Service Committee, que ofrecía la posibilidad a
alumnos brillantes de la comunidad afrodescendiente del Sur del país de
estudiar en institutos mixtos del Norte. Se matriculó en el instituto privado
de pedagogía progresista Elisabeth-Irwin, en Greenwich Village.
Su llegada a Nueva
York marcó una nueva etapa en su toma de consciencia política. Se alojaba en
casa del reverendo William Howard Melish, el pastor de la mayor Iglesia
episcopal de Brooklyn en los años 1950, opositor declarado al macarthismo
y miembro de la Soviet-American Friendship Organization (Organización
de amistad americano-soviética) Tanto él como la mayoría de los profesores
estaban en la lista negra de la administración Mac Carthy, y tenían prohibido
enseñar en establecimientos públicos.
En Nueva York,
Angela descubre el socialismo por las obras de Robert Owen y
el Manifiesto comunista, lo que la lleva a "situar los problemas del
pueblo negro dentro del contexto más amplio del movimiento de la clase
obrera". Milita por primera vez en una organización juvenil marxista
leninista llamada Advance, que frecuentan también sus amigas Margaret
Burnham y Mary Lou Patterson. Conoce entonces a Bettina Aptheker, hija del
historiador comunista Herbert Aptheker, cuya casa acoge reuniones de la
organización. Participan en las manifestaciones de apoyo al movimiento por
los derechos civiles que conoce un nuevo impulso con la campaña de
protesta mediante "sentadas" iniciada en febrero de 1960 en Greensboro (Carolina
del Norte).
Estudios
universitarios: marxismo y feminismo antirracista.
En 1962 Davis
obtuvo una beca para cursar estudios de Francés en la Universidad Brandeis en Waltham (Massachusetts).
Es una de las tres únicas estudiantes afroamericanas de primer año.
Sus estudios la llevan a descubrir a los existencialistas franceses (Jean-Paul
Sartre, Albert Camus). El curso universitario estuvo marcado por una serie
de conferencias del escritor James Baldwin sobre literatura, durante
las cuales se produjo la crisis de los misiles en Cuba. Baldwin se negó a
proseguir y decidió hablar de la crisis en una asamblea general al lado
de Herbert Marcuse, al que Angela escuchó por primera vez. Aquel año
tuvo varios empleos que le permitieron costearse un viaje por Europa, en el que
visitó Londres, París, Lausana, y Helsinki donde
asistió al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.
Su carrera incluía
una estancia en Francia. En Biarritz, donde permaneció un mes, se
enteró de que cuatro muchachas a las que conocía habían sido asesinadas en la
explosión de la Iglesia Bautista de Birmingham en septiembre de 1963.
Angela declaró que el atentado no era el resultado de un comportamiento racista
aislado, sino la expresión de "la rutina cotidiana, a menudo monótona, de
la opresión racista". Después de estar un mes en París, pasó el verano en
Fráncfort, donde asistió a conferencias del filósofo alemán Theodor Adorno.
De vuelta a Brandeis, asistió a una serie de conferencias de Marcuse sobre el
pensamiento político europeo desde la Revolución francesa. Después de
graduarse, y siguiendo sus consejos, decide estudiar Filosofía en la Facultad
de Filosofía de la Universidad J. W. Goethe de Fráncfort (Alemania
Occidental) en 1965.
En Alemania
frecuenta a estudiantes de la Federación Socialista Alemana de Estudiantes (Sozialistischer
Deutscher Studentenbund o SDS), visita a menudo Berlín Este y
participa en manifestaciones en contra de la intervención estadounidense
en Vietnam. Mientras tanto, en los Estados Unidos el movimiento de liberación
afroamericano va evolucionando y tiende a radicalizarse en la estela del
movimiento conocido como Black Power. Frustrada por no poder tomar parte
en la efervescencia militante que reina en su país, decide volver al cabo de
dos años.
Opta por la Universidad
de California en San Diego, donde enseñaba Herbert Marcuse, que acepta dirigir
su tesis, inicialmente tutelada por Theodor Adorno. Davis recibió una gran
influencia de Marcuse, especialmente su idea de que era un deber del individuo
rebelarse en contra del sistema.
Davis es además
profesora emérita distinguida del Departamento de Historia de la Conciencia de
la Universidad de California en Santa Cruz, donde ha integrado el personal
junto a Donna Haraway, Hayden White y Teresa de Lauretis.
Homenajes
En 1971, Pablo
Milanés compuso para ella «Canción para Angela Davis». En 1972 los Rolling
Stones en su disco doble Exile on Main St le dedicaron la
canción «Sweet Black Angel». El mismo año, John Lennon y Yoko
Ono la apoyaron con la canción «Angela» de su álbum Some Time in New
York City. En 2010 el cantante Yannick Noah también le dedicó la
canción «Angela». El grupo de rap Los Chikos del Maíz mencionaron su
incidente con Nixon en la canción «La estanquera de Saigón», donde
hacen un homenaje a la clase obrera desde el punto de vista marxista.
El artista Shepard
Fairey la representó en varias de sus obras gráficas.
En Santiago
de Chile existe una población que lleva su nombre luego de una visita que
Davis realizó a la Universidad Técnica del Estado (UTE) en la década
de 1970, en la que donó dinero para la realización de las instalaciones
eléctricas y de agua potable.
"Soy
feminista, pero muchas veces he comido mierda por un tío"
La historia de
María de los Ángeles es la historia de España: familiares en fosas, abuelas
que acogen a vascos rebeldes en años de dictadura, padres curas que se salen de
la Iglesia por amor, juicios rápidos en los pueblos pequeños, fantasmas que se
te quedan mirando cuando escribes. Una familia honrada y valiente a la que ella
ha salido clavaíta.
La cantautora
ahonda en sus raíces cargada de dignidad y documentación y el resultado
es este disco con nombre de refrán, folclórico hasta la víscera, espinoso
y henchido de conciencia. Ahora que la comodidad es, más que nunca, un colchón
blando de extremocentrismo, Rozalén se la juega y canjea la rabia en arte.
La puerta violeta es
puro feminismo. ¿Por qué cree que a día de hoy hay tantos artistas a los que
les cuesta reconocerse como feministas?
A mí también me
pasaba. Y eso que en Psicología me especialicé en Psicología del género. Pero
creo que siempre ha habido un conflicto de términos y ahora es momento de
cambiar las cosas. Por eso lo de “entrar en la puerta violeta”, entrar en esa
dimensión. Me he dado cuenta de que me tengo que posicionar. Cuando me
pregunten “¿eres feminista?”, tengo que decir: “Claro, ¿¡tú no!?”. Porque es
igualdad y porque hay muchísimas cosas que hay que seguir mejorando en todo el
mundo y en este país también, se nos siguen exigiendo muchas cosas a las
mujeres que a los hombres no, y siguen asesinando a mujeres. Es un problema
gordo.
No podemos mirar
hacia otro lado. La canción habla, en realidad, de una regresión consciente que
me hicieron a mí, todo muy místico (ríe). Son imágenes a las que mi cabeza
me fue llevando para que entendiese ciertas cosas. Pero de verdad que la puerta
que yo pinté era de color violeta; el prado verde eran Los Pirineos, que
solamente estuve una vez, pero se ve que se me quedó muy clavado… y cuando me
puse a escribir la canción, pensé que debía compartir esas imágenes porque es
una canción que cada uno puede llevarse a donde quiere, es muy sutil lo del
feminismo, pero quien lo quiera ver, lo ve claro.
¿Ha experimentado
algún tipo de prejuicio por ser mujer; o algún obstáculo al que crea que sus
compañeros de profesión no han tenido que enfrentarse?
He sentido las dos
cosas, porque en mi ambiente son casi todos hombres y también he sentido que
resaltaba por eso. No puedo hablar mal de mis compañeros, siempre me he sentido
muy respetada por ellos, pero a la vez, con el público… a mí al principio
cuando empecé en la música, me hacían comentarios del tipo: “¿Perdona? Eres una
tía normal y corriente. No eres ningún pibonazo”. Pero, ¿y esa desfachatez? Sí,
y con mucha más mala leche. ¿Por qué me juzgan a mí por esto…? Hasta en los
photocall. Al principio lo pasaba fatal, porque sabía que iba a haber medios
que iban a hablar de cómo iba vestida. Ahora ya me lo tomo de otra manera, me
divierto, me mola la moda, me gusta verme bien, hago deporte porque me sienta
bien… y si me pinto la raya del ojo es porque yo quiero. Pero sí, sí, te das
cuenta de que hay mucho machismo en ese sentido.
¿Cuál es su
opinión sobre el contenido machista de las canciones? Siempre se ha criticado
el reguetón, pero últimamente se están cuestionando hasta temas de Sabina. Fue
el caso de Contigo, de la que decían que reproducía roles de género. Eso
de “tú estás en la casa y yo espérate, que ya veremos”.
Claro… yo cuando
vi eso de Sabina, dije “a ver...”. Porque yo soy feminista pero muchas veces he
comido mierda por un tío, y lo cuento en las canciones: que he besado el suelo
y me he arrodillado ante un tío, ¿sabes?, y eso no significa que yo deje de ser
feminista. Sólo que mira, caí en esto. Y lo comparto. Este tema lo he hablado
con un montón de amigos autores. Que si a Sabina le quitas esto… le quitas el
ser callejero, el hablar de bares, de alcohol, de la mujer de esa manera… yo he
estado con Sabina y es un tío que echa piropos, pero a mí no me resulta nada
machista. Me resultan más machistas otras miradas, de éstas de arriba a abajo…
que no son tan elegantes como él. Yo lo defiendo. Y defiendo la libertad de
expresión y la poesía. A mí me pasa. Llega un momento en el que le das mil
vueltas a las canciones para no molestar a nadie.
Y si nos ponemos
ejemplarizantes todo el rato, coartamos libertad artística.Exactamente. Pero
es que luego ya está el otro extremo. A mí hay letras de reguetones de ciertos
latinos que sí que es una falta de respeto máximo.¿Cuál recuerdas,
flagrante?Bueno, cuando te
están diciendo “perréame”… Joder. Que si “estoy con todas vosotras...”.
Cuatro babys.Será, es que
tampoco lo he escuchado mucho. Porque no me interesa. El límite no sé dónde
ponerlo, sinceramente. Yo entiendo que alguna mujer me diga “es que esto que
dice Sabina me molesta”, pero a mí no me molesta eso, lo otro sí. Porque creo
que es un tono muy diferente, y que en el reguetón no hay poesía. Hablemos de la
canción Justo. Cuenta una historia ambientada en la Guerra Civil y en la
leva del biberón.
Mira, yo he vuelto
a creer en los fantasmas, después de lo que me ha pasado con él. Es mi tío
abuelo, yo he crecido con esta historia en mi casa. Mi abuela me relacionaba
mucho con él, porque él cantaba. Ella tenía diez años cuando a él se lo
llevaron a la guerra, y fue el único que no regresó al pueblo. Este dolor
siempre ha estado en mi familia, mi abuela se acuerda perfectamente de todo:
cuando le dieron una carta de vuelta, que eso ya significaba que algo le había
pasado; ese mismo día llegó una carta del compañero diciéndole a su madre
“mamá, a Justo lo han matado”, y bueno, la gente recuerda a mi bisabuela
bajando por la cuesta gritando “canallas, me lo habéis matado”… fue un grito
que perduró mucho tiempo.
Entonces yo me
obsesioné con él hace dos años y empecé a indagar mucho sobre él, a preguntarle
mucho a mi abuela… tengo entrevistas en mi teléfono de horas, porque se acuerda
de todo ella, es tan bestia (sonríe). Y me pasaban cosas muy raras. Yo
escribía la canción y me entraban unos escalofríos muy raros. Yo no paraba de
decirle a mis amigos “macho, llevo un fantasma en la nuca”. Y después de eso mi
compañero, Dani, me presenta a Emilio Silva, que es el presidente de la
Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, y me dijo Emilio “pues
dame los datos de tu tío abuelo por si alguna vez tenemos a alguien que quiera
investigar sobre esto”.
Y el 1 de
noviembre, el día de los muertos, recibo un Whatsapp de Emilio y me dice
“María, no te lo vas a creer, pero Justo está registrado en una fosa común en
Arganda del Rey con otros doscientos y pico soldados de la Batalla del Jarama”.
Imagínate el momento de llamar a mi abuela. Yo que en Psicología había
estudiado las fases del duelo y qué ocurre ante un desaparecido, que no se cura
nunca, pues claro, cómo no voy a contar eso. Yo no sabía qué hacer con la
canción y esto me dio el final perfecto. Yo soy un canal y Justo ha querido
contar eso. Muchas frases de la canción son frases de mi abuela. Mi abuela dijo
“antes de morir le tengo que llevar una flor”…
¿Y por qué cree
que al PP no le interesa hablar de Memoria Histórica ni resarcir a las
víctimas?
No lo sé, porque
no es inteligente, ni terapéutico, ni nada, porque mira lo que está pasando: la
gente se está volviendo a radicalizar. Y eso es porque no se habla de dónde
venimos, y porque ha pasado hace muy poco tiempo. Entonces… quizá no lo sepan.
Quizá el PP no sepa que cuando no hablas de Memoria Histórica, estás haciendo
que se pudra y que huela mal, y que no se cure, pero si se habla… mira, yo
ahora hablo con los nietos de abuelos que fueron contrarios en la guerra, que
mataron a los míos, y nos queremos. Y sabemos que nuestros abuelos se mataron
unos a otros, y nos abrazamos.
Por eso hay que
hablar. Estas canciones las he hecho más pensando en el que no opina como yo.
Porque yo creo que alguien que diga todo eso… y escucha esta canción… no me
puede decir nada. Está contada desde la historia personal. ¿Qué me va a rebatir?
Y si no se alegra de que se encuentre a un desaparecido, tiene un problema.
¿Franco está
muerto o aún pulula por aquí…? Franco está… están
en altos cargos los mismos que estaban. No ha muerto. En absoluto. ¿Has
visto El Rey, la obra de Alberto San Juan? No, cuénteme. Entiendes tantas
cosas… fui a verla y salí loca. Había cosas que sabía y la gran mayoría que no.
Aquí está todo tapado. Viva Alberto y el Teatro del Barrio, y Willy Toledo,
cuando no se pone cafre (ríe). He leído que una
de las canciones, Amor prohibido, se la dedica al romance de sus padres,
porque su padre fue cura durante diez años.
Diez años… yo
vengo de una familia católica practicante, y lo siguen siendo: son súper
creyentes. Y yo, de la Iglesia que conozco, no puedo hablar mal, aunque esté de
moda hablar mal de la Iglesia. Yo canto porque empecé tocando en un coro de
Iglesia, con un cura de barrio súper progre. Ya te digo, y he hecho
Cooperación… e increíble, eso sí, cuando fui a El Vaticano no entendí nada. Y
por desgracia, yo ya no creo, aunque haya vuelto a creer en fantasmas. Mi padre
era sacerdote de vocación, aunque antes había muchos que se metían para
estudiar, pero él no, él estaba convencidísimo. Y cuando llegó a Letur, el
pueblo donde todo sucedió, el primer ser vivo que vio fue a mi madre. Mi madre
llevaba una lata de dulces al horno… es la mayor de seis hermanos. Son familias
muy humildes, las dos. Años después sería la madre de sus hijos.
Mi padre fue de
los primeros sacerdotes que se salió, y claro, para ellos fue muy duro por las
críticas. A mi madre le dijeron absolutamente de todo, a mi padre imagínate… Esto, ¿qué año
era? Pues mi padre dio la misa el día que murió Franco… setenta y largos. Ellos
se casaron por lo civil en el ochenta, celebrándolo en una iglesia. Y ya años
después, que ya mi hermano y yo estábamos bastante crecidicos, les llegó la
orden del Papa para poder casarse por la Iglesia. Eso fue un paso que dio la
Iglesia mucho más tarde. Mis padres no me hablan casi nada de esto porque se
avergüenzan.
Es una historia
bellísima y valiente. Es bellísima, pero
a mi madre le llegaron a tirar piedras en el pueblo. No me lo puedo
creer… Sí. En unas
fiestas. Le dijeron de todo. ¡Por haberse enamorado! Es un tema delicado, pero
mis padres ahora son muy queridos, en el pueblo y en Albacete. El amor manda.
Él sentía que estaba siendo infiel a Dios, pero se había enamorado, porque el
ser humano se enamora, y tiene sexo, y esas cosas… que son tan sanas.
¿Es necesario el
voto de castidad para concentrarse en hacer el bien y ayudar a los demás? Es
decir, ¿tiene sentido el celibato en 2017? Pues no. Claro que
el celibato no tiene sentido en 2017. Y en la gran mayoría de las religiones,
los sacerdotes se casan y no pasa nada. Los amigos que tengo dentro de la
Iglesia y defienden esto, sí que dicen que de esta manera se está más entregado
a la causa y tal, pero no me parece sano a nivel humano, porque cuando te
reprimen, después suceden cosas.
El hijo de la
abuela. Entiendo que el protagonista nació en Euskadi, en un momento en el que,
según canta, todo “era complicado si tenías ideales y hacías mucho ruido”. Su
único crimen, dice, “es el pensamiento libre”.
Éste es el tema
más delicado. A ver. Primer asesinato de ETA: Melitón Manzanas. Esto fue en el
68. En El País Vasco, toda la gente que estaba fichada por cualquier cosa (por
haber repartido propaganda, por poner en una pared ‘independencia’, por
juntarse con gente en Asamblea… ese tipo de crímenes)… con esa excusa, cuando
sucede este asesinato, cogen a cientos de vascos y los encarcelan, los torturan
y los destierran. Y de esto no habla casi ningún libro de Historia de España ni
nadie conoce nada. Yo lo conozco porque uno de éstos, Miguel, llegó a casa de
mi abuela.
A la gente que
podía “molestar” la desterraron a tomar por culo: de Donosti a Letur,
imagínate, en el 68. Nadie sabía lo que era ETA. Estaba naciendo. Miguel llega
detenido a Letur. Lo pasean por el pueblo a ver quién lo acoge. ¡Pues nadie lo
acogía! Mi abuela sí que hospedaba a gente en casa, y a ella le dijeron:
“Ángeles, tiene que quedarse con él...”. Antes no se daban explicaciones de
nada de nada, y la gente tampoco tenía la ocasión de justificarse. Mi abuela
siempre dice que lo presentaron como un etarra. Miguel tenía 20 años. Ella lo
miró y le preguntó: “¿Tú tienes madre?”. “Claro, señora”. Y dice ella que le
dio un puñetazo en el pecho, una intuición, un algo, y pensó “ay, Dios mío, si
esto le pasa a algún hijo mío”. Mi abuela es una punki (risas). Ella
sintió que era un hombre bueno, y le dijo “pasa para acá”.
Todos los días
tenía que fichar en el cuartelillo, y a mi abuela la criticaban un montón, le
mandaban anónimos por debajo de la puerta… cuando en los periódicos empezaban a
poner “nacimiento de una banda terrorista”… pero bueno, se demostró que él no
había hecho nada malo, aunque ya lo habían torturado y todo. En la dictadura se
pasaron con todo el mundo, pero con los vascos se lucieron. Luego a Miguel lo
enviaron a la mili, y se salvó. Al cambiar la dirección, mi abuela y él
perdieron el contacto durante casi cuarenta años… y hace dos años, a través de
una amiga mía de Donosti, encontramos a Miguel. Le contamos la historia, se
quedó flipando, hizo cuatro llamadas y dio con él. Y a mí en la anterior firma
de discos, se me presenta un señor con toda su familia, con lágrimas en los
ojos, vasco, vasco, vasco… y me dijo “María, que soy Miguel, el hijo de tu abuela”.
Ahí está el título
de la canción.
Efectivamente. Y
ya Miguel me contó todo: la represión brutal que sufrió él y tanta gente que no
lo merecía. Él tiene una hija de cuarenta y pico años que no sabía nada de
esto. Y esta semana santa vinieron a Letur, nos hemos vuelto a reencontrar. Él
aún tiene miedo, le cuesta contar algunas cosas. Es un tema muy delicado, es el
principio de ETA y me quedo con la historia que puede estar relacionada con los
refugiados de ahora. Mi abuela me ha enseñado: “acoge sin prejuicios”, porque
ella se llevó una historia de amor brutal. Un hijo más.
Usted es una
persona muy libre. He leído entrevistas en las que decía que está orgullosa de
ser española pero también se siente ciudadana del mundo. ¿Cree que Cataluña
tiene derecho a la independencia o al referéndum?
Es que Cataluña es
casa para mí también. Toda mi familia emigró de Letur a Terrassa. Tengo a media
familia allí, en Cataluña. Yo creo que tienen derecho a la independencia,
tienen derecho a opinar, pero que se debería hacer de otra manera.
¿Se refiere a que
están fallando las formas?
Sí, están fallando
las formas, pero de unos y de otros, porque si hay más apertura al diálogo se
pueden llegar a acuerdos. De esta manera… uno lo hace de forma ilegal, otros
ensalzan una Constitución que, oye, ¡la hicieron hombres!, no la hizo ningún
Dios. No entiendo por qué no se puede tocar. Pues claro, ahora pasa esto: se
está radicalizando la gente. Yo me siento española, me siento catalana, me
siento serrana, manchega… y creo que la gente se debería relajar más con todo y
sentarse a hablar, y ver qué se puede solucionar, pero sin una verdad como
bandera. A mí si se quieren independizar… me daría pena, pero tienen que
elegirlo ellos. ¿No cree que esa decisión tengamos que votarla todos los
españoles?
No sé, es
complicado. Es que si votamos todos, no se van (risas).
Castellanos es
considerada una figura importante del feminismo latinoamericano, problemática
que abordó de manera pionera en México.
Aproximadamente
tres años antes de que tras una ardua y larga lucha feminista se reconociera en
1953 en México el derecho de la mujer al voto, una joven y desafiante Rosario
Castellanos obtenía su título de maestría con un trabajo intitulado Sobre
cultura femenina (1950), un texto que tiene como detonante la cuestión ¿Existe
una cultura femenina? La interrogante busca reflexionar sobre qué lugar ocupan
las aportaciones de la mujer en la cultura, así como pensar por qué las mujeres
históricamente han tenido un lugar marginal en el ámbito cultural.
En este texto,
que muestra a una Rosario Castellanos inquieta por combatir las conjeturas
sobre la supuesta inferioridad de la mujer, debate ideas como la “miopía
intelectual” de las mujeres y su destino al haber “sido creadas únicamente para
la propagación de la especie”, argumentos ofrecidos por el filósofo Arthur
Schopenhauer y que son analizados por Castellanos.
Asimismo,
Castellanos muestra cómo para el filósofo Georg Simmel “la gran
hazaña cultural de la mujer es el hogar”, pues la coloca como un eslabón en la
transmisión de la cultura. Para Simmel el hombre es un ser activo y expansivo;
mientras que la mujer se halla “por naturaleza” concentrada en sí misma y en su
propia intimidad.
“Muchos autores
han querido hacer de la mujer una especie de poder tras el trono o de diablo
tras la cruz, y de la cultura una especie de enfermedad que, como la hemofilia,
las mujeres no padecen, pero trasmiten”, señala Castellanos sobre estos
argumentos, los cuales, según la propia literata, indican que las mujeres
cultas o creadoras de cultura no son más que un espejismo, una alucinación
o una pesadilla morbosa.
En su texto
contextualiza lo que representa el mundo de la cultura para una mujer y sus
intentos de ingresar en él, y dice: “Si planeo un trabajo que para mí es
el colmo de la ambición y lo someto a juicio de un hombre, éste lo califica
como una actividad sin importancia. Desde su punto de vista yo (y conmigo todas
las mujeres) soy inferior”.
Además
agrega: “El tema a discutir es que mi inferioridad me cierra una puerta y
otra y otra que ellos holgadamente atraviesan para desembocar en un mundo
luminoso, sereno, altísimo, que yo ni siquiera sospecho y del cual lo único que
sé es que es indudablemente mejor que el que yo habito, tenebroso, con su
atmosfera casi irrespirable por su densidad, con su suelo en el que se avanza
reptando en contacto y al alcance de las más groseras y repugnantes
realidades”.
Ante este
aparente sistema cerrado, en el que las mujeres están imposibilitadas de ser
partícipes del proceso cultural, Castellanos se interesa en la figura de la
mujer contrabandista, de aquella que logró burlar los muros masculinos erigidos
en torno a la cultura, mujeres como Virginia Woolf, Safo, Santa
Teresa y Gabriela Mistral, mujeres que “violaron la ley” y que para
Castellanos son el punto de discusión: ¿Cómo lo lograron? y ¿Cuáles fueron los
motivos que impulsaron su creación cultural?
Cabe destacar
que Sobre cultura femenina es, a decir de la historiadora Gabriela Cano,
un “ensayo de juventud” en el que se vierten ideas y cuestionamientos
sobre los que la autora regresará de manera reiterativa a lo largo de su obra.
Asimismo, para Cano esta obra representa una “etapa temprana de la formación
intelectual” de Rosario Castellanos, quien pasaría a ser considerada una
de las intelectuales más importantes del siglo XX en México; es decir, en
palabras de la propia Castellanos, una contrabandista que logró introducir su
contrabando en “fronteras tan celosamente vigiladas”.
Rosario Castellanos
es considerada una figura importante del feminismo latinoamericano,
problemática que abordó de manera pionera en México tanto en sus textos
ensayísticos como en su obra literaria. Castellanos publicó en 1963 un artículo
en el diario Excélsior que llamaría “Feminismo a la mexicana”, texto que según
la investigadora Elena Urrutia aparecería previamente a la nueva ola
feminista en el país y en el que la autora utilizó sin ninguna reversa la
palabra feminismo. En su artículo discute la posición inferior que ocupa la
mujer en la sociedad mexicana, las diferencias establecidas entre hombres y
mujeres y cuestiona el poco desarrollo del feminismo en nuestro país.
Las obras de
Castellanos en las que se aborda el tema de la mujer mexicana y su posición
como oprimida y abnegada son Mujer que sabe latín (1973) y El uso de la palabra
(1974). Pero la mujer mexicana no fue el único tema que Castellanos abordó en
su obra, también destaca en ella la problemática de los pueblos indígenas y la
opresión que padecen. En este rubro Castellanos tuvo una serie de novelas que
abordaron la cuestión indígena, entre ellas Balún Canán (1957), Oficio de
tinieblas (1962) y Los cuentos de Ciudad Real (1960).
Esta conciencia
social se vio manifiesta en Rosario Castellanos desde muy temprana edad, pues
ya en 1947, cuando tenía 22 años, comenzó a publicar ensayos sobre diversos
temas. Su producción en letras comenzó mientras estudiaba para convertirse en
maestra en filosofía en la UNAM, donde ingresó después de mudarse a la
Ciudad de México proveniente de Chiapas, donde vivió su infancia y parte de su
juventud.
A lo largo de
su vida colaboró en diferentes periódicos, revistas y suplementos culturales
escribiendo cuentos, ensayos, poesía y crítica literaria. Algunas de sus obras
más destacadas, además de las ya mencionadas, son Apuntes para una declaración
de fe (1948), De la vigilia estéril (1950), Lívida luz (1960), Poesía no eres
tú (1972); entre otros.
La escritura
representó para Rosario Castellanos un medio para reflexionar sobre las
profundas desigualdades que viven algunas poblaciones específicas en nuestro
país y a través del cual apelaba por una sociedad justa, libre de
prejuicios y dogmas rumbo a una transformación social y cultural; pero al mismo
tiempo, su arte fue una forma de plasmar sus pensamientos y sentimiento más
personales en torno a las cuestiones de ser mujer, ser mexicana y la soledad.
“Me siento
comprometida con una realidad con la cual no estoy conforme y con la cual
quiero colaborar para que de alguna manera cambie”, señalaba Castellanos.
Apenas vivió 43
años, pero fueron, sin duda, años vividos con mucha intensidad. Gabrielle
Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquesa de Châtelet (11706-1749) fue la
matemática más importante del siglo XVIII francés. Pero, además, representa a
la mujer independiente, sin prejuicios y con carácter, prototipo universal a lo
largo de la historia. Algunas alcanzan fama y distinción y otras permanecen en
el anonimato, pero ninguna de ellas pasa desapercibida.
Y lo más curioso
es que lo más habitual es que el principal apoyo de estas mujeres, su principal
resorte y potenciador de su talento, sean hombres. No cualquier hombre, sino
hombres inteligentes, que se enamoran de su talento y hacen lo posible para que
lo desarrolle.
En el caso de
Émilie, hay que destacar a su padre, oficial de la corte de LuisXIV,
quien la educó exactamente igual que a sus cuatro hermanos varones, con
una excepción, enseñó a la pequeña matemáticas y metafísica y a ellos no,
porque Émilie estaba especialmente bien dotada para estas disciplinas. Trató de
desarrollar todos los talentos de su hija, incluidos los físicos, de manera que
la niña practicaba deportes para canalizar su enorme energía y vitalidad.
Entre sus
maestros, fue amante de Maupertuis y Clairaut, el primero de los cuales
ejerció una enorme influencia sobre ella y de quien aprendió mucho. La ciencia,
entonces, estaba vetada indirectamente a las mujeres. Podías estudiar en casa,
organizar salones donde invitar a científicos y debatir. Pero no estaba
permitida la entrada ni en las Academias ni en los cafés, como el Café Gradot,
donde solía encontrarse Maupertuis, estudiando y discutiendo. Allí fue donde
Émilie entró vestida con ropas de hombre para entrevistarse con su amante y
maestro y discutir de cuestiones de física y matemáticas.
También fue amante
de nobles muy reputados de la corte como el duque de Richelieu y el
joven oficial Jean-François de Saint-Lambert, de quien quedó
embarazada de una niña entrados los cuarenta. Fue en ese parto en el que
Émilie murió, acompañada por el padre de la niña, su marido y Voltaire.
Aunque en todas
las lecturas de su biografía aparece Voltaire como el amante principal de la
marquesa de Châtelet, yo no diría que fue solamente eso. La relación entre
ambos iba mucho más allá. Él fue su maestro, pero ella llegó a ser una
colaboradora en igualdad de condiciones, una «partenaire» insuperable con quien
debatir y estudiar juntos los misterios de la física. Se ayudaron mutuamente y
se quisieron también como amigos. Una muestra es que, cuando tras años de
convivencia la relación de amantes se deterioró y Voltaire comenzó una relación
con Madame Denis, siguieron viviendo juntos, en el castillo del marido de
Émilie, hasta la muerte de ésta.
Finalmente está su
marido, el marqués Florent-Claude de Chastellet (como se escribía
originalmente el apellido). Se casaron cuando ella tenía 19 y él había
sobrepasado los 30. Como militar, se ausentaba frecuentemente para cumplir con
los deberes de su guarnición. Siempre fue tolerante con la pasión de Émilie por
la ciencia y le permitió dedicarse a ella una vez que dio a luz a sus hijos.
Tuvieron tres hijos, el menor de los cuales murió a los pocos meses. Émilie
decidió no volver a ser madre. La vida es complicada y no deja de ser trágico
que su final fuera precisamente en su cuarto parto. Cuando Émilie y
Voltaire, en plena relación de pareja, se fueron a vivir juntos para estudiar y
escribir, lo hicieron a uno de los castillos del marqués de Châtelet en Cirey,
quien les visitaba con frecuencia. Ella murió de su mano.
Los logros
científicos de la marquesa de Châtelet no son despreciables. Tradujo los
Principios Matemáticos de Filosofía Natural de Newton, única traducción
francesa de la obra, a la que añadió un importante prefacio. Cuando quedó
embarazada mientras trabajaba en la traducción, la marquesa presintió que le
llegaba el final y emprendió una carrera contrarreloj frente a la muerte.
Trabajó sin descanso y acabó su traducción días antes de morir.
Tradujo La
Fábula de las Abejas de Bernard de Mandeville, modificando algo la obra. Omitió
algunas partes y en la introducción defendió el rol de la mujer en la ciencia y
la necesidad de la educación femenina. Mantuvo serios y fructíferos debates
entre quienes defendían a Descartes y los partidarios de Leibniz (como ella) y
Newton, en lo referente a la teoría de las fuerzas vivas. Fue entonces cuando
publicó la Disertación sobre la naturaleza y propagación del fuego (1739).
Su obra más importante fue Instituciones de Física, en la que exponía el
estado de la ciencia y los principales debates explicando y defendiendo sus
posiciones. Fue la primera mujer en publicar en la Academia de Ciencias de
París.
Sus logros y su
figura se han visto deslucidos por su complicada vida amorosa y por las
envidias que despertó entre hombres y mujeres de su época. La independencia de
carácter unida al talento tiene un precio.
Esta mujer plantó
cara, abrió camino, se enfrentó a las empobrecidas mentes masculinas de la
época y al clero retrógrado reencarnado una y mil veces como una hidra
Por: Álvaro Van den
Brule
No tenía mucho
encaje en aquel predio. Sobrada de conocimientos, de mirada penetrante y
con un prognatismo muy acusado que le daba un plus de altivez, su esbelta
figura arrollaba con su incontestable poderío. Era una mujer de belleza
salvaje, que a una edad en la que la naturaleza femenina difícilmente se puede
mejorar, decidió desaparecer en las profundidades de la mística y de
la iluminación. Su afán de saber, su voracidad intelectual, su reto ilimitado a
la ignorancia y al patrón de sumisión adjudicado a la mujer en aquellos pagos y
en aquel tiempo, la convertirían en compañía poco recomendable a ojos de los
que hacían del poder un arma de trepanación colectiva.
O estabas
con el convencionalismo más ortodoxo o podías aventurarte a un
pronóstico nada halagüeño cerca de alguna hoguera inquieta. En su tiempo, no se
veía con buenos ojos que una fémina alimentara curiosidad intelectual o independencia
de pensamiento. Se llevaba el estilo sumisa y tontita. Si eras culterana o
“ligera de cascos“, ya eras candidata a una lapidación –figurada o literal–,
por rebeldía o por mear fuera de tiesto.
De belleza salvaje
y con una edad en la que la naturaleza femenina difícilmente se puede mejorar,
desapareció en las profundidades de la mística
Pero esta mujer
plantó cara, abrió camino, se enfrentó a las empobrecidas mentes masculinas de
la época, al clero retrógrado reencarnado una y mil veces como una hidra, a
una religión estrecha, patriarcal y rancia, la que quemaba por mera
venganza y estreñimiento mental a mujeres como Hipatia o las brujas de
Zugarramurdi, o a cualquier forma de pensamiento que tuviera más ventilación
que la permitida por el pensamiento único.
Como un fermento
oculto, esta enorme mujer ha calado en generaciones de mujeres cultas y
avanzadas, como lo hicieron los alegatos de Christine de Pizan o
de Marie de Gournay en el siglo XVI. Gloria Steinem (la
activista pro derechos de la mujer en EE.UU) dijo en una ocasión una frase
motora de tremenda actualidad que rinde homenaje a las mujeres que se
arriesgaron desde siempre a que se les reconociera un derecho inalienable, tal
que es: "Sin saltos de la imaginación, o soñando, perdemos la emoción de
la posibilidad. Soñar, al fin y al cabo, es una forma de planificar".
Juana Inés de la
Cruz se enfrentó a las vacas sagradas que habitaban las fosas sépticas del
pensamiento humano, encarnadas en esclerotizados personajes habituados a medrar
en las cómodas costumbres de los que nunca se enfrentan a la
injusticia de sus personajes automáticos y que dan por hecho que nada necesita
ser revisado, pues nada hay menos critico que la comodidad.
Habida cuenta de
que su vocación religiosa era menos que cero patatero, Juana Inés de
la Cruz eligió el convento para no pasar por las Horcas Caudinas del matrimonio
y así poder seguir gozando de sus aficiones intelectuales.
Aunque gran parte
de su obra fue quemada y destruida, su osadía se perpetuó en el tiempo para
demostrar a la historia que la justicia poética existe
Su celda era el
punto de convergencia de poetas, intelectuales y curiosos, que en un desfile
sin fin prestigiaron la increíble figura de esta mujer. Carlos de Sigüenza y Góngora,
pariente del poeta cordobés Luis de Góngora y del nuevo virrey, Tomás
Antonio de la Cerda, cuya esposa, Luisa Manrique de Lara, de la que fue
dama de honor y con quien le unió una fraternal amistad, nutrían las filas de
sus incondicionales.
Su biblioteca
llegó a tener la nada desdeñable cifra de trescientos libros, una cifra
incalculable, si entendemos que la imprenta acababa de aterrizar en estos pagos
humanos. La filosofía, la mística, música e historia, la criptografía, la
cocina y otros vértices del pensamiento, convivían alegremente entre las cuatro
paredes del silencio en el que habitaban cuerpo y mente de esta adelantada.
Compuso obras musicales, opúsculos filosóficos y una extensa obra que abarcó
diferentes géneros; poesía y teatro convivían venerando la herencia de Luis
de Góngora y Calderón de la Barca. Sus tertulias improvisadas eran de
una erudición talentosa y magnética. Desde el virrey hasta las mentes más
inquietas, nadie escapaba de su lucido verbo e hipnótico discurso.
El Barroco
literario alcanzó con ella su momento culminante e introdujo elementos
narrativos que anticipaban a los poetas de la Ilustración del XVIII
Pero un día, a
esta criatura no se le ocurrió otra cosa que tocar ni más ni menos que la
teología.
Aunque gran parte
de su obra fue quemada y destruida de maneras poco ingeniosas, la osadía de la
verdad exploradora se perpetuó en el tiempo para demostrar a la historia que la
justicia poética existe. Se conservan escritos en prosa entre los que cabe
señalar la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. La tal Sor Filotea no era otro
que el lerenda del obispo de Puebla, Manuel Fernández de la Cruz.
El acceso de ellas
al conocimiento. En 1690, una obra de Sor Juana Inés, la Carta
Athenagórica, en la que esta criatura singular hacía una dura crítica al
'Sermón del Mandato' del afamado jesuita portugués António Vieira sobre
las 'Finezas de Cristo', sería el principio del fin del vuelo libre de esta
rara avis. El purpurado había añadido a la obra una 'Carta de Sor Filotea de la
Cruz', esto es, un texto escrito por él mismo bajo ese pseudónimo en el que
recomendaba a esta atípica monja que se dedicara con más pasión a la vida
eremitoria y menos a pensar, puesto que según el clérigo, la reflexión
teológica era un ejercicio reservado a los hombres. Hasta ahí podíamos
llegar.
Filosofía,
mística, música e historia convivían entre las cuatro paredes del silencio en
el que habitaban cuerpo y mente de esta mujer adelantada.
En la respuesta
a Sor Filotea de la Cruz, esto es, al clérigo rancio y poco ventilado de
seseras, Sor Juana Inés de la Cruz reivindica el derecho de las mujeres al
acceso al conocimiento. La Respuesta es además una bella muestra en prosa
poética a través de la cual se pueden concretar muchos de los rasgos personales
de la ilustre religiosa. Pero la crítica del obispo de Puebla la
afectaría a la postre profundamente. Poco después, Sor Juana Inés de la
Cruz se deshizo de su entera biblioteca y de sus escasas pertenencias y
entró en el cenobio más profundo y austero. Tras deshacerse de su hatillo
terrenal, destinó lo obtenido a la beneficencia y cerró tras de sí la puerta de
la libertad.
Una
mañana al alba, según despuntaba el sol por el este –la única concesión que
había pedido, un mirador hacia la iluminación–, ayudada por sus compañeras en
medio de la terrible epidemia de cólera que asoló México hacia el año
1695, entregaría su única posesión a esa luz que todo lo envuelve en un enigma
avasallador.
El Barroco
literario alcanzó con ella su momento culminante, al tiempo que introdujo
elementos narrativos que anticipaban a los poetas de la Ilustración del siglo
XVIII. Su obra póstuma, el Fénix de México (1700), anticipa o lega –que más
da–, la visión y lucidez de un pensamiento desbordante y atrevido, osado y
valiente, no apto para un tiempo de ciegos y sordos.
María Marcela
Lagarde y de los Ríos (Ciudad de México, 30 de diciembre de 1948),
conocida como Marcela Lagarde, es una política, académica, antropóloga e
investigadora mexicana, especializada en etnología, representante
del feminismo latinoamericano. El feminismo, según Lagarde,
constituye una afirmación intelectual, teórica y jurídica de concepciones del
mundo, modificaciones de hechos, relaciones e instituciones.
Asociada
fundadora de la Red de Investigadoras por la Vida y la Libertad de las Mujeres.
Es el mayor referente del feminismo en Latinoamérica. Activista y teórica,
se ha dedicado estudio antropológico de la condición femenina, ha realizado
diversas publicaciones, tratando temas como el cautiverio, cuidado, sexualidad,
amor, poder, trabajo, violencia, subjetividad, religión, derecho, maternidad,
sororidad, etc. Es autora de numerosos
artículos y libros sobre estudios de género, feminismo, desarrollo
humano y democracia, poder y autonomía de las mujeres.
¿A qué llamamos
feminicidio? (Fragmento del artículo: Por la vida y la libertad de las mujeres)
El feminicidio
es una ínfima parte visible de la violencia contra niñas y mujeres, sucede como
culminación de una situación caracterizada por la violación reiterada y
sistemática de los derechos humanos de las mujeres. Su común denominador es el
género: niñas y mujeres son violentadas con crueldad por el solo hecho de ser
mujeres y sólo en algunos casos son asesinadas como culminación de dicha
violencia pública o privada.
De acuerdo con
Diane Russell y Jill Radford, los crímenes se dan en todo el mundo y son el
resultado de la violencia misógina llevada al extremo y, por ende, son la
muestra más visible de múltiples formas previas de hostigamiento, maltrato,
daño, repudio, acoso y abandono. Sociedades del pasado y del presente han
convertido el feminicidio en una costumbre y una práctica social para desechar
a las niñas a través del infanticidio o, en la actualidad, se extiende la
práctica del feticidio selectivo de productos XX en busca de gestar niños, ante
la imposibilidad de las parejas de procrear más de una criatura.
La explicación
del feminicidio se encuentra en el dominio de género: caracterizado tanto por
la supremacía masculina como por la opresión, discriminación, explotación y,
sobre todo, exclusión social de niñas y mujeres como propone Haydee Birgin.
Todo ello, legitimado por una percepción social desvalorizadora, hostil y
degradante de las mujeres. La arbitrariedad e inequidad social se potencian con
la impunidad social y judicial en torno a los delitos contra las mujeres. Es
decir, la violencia está presente antes del homicidio de formas diversas a lo
largo de la vida de las mujeres. Después de perpetrado el homicidio, continúa
como violencia institucional a través de la impunidad que caracteriza casos
particulares, como en México, por la sucesión de asesinatos de niñas y mujeres
a lo largo del tiempo (más de una década desde que se inició el recuento).
En el país ha
habido periodos feminicidas ligados a territorios específicos que sólo la
impunidad favorece las condiciones que permiten los crímenes y se da en contra
las mujeres. Cada niña o mujer asesinada había experimentado durante su vida
múltiples formas de violencia y daños a su integridad, dignidad, desarrollo que
atentaron contra su libertad. Los crímenes contra niñas y mujeres se cometen en
sociedades o en círculos sociales cuyas características patriarcales y la
violación de los derechos humanos se concentran y agudizan de manera crítica.
En su mayoría
se articulan con otras condiciones sociales y económicas de extrema marginación
y exclusión social, jurídica y política. Son el producto de una organización
social basada en la dominación de hombres sobre mujeres, caracterizada por
formas agudas de opresión de las mujeres con sus constantes mecanismos de
desvalorización, exclusión, discriminación y explotación a las que son
sometidas las mujeres por el sólo hecho de serlo.
Los asesinatos
abarcan a niñas y mujeres de diferentes edades, condiciones socioeconómicas y
educativas. La mayor parte de ellas no pertenecía a círculos sociales
delictivos y fueron cometidos por conocidos y desconocidos. Los asesinatos de
niñas y mujeres han sido perpetrados en entidades federativas con distintos
grados y tipos de desarrollo y encuadre social y cultural, en municipios
urbanos y rurales, zonas metropolitanas y suburbanas, regiones fronterizas del
sur y del norte, y también en zonas del centro del país. En esta diversidad,
sin embargo, son asesinadas mayoritariamente niñas y mujeres con alto grado de
inseguridad, vulnerabilidad vital y nula protección social e institucional, en
zonas de devastación social donde predominan la inseguridad, el delito, una convivencia
marcada por la ilegalidad, los poderes fácticos, el desbordamiento de las
instituciones y la ruptura del Estado de derecho.2 / 4 En la mayor parte de las
entidades federativas en que hay focos rojos de asesinatos de niñas y mujeres
es muy alto el de hombres; en ese sentido, es alarmante la situación de
inseguridad prevaleciente y la violencia está en todas partes.
Patti Smith, a sus
71 años, sigue reivindicando la igualdad de la mujer con la misma rabia que la
primera vez que se subió a un escenario.
«El abuso no es un
problema feminista, sino un problema de todos». Así de tajante se mostraba
Patti Smith en una rueda de prensa ante un grupo de periodistas argentinos, a
principios de 2018. La cantante y poetisa de Chicago, a sus 71 años, no solo
derrama sus reivindicaciones en himnos universales como People have the power,
una canción que empoderaba a los ciudadanos frente a los abusos políticos y
financieros de finales de los ochenta, sino que aprovecha cada entrevista para
decir lo que le repatea. Y hoy, en la era del #MeToo y ante las terribles cifras de mujeres asesinadas -200 cada día en todo el
mundo-, la autora dedica su repercusión, casi mesiánica, a pulverizar los
abusos machistas.
Patti Smith
siempre ha subrayado su lado feminista, no necesariamente con la palabra, sino
muchas veces, con hechos. La poetisa, animada por su pareja de entonces, el
fotógrafo Robert Mapplethorpe, cogió una guitarra española para musicar sus
versos, y ese fue el inicio de una carrera meteórica que aún hoy destella. Y,
de una forma inconsciente, con la ingenuidad del underground auténtico, tuvo un
papel decisivo en el punto de inflexión de la historia del rock, hasta
entonces, dominado por hombres.
A ese nuevo rumbo
se le llamó punk. El primer disco de Patti Smith, Horses, se publicó en 1975,
cuando la psicodelia languidecía y el rock and roll hastiaba, apolillado. Los
Ramones fraguaban sus primeros éxitos en Estados Unidos aporreando sus
instrumentos, en Inglaterra Sid Vicious se desgañitaba al frente de los Sex
Pistols y Joe Strummer hacía lo propio con The Clash, inconscientes de que se
iban a convertir en iconos y millonarios. Y justo ahí, cuando ebullía el punk,
Patti Smith encontró su sitio en ese nuevo estilo de rock inmediato y
desacomplejado. No solo supuso una bendición musical. También desterró el
machismo histórico y pertinaz del rock desde sus inicios.
Hagamos un inciso.
Patricia Ann Cole, alias P.P. Arnold, es una excelsa cantante de soul de Los
Ángeles que tuvo un acto de valentía en los años sesenta: cuando su marido le
pegó el primer puñetazo, hizo su maleta y se largó a recorrer el mundo, como
corista de Tina Turner. En aquella época, ser mujer y feminista era mucho más
complicado todavía que ahora, y Cole era negra en Estados Unidos, lo que añadía
mérito a su arrojo. La crítica se rindió ante la poderosa voz de la cantante, y
no solo: estrellas como Mick Jagger, David Bowie o Roger Waters también se
derretían con su manera de interpretar. Y Cole se fue de gira con todos ellos.
Como corista. Solo grabó un disco en solitario con la Motown, y la discográfica
nunca llegó a publicarlo. Hace un año se rescató, casi medio siglo después,
pero ha pasado desapercibido en la inmensidad de Spotify.
Volvamos a Patti
Smith. Experiencias como la de P.P. Arnold le dan más mérito aún a la poetisa.
En un mundo en que las grandes voces femeninas, si no estaban relegadas a
corear a estrellas masculinas terminaban, con suerte, en la dulcificación
cantautora de Joan Baez o Karen Carpenter, ella salía al escenario trajeada
como su adorado Rimbaud, eclipsaba a su banda de músicos-hombres y arrollaba al
respetable con punk del bueno, fuerte, áspero, reivindicativo, sin menoscabar
su poso poético.
Hay que decir en
favor de sus compañeros de ola, grupos masculinos como los mencionados arriba y
otros como The Dictators, que si bien adoptaban actitudes que cosificaban a la
mujer (y que recuerdan a lo que tanto se le reprocha a los estilos boyantes de
hoy, el reguetón y el trap), no era más que una pose post adolescente, porque
en el fondo vieron como algo completamente normal que mujeres como Deborah
Harry, de Blondie, o la propia Patti Smith compartieran aquel pastel de
creatividad rabiosa y reivindicativa. Al fin y al cabo, se trataba de que las
clases bajas gritaran a las altas que hasta aquí hemos llegado. Y, cuantas más
voces, mejor.
Patti Smith
consiguió que la suya destacara sobre las del resto. Y hoy, a sus 71 años, lo
sigue haciendo. También cuando se baja del escenario: «La mujer tiene que ser
lo suficientemente fuerte para pedir el espacio que necesita, y el hombre tiene
que ser lo suficientemente fuerte para dárselo».
Nació en Vivero
(Lugo), en 1902. En 1922 se traslada con su familia a Madrid. Estudia en la
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde coincide con Salvador
Dalí, que le presenta el ambiente del surrealismo y de la Generación del
27, de quien fue una de las grandes exponentes. Ilustra algunas obras de Rafael
Alberti, como “La pájara pinta”. En 1927 conoce a Ortega y Gasset y colabora
como ilustradora en la “Revista de Occidente”.
Su primera
exposición individual se celebra en los salones de dicha publicación con gran éxito. En
los años 30 viaja a París, donde hace contacto con figuras como André Bretón, y
su obra se sumerge de lleno en el surrealismo. De vuelta en España,
trabaja como profesora. Con el inicio de la Guerra Civil, se exilia a
Argentina. En 1939 pinta su obra más importante: “El canto de la espiga”.
En la década de los 60, más de 20 años después vuelve a España. Murió en
Madrid, en cierto anonimato, en 1995.
Maruja Mallo y
la Generación del 27
No es extraño
que al googlear sobre la generación del 27 aparezcan una y otra vez los
mismos reconocidos nombres, todos hombres. Por eso tal vez no
conozcas a un grupo de mujeres quienes fueron vitales e importantes para
la generación del 27. Este curioso nombre con el que se conoció al grupo de
artistas se relaciona con la Escuela de Bellas Artes de San Fernando,
donde coincidieron Salvador Dalí y Maruja Mallo. El
nacimiento de estos poetas en fechas cercanas, el compañerismo y la amistad que
se profesaron, la influencia y el intercambio cultural entre ellos hicieron que
Dámaso Alonso divulgara la expresión Generación del 27 que se quedaría para
siempre en los libros de historia de España y del mundo . La fecha también
hace referencia a acontecimientos significativos. En 1927 se conmemoró el
tercer centenario de la muerte de Góngora, y un acto celebrado en el Ateneo de
Sevilla reunió a la mayoría de los miembros del grupo.
Una de las
razones por la que aquellos otros nombres estrechamente unidos al grupo,
como el de maruja Mallo, no aparezcan estrechamente unidos a la
generación del 27 aun a pesar de haberlo estado, fue porque la Guerra
Civil motivó su muerte o los obligó al exilio. Pero además de la fatídica
guerra que acaba con todo a su paso, también debemos saber que era un momento
de la historia donde ser mujer en las artes no era fácil y se les daba una
intensa prioridad a los creadores hombres.
Las Sinsombrero
Según contaba
Mallo, un día pasearon por la Puerta del Sol madrileña sin sombrero,
porque parecía que esta prenda les nublaba las ideas. Este atrevido paso
para su época les hizo sufrir insultos, gritos y pedradas de los viandantes. Y
así fue como estas artistas e intelectuales con un punto transgresor recibieron
el nombre de las Sinsombrero, con el que se las conocería para siempre. Y
ellas, aunque menos célebres, estuvieron tan implicadas en los movimientos
culturales de la Generación del 27 como sus compañeros masculinos.
Madrid fue
la ciudad donde la gran mayoría de ellas residieron, estudiaron y desarrollaron
su actividad artística. Abiertas a nuevos conceptos de modernidad y a las
corrientes de vanguardia que provenían de Europa, fueron también las
recuperadoras de la tradición popular. Profundamente comprometidas con su tiempo
y su realidad social, su actitud fue rompedora y abierta, transformando el
panorama cultural y artístico de una España convulsa.
Entre los
nombres que podemos destacar del grupo de artistas e intelectuales, destacan
las ya nombradas Maruja Mallo y Margarita Manso, y junto a ella, no nos podemos
olvidar de Rosa Chacel, Concha Méndez, Josefina de la Torre, Marga Gil, María
Teresa León, Ernestina de Champourcín, y un largo etcétera.
Sus
aportaciones están todavía poco estudiadas y, en su gran mayoría, han quedado
al margen de las antologías y los manuales de arte y literatura hasta nuestros
días. Por eso, estas mujeres adelantadas a su época merecen su lugar en
la historia, ya que se dedicaron a labores como la pintura, la novela, la
ilustración, la escultura y el pensamiento con gran éxito y talento. De hecho,
gozaron de presencia y aceptación nacional e internacional.
El exilio
Mallo fue una
mujer libre, culta, y sumamente independiente que consiguió sus objetivos
saltándose cualquier obstáculo y enfrentándose a todo lo que se le oponía y que
logró destacar en la vida cultural y artística española, legándonos una obra
que aún no ha sido valorada como se merece. Y es que Maruja pasó por un
exilio de más de 20 años. América fue entonces su gran descubrimiento,
llega a buenos aires llena de vida y de ideas, y es recibida en un ambiente que
la inspiró profundamente. Se incorpora a los ambientes intelectuales lleva una
vida social muy activa e intensa, dando conferencias, realizando exposiciones,
colaborando en la famosa revista de vanguardia «Sur», (en la que también
participaba Borges), diseña objetos de decoración para la prestigiosa casa
Compte y como ilustradora en la revista Atlántida.
Su estilo
pictórico evoluciona y pasa del constructivismo a una pintura más original y
fresca. El 28 de Abril de 1937 es invitada por la Asociación de Amigos del Arte
de Montevideo para pronunciar su conferencia “Proceso histórico de la forma de
las Artes Plásticas”, que también la impartirá en la sede de la Agrupación de Intelectuales,
artistas, periodistas y escritores (AIAPE) de Buenos Aires. Por esa misma
época envía al diario “La Vanguardia” de Barcelona su escrito “Relato veraz de
la realidad de Galicia” donde la pintora hace una conmovedora narración
de los hechos que había presenciado durante la Guerra Civil en Galicia y
donde expone una intensa crónica de la tragedia que asoló a su patria y
las razones de su voluntario exilio que comenzó en Lisboa con Gabriela Mistral
como embajadora de Chile.
Maruja fue una
viajera inalcanzable, viaja por todo el continente americano, recorriendo
las playas bañadas por el océano, desde Copacabana a Tierra de Fuego; desde los
Andes a la isla de Pascua junto a Pablo Neruda al que había conocido en Madrid
en 1934, fueron grandes amigos.
La pintora
vivió una agitada vida social y cultural hasta 1945. Ese año, comienza a sentir
melancolía y cansancio que la llevó a una vida más recogida y discreta con
notorias escapada a los Estados Unidos. En marzo de 1947 viaja a Nueva
York y al año siguiente su “Cabeza de Negra” es la ganadora del I Premio
Pictórico de la II Exposición Neoyorquina; en noviembre de ese año también
expone en la Carrol Gallery Carstairs.
De regreso a
España
Con la llegada
de Perón al poder, vuelve a sentirse prisionera y su inspiradora libertad la
hace volver a España con la esperanza de ver a su patria y a su legado
reconstruidos. Vende muchas de sus obras al joyero israelita Samuel Malá,
que las expone en sus joyerías de Buenos Aires, Chile, París y Nueva York. Aunque
regresa a Madrid en 1961 cuando la sala Mediterráneo presenta una exposición
antológica de su obra, es en 1965 cuando Maruja Mallo abandona
definitivamente América, alejándose de aquellos paraísos donde había visto la
luz todo su poder y libertad. A su regreso a España, se encontró con un país
que la había olvidado y a pesar de ello fue capaz de recuperar su prestigio.
En Madrid se
establece primero en el hotel Emperatriz hasta que encuentra un apartamento en
la calle Núñez de Balboa nº 105; se encuentra una ciudad gris en la que no
encontraba mucha diferencia con la España que había tenido que dejar hacía casi
tres décadas. Pronto se reintegra en los círculos artísticos, continúa
pintando, asiste a tertulias y exposiciones y conecta con la juventud que como
ella decía siempre tienen la razón.
Durante la
década de los setenta, se dedica a una paulatina “operación de rescate” de su
obra, que se encontraba dispersa y participa en varias exposiciones sobre la
pintura española de la vanguardia.En Enero de 1978 se suceden una serie de
exposiciones colectivas en Madrid donde Maruja participa: Museo de Arte
Contemporáneo organiza la “Generación del 27”; Galería Theo, “Homenaje a Joan
Miró”; la galería Skira: “Orígenes del Arte Contemporáneo”; La Galería Multitud
celebra en marzo:”Homenaje a Miguel Hernández”; pero la exposición que más
interés acaparó fue la que celebró la Galería Ponce de León titulada “Quince
pintores Marginales(1900-1948)” donde la pintora dio a conocer un cuadro de su
primera época “Elementos del deporte”.
A los setenta y
siete años aún conservaba esa frescura y vitalidad que la acompañaron
durante toda su vida, Castillo de Madrid le organiza una exposición
antológica de su obra, donde muestra por primera vez sus últimos cuadros que
pintaría en vida. En 1982 recibe la Medalla de Oro de Bellas Artes, concedida
por el ministerio de Cultura en reconocimiento a su labor pictórica;
Poco pudo
disfrutar de estos reconocimientos ya que en 1984 cae enferma y es ingresada en
la Clínica. Muere el 6 de febrero de 1995. Sus restos fueron
incinerados en el cementerio de la Almudena y sus cenizas fueron esparcidas por
la bahía de La Mariña lucense. Así pasó a formar parte de su universo favorito:
el acuático