Elvira Carrillo Puerto


 

ELVIRA CARRILLO PUERTO

La sufragista incansable

 

En 1923 se convirtió en una de las primeras mujeres mexicanas electas para desempeñarse como diputada en un congreso local. 

El reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres en México es resultado de una ardua batalla librada por loables luchadoras sociales que, contrario a lo que dictaba su época, abogaron por la igualdad de las mujeres frente a los hombres y se opusieron a que éstas fueran consideradas inferiores. 

Una de esas mujeres fue Elvia Carrillo Puerto (1821-1968), quien, influenciada a muy corta edad por el pensamiento de importantes feministas como Mary Wollstonecraft, tomó consciencia de las abrumadoras diferencias sociales entre hombres y mujeres, así como de la brecha de oportunidades y explotación padecidas por las poblaciones indígenas y campesinas de su natal Motul, Yucatán. 

El pensamiento político de Elvia Carrillo fue nutrido desde su juventud gracias a la influencia de su maestra Rita Cetina Gutiérrez, fundadora de la primera escuela secundaria para mujeres en Yucatán y de la organización feminista “La Siempre Viva”.

Luego de contraer matrimonio a los 13 años y de enviudar una década más tarde, Carrillo Puerto obtuvo cierta libertad que le permitió trabajar como maestra y taquimecanógrafa.

En 1909 se unió a la causa antirreeleccionista y su inquietud política por la igualdad de las mujeres la llevó a organizar en 1912 la “Liga Feminista Campesina Rita Cetina”, en la que se discutieron cuestiones sobre la propiedad de la tierra, jornadas de trabajo y educación de las mujeres. 

Para 1915 conoce al general Salvador Alvarado, quien fue nombrado gobernador de Yucatán por el presidente Venustiano Carranza. La afinidad política entre el gobernador y Carrillo Puerto los llevó a colaborar estrechamente, al lado de otras luchadoras, a favor de los derechos de las mujeres en la entidad. 

En 1916 tuvo una participación activa en los dos primeros congresos feministas del país realizados en Yucatán. Estos espacios representaron importantes oportunidades en el avance del debate sobre el derecho al voto de las mujeres. 

En 1919, Carrillo Puerto viajó por Yucatán con las “Ligas de Resistencia Feministas”, agrupaciones que hacían un llamado a las mujeres para organizarse en torno a diversos temas como el derecho al voto, el control de la natalidad y la libertad de las mujeres.

Para 1922, cuando su hermano Felipe Carrillo Puerto, con quien compartía convicciones políticas, fue nombrado gobernador de Yucatán, se le asignó una oficina en el edificio central del estado y organizó la “Liga Feminista Rita Cetina”, la cual tenía el propósito de incluir el debate del voto femenino en las cámaras legislativas. 

En 1923, Elvia Carrillo Puerto se convirtió en una de las primeras mujeres mexicanas electas para desempeñarse como diputada en un congreso local.

Sin embargo, no pudo ejercer plenamente sus actividades, pues tras el asesinato del gobernador Felipe Carrillo Puerto en enero de 1924, se anularon las elecciones y fue amenazada de muerte, razones por las que abandonó sus funciones. 

Elvira Carrillo escapó y se refugió en la Ciudad de México, donde siguió trabajando por el reconocimiento del derecho al voto de las mujeres. Esta sufragista falleció el 15 de abril 1968 en la Ciudad de México. 

La lucha y el legado de Elvia Carrillo Puerto obtuvo frutos cuando en 1947, en la presidencia de Miguel Alemán, se aprobó el derecho de la mujer a votar en las elecciones municipales; sin embargo, fue hasta 1953, durante el mandato del presidente Adolfo Ruiz Cortines, que por fin se reconoció el derecho de las mujeres a votar en todas las elecciones.

El empeño, lucha feminista e ideales políticos de igualdad y justicia social de Elvia Carrillo Puerto la llevaron a ser recordada en la posteridad como la “Monja Roja del Mayab”. 

Fuente: Gobierno de México




REMEDIOS VARO


 

REMEDIOS VARO libertad y surrealismo 

Remedios Varo se impregnaría durante su estancia en París del movimiento surrealista. La vanguardia alumbrada por André Bretón, -maestro y amigo de la pintora- germinaría en México, gracias a la sensibilidad y genialidad de la artista. 

Su tardía pero intensa actividad, durante el exilio en el país hispanoamericano, permitió que este periodo pictórico -vanguardia francesa de 1915, y cuya perspectiva trataba de alcanzar dimensiones psicológicas freudianas- comenzara a destacar entre las grandes obras plásticas de la época; y como resultado, Remedios Varo alcanzaría el prestigio internacional. La visión surrealista de esta autora haría nidos en las mentes de las figuras intelectuales de la década de los 50. 

Nacida en la provincia de Gerona y en el seno de una familia liberal, pudo cultivar sus inquietudes culturales, las cuales plasmaba en sus ilustraciones desde edad temprana.

Remedios estaría en contacto con diversas culturas gracias a la movilidad, que desde pequeña la llevaría a explorar nuevos mundos; desde su Gerona natal, Tánger (Marruecos), Madrid, París y Barcelona. 

Remedios se entregó al arte gracias al apoyo familiar. Una vez que se graduó de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se interesaría por la corriente surrealista que seducía a París. Tras una breve temporada en la metrópoli francesa, se asentó en Barcelona con su primer marido Gerardo Lizárraga; en donde se involucraría en el colectivo «Logicofobistas», «Este movimiento tenía por objetivo aunar el arte y la metafísica de un modo que desafiara a la lógica y a la razón», afirma la autora. 

Sin embargo, su pensamiento y actividades propias de la vanguardia la obligarían abandonar el continente, por el mismo desentendimiento entre los nacionalismos europeos.

«Cuando los nazis ocuparon Francia, Remedios fue detenida en su calidad de odiada surrealista, y cuando la liberaron decidió huir a la ciudad de México», a pesar de padecer problemas cardiovasculares, Remedios no escatimó en llevar una vida llena de emociones. Su naturaleza afortunadamente enamoradiza, sin afectarle «el que dirán» por su odisea sentimental, la llevaría a militar en cuerpo y alma con Benjamin Péret; a quien confiaría su destino en el exilio en México. 

«Conoció al poeta surrealista francés Benjamin Péret, con quien inició una relación amorosa. Ambos volvieron a París, donde se integraron en el movimiento surrealista junto con Leonora Carrington y André Breton, con quien Varo colaboró», Remedios Varo fue una mujer polífacética tanto en su vida creativa como profesional. A lo largo de su vida adulta, tanto en París como durante su exilio en México, se dedicaría principalmente a la ilustración publicitaria; aunque también encontraría una corta pero sólida experiencia en la ciencia, en el campo de la malariología. 

Los pasillos silenciosos de la injusticia. Lo que realmente la motivaba era aquella otra vida paralela, en la que armada de valor; plasmaba su propia introspección. Una obra pictórica, que aunque íntima -sin fines comerciales- denunciaba el submundo en el que obligaban a vagar a las mujeres; en los pasillos silenciosos de la injusticia social -o de género-. Sin embargo Remedios Varo dejaría involuntariamente un legado feminista -que aún sin bucles de violencia-, que permearía en la conciencia de la época y que junto a otros grandes intelectuales y artistas como: Octavio Paz, Leonora Carrington, Frida Khalo, Diego Rivera sumarían al gran contexto cultural de la década de los 50. De esta manera su inimitable personalidad y temática alumbrarían al surrealismo plástico en México.

«La artista sentía que -quizá debido a su sexo- no se le concedía el mismo estatus que a algunos de sus compañeros, sentimiento que reflejaría en su obra», añadió la autora de «Vidas extraordinarias». 

No obstante no sería al lado de Péret cuando su obra empezó a consolidarse. Tras separarse de su segunda pareja, encontraría el amor y mecenazgo en Walter Gruen; quien sería el gran soporte que permitiría a Remedios entregarse sin reservas a la pintura.

«Sus cuadros poblados de personajes andróginos que unas veces desempeñan actividades científicas, otras que se sitúan en entornos místicos y otras representan la supresión de las mujeres en el arte, empezaron a exponerse y venderse. Por desgracia la carrera de Varo se vio truncada al morir de un ataque al corazón, a la edad de 55 años. 

Fuente: ABC Historia






Lise Meitner


 

Lise Meitner y el descubrimiento de la fisión nuclear

Codescubridora de la fisión nuclear en 1938, la participación de Meitner fue ignorada por el jurado de los Nobel. La persecución racial, el miedo y el oportunismo se conjugaron para silenciar sus aportaciones. 

Meitner nació en Viena poco más de un año después de que la astrónoma pionera Maria Mitchell, quien allanó el camino para las mujeres en la ciencia al otro lado del Atlántico, advirtió a la primera clase de astrónomos: “Ninguna mujer debería decir: ‘¡No soy más que una mujer!’ ¡Pero una mujer! ¿Qué más se puede pedir que sea?” Aunque Meitner mostró un don para las matemáticas desde una edad temprana, había poca correlación entre la aptitud y la oportunidad para las mujeres en la Europa del siglo XIX. Al final de su larga vida, ella contaría, no con amargura sino con nostalgia: 

Pensando en … los tiempos de mi juventud, uno se da cuenta con asombro de cuántos problemas existían entonces en la vida de las niñas comunes y corrientes, que ahora parecen casi inimaginables. Entre los más difíciles de estos problemas estaba la posibilidad de una formación intelectual normal. 

La misma Sime, que pasó décadas como la única mujer en el departamento de su universidad, capta la necesidad cultural más amplia de contar la historia de Meitner: “Me conocían como la mujer que el departamento de química masculina no quería contratar; bajo tales circunstancias, uno se convierte, y sigue siendo, en una feminista”. Ella escribe sobre el ascenso de Sisyphean de Meitner a la estatura: 

Su escolarización en Viena terminó cuando tenía catorce años, pero unos años más tarde, la universidad admitió mujeres, y estudió física bajo el carismático Ludwig Boltzmann. De joven fue a Berlín sin las más mínimas perspectivas de futuro en física, pero nuevamente tuvo la suerte de encontrar un mentor y amigo en Max Planck y un colaborador en Otto Hahn, un químico de su edad. Juntos, Meitner y Hahn se hicieron un nombre en radioactividad, y luego, en la década de 1920, Meitner pasó, independientemente de Hahn, a la física nuclear, un campo emergente en el que fue pionera. En la comunidad de física de Berlín era, como le gustaba decir a Einstein, “nuestra Marie Curie”; entre los físicos de todas partes, era considerada como una de las grandes experimentadoras de su época … La joven, dolorosamente tímida, se había convertido en una profesora asertiva: “baja, oscura y mandona”, bromeaba su sobrino, y aunque a veces la atormentaba la inseguridad de su juventud, nunca dudó de que la física valiera la pena. 

Meitner nunca se casó ni tuvo hijos y, en lo que respecta a sus documentos personales, nunca tuvo un romance serio. Pero su vida era plena, animada por una profunda conexión humana: era una amiga excepcionalmente devota y se rodeaba de personas que apreciaba, en palabras de Meitner, como “grandes y adorables personalidades” que le proporcionaban un “acompañamiento musical mágico” en la vida. Sobre todo, estaba embrujada con la ciencia, tanto que pacientemente se deshizo de ella y eventualmente rompió todas las obstrucciones imaginables para perseguir su pasión.

Meitner llevó a cabo su primer experimento científico como una niña pequeña: una aplicación de la razón y el pensamiento crítico en un desafío empírico a la superstición. Sime retransmite el incidente emblemático:

Una vez, cuando Lise todavía era muy joven, su abuela le advirtió que nunca cosiera en el día de reposo, o los cielos se derrumbarían. Lise estaba bordando en ese momento y decidió hacer una prueba. Colocando su aguja en el bordado, metió solo la punta y miró ansiosamente al cielo, hizo una puntada, esperó de nuevo, y luego, satisfecha de que no hubiera objeciones desde arriba, contenta continuó con su trabajo. Junto con los libros, las caminatas de verano y la música, cierto escepticismo racional era una constante de los años de infancia de Lise. 

Dado que su educación formal había terminado a la edad de catorce años, Meitner pasó algunos años reprimiendo sus ambiciones científicas. Pero ellas ardieron en ella con un ardor irreprimible. Finalmente, cuando las universidades austriacas comenzaron a admitir mujeres en 1901, obtuvo su certificación de escuela secundaria a la edad de veintitrés años luego de comprimir ocho años de lógica, literatura, matemáticas, griego, latín, botánica, zoología y física en veinte meses de estudio para tomar el examen que la calificaría para la universidad. Recibió su Ph.D. en 1905, una de las pocas mujeres en el mundo que logró un doctorado en física en ese momento. 

Pero cuando Meitner, de 29 años, viajó a Berlín, con la esperanza de estudiar con el gran Max Planck, parecía haber ingresado en una máquina del tiempo: las universidades alemanas aún tenían las puertas firmemente cerradas para las mujeres. Tuvo que pedir un permiso especial para asistir a las conferencias de Planck.

En el otoño de 1907, conoció a Otto Hahn, un químico alemán cuatro meses menor que ella, tan interesado en la radioactividad como ella y sin oposición para trabajar con mujeres. Pero a las mujeres se les prohibió ingresar, y mucho menos trabajar en el Instituto Químico de Berlín, así que para colaborar, Meitner y Hahn tuvieron que trabajar en una antigua carpintería convertida en laboratorio en el sótano del edificio. A Hahn se le permitió trepar por los pisos, pero Meitner no lo hizo, un hecho difícil que se deriva de la metáfora.

Los dos científicos se llenaron mutuamente las lagunas con sus respectivas aptitudes: Meitner, entrenada en física, era una matemática brillante que pensaba conceptualmente y podía diseñar experimentos muy originales para poner a prueba sus ideas; Hahn, entrenado en química, destacaba en el puntillosos trabajo de laboratorio. Durante los treinta años que colaboraron, Meitner y Hahn surgieron como pioneros en el estudio de la radioactividad. Eventualmente, Meitner se independizó de Hahn, publicó cincuenta y seis artículos por su cuenta entre 1921 y 1934. 

Pero a medida que su carrera despegaba, los nazis comenzaron a usurpar Europa. El tercer colaborador de Meitner y Hahn, un científico junior llamado Fritz Strassmann, ya se había metido en problemas por negarse a unirse a las organizaciones nazis. En 1938, justo cuando los tres científicos realizaban sus experimentos más visionarios, las tropas nazis marcharon hacia Austria. Meitner se negaba a ocultar su herencia judía. Su única opción restante era irse, pero los nazis ya habían promulgado leyes antisemitas que prohibían que los profesores universitarios salieran del país. El 13 de julio, con la ayuda de Hahn y algunos otros amigos científicos, Meitner escapó por la frontera holandesa. De Holanda, emigró a Dinamarca, donde se quedó con su amigo Niels Bohr. Finalmente encontró un hogar permanente en el Instituto Nobel de Física en Suecia. (Tres siglos antes, Descartes, campeón supremo de la razón, también había huido a Suecia para evitar la Inquisición después de presenciar el juicio de Galileo). 

Ese noviembre, Hahn y Meitner se encontraron secretamente en Copenhague para discutir algunos resultados desconcertantes que Hahn y Strassmann habían obtenido: después de bombardear el núcleo de un átomo de uranio (número atómico 92) con un solo neutrón, habían terminado con el núcleo de radio (atómico número 88), que actuaba químicamente como el bario (56), un elemento con casi la mitad del peso atómico del radio, una transmutación aparentemente mágica que no tenía sentido físico. Que un pequeño neutrón moviéndose a baja velocidad desestabilizara y destruyera algo tan robusto como un átomo, derribando su número atómico y alterando su comportamiento químico, parecía tan mítico como David derrotando a Goliat con una honda. 

En ese momento, Hahn era uno de los mejores radioquímicos del mundo y Meitner una de los mejores físicos del mundo. Ella le dijo inequívocamente que su reacción química no tenía sentido en términos físicos y lo instó a repetir el experimento.

Meitner misma continuó reflexionando sobre la perplejidad. La epifanía llegó el día de Navidad, durante una caminata con su sobrino y colaborador, Otto Robert Frisch. Al relatar la ocasión en sus memorias, Frisch inadvertidamente proporcionaría la metáfora más perfecta de cómo las mujeres progresan en la ciencia en relación con sus pares varones:

Caminamos arriba y abajo en la nieve, yo en esquís y ella a pie (dijo y demostró que podía hacerlo igual de rápido). 

Al dar sentido a los resultados sin sentido, Meitner y Frisch propusieron lo que llamarían fisión nuclear, una palabra que se usa por primera vez en el séptimo párrafo del artículo que publicaron el mes siguiente. La idea de que un núcleo puede dividirse y transformarse en otro elemento fue radical; nadie lo había entendido antes. Meitner había proporcionado la primera comprensión de cómo y por qué sucedió esto. 

La fisión nuclear demostraría ser uno de los descubrimientos más poderosos y peligrosos en la historia de la humanidad, un poder que sucumbió a nuestras capacidades dobles para el bien y el mal: fue fundamental para la invención del arma más letal en la historia de la humanidad, la bomba atómica. De hecho, más adelante en la vida me refirieron cruelmente a Meitner como “la madre judía de la bomba atómica”, aunque su descubrimiento fue puramente científico, fue anterior a esta aplicación malévola en muchos años, y una vez que la vio puesta en práctica con fines destructivos, se negó rotundamente a trabajar en la bomba. Ella, como el resto del mundo, vio la bomba como un grave punto de inflexión para la humanidad. Años más tarde, emitiría un lamento agridulce para la época que terminó con su invención: 

Uno podía amar su trabajo y no atormentarse por el miedo a las cosas horribles y malévolas que las personas podrían hacer con hermosos hallazgos científicos.

El descubrimiento de la fisión en sí fue un ejemplo supremo de estos hermosos hallazgos científicos: un triunfo del intelecto humano sobre los misterios de la naturaleza, así como un testimonio de la interpretación como un acto creativo. Los resultados empíricos sin sentido fueron de Hahn, pero lo que extrajo significado de ellos fue la interpretación de Meitner: ella había descubierto, en el sentido propio de descubrir algo oculto a la vista, el principio subyacente que daba sentido a la gran perplejidad. 

Hahn tomó su visión innovadora y corrió con ella, publicando el descubrimiento sin mencionar su nombre. No importa si sus motivos fueron celos personales o la cobardía política de enfurecer a las autoridades nazis: el hecho es que Meitner se sintió profundamente traicionada por la injusticia. Escribió a su hermano Walter:

No tengo confianza en mí misma … Hahn acaba de publicar cosas absolutamente maravillosas basadas en nuestro trabajo en conjunto … por mucho que estos resultados me hagan feliz por Hahn, tanto personal como científicamente, mucha gente aquí debe pensar que no contribuí absolutamente con nada, y ahora estoy tan desanimada

En 1944, el descubrimiento de la fisión nuclear recibió el Premio Nobel de Química, solo para Hahn. Sime escribe: 

La distorsión de la realidad y la supresión de la memoria son temas recurrentes en cualquier estudio de la Alemania nazi y sus consecuencias. Según cualquier estándar normal de atribución científica, no habría habido dudas sobre el papel de Meitner en el descubrimiento de la fisión. Pues queda claro en el registro publicado y en la correspondencia privada que este fue un descubrimiento al que Meitner contribuyó de principio a fin -un descubrimiento inherentemente interdisciplinario que, sin duda, habría sido reconocido como tal, de no ser por la emigración forzada de Meitner.. Pero nada sobre este descubrimiento quedó intacto para la política de Alemania en 1938. Las mismas políticas raciales que expulsaron a Meitner de Alemania hicieron que fuera imposible que fuera parte de la publicación de Hahn y Strassmann, y peligroso para Hahn reconocer sus lazos continuos. Unas semanas después de que se hizo el descubrimiento, Hahn lo reclamó solo por química; en poco tiempo, él reprimió y negó no solo su colaboración oculta con un “no ario” en el exilio, sino también el valor de casi todo lo que ella había hecho antes. Fue autoengaño, provocado por el miedo. La deshonestidad de Hahn distorsionó el registro de este descubrimiento y casi le costó a Lise Meitner su lugar en su historia. 

Meitner recibió innumerables elogios en su vida e incluso tuvo un elemento químico, meitnerium, póstumamente llamado así, pero el desaire nunca fue corregido. A pesar de todos los obstáculos imaginables puestos ante ella en la búsqueda de una educación científica, ella había sobrevivido a la persecución nazi, y había soportado la angustia del exilio, consideraba que la omisión del Nobel era la pena más irredimible de su vida. Sime escribe: 

Excepto por unas breves declaraciones, ella no hizo campaña en su propio nombre; no escribió una autobiografía, ni autorizó una biografía durante su vida. Pocas veces habló de su lucha por la educación y la aceptación, aunque la inseguridad y el aislamiento de sus años formativos la afectaron profundamente más adelante. Y casi nunca hablaba de su emigración forzada, carrera destrozada o amistades rotas. Habría preferido que los elementos esenciales de su vida se obtuvieran de sus publicaciones científicas, pero sabía que en su caso eso no sería suficiente.[…]

Científica como era, conservó sus datos. Su rica colección de documentos personales, además del material de archivo de otras fuentes, proporciona la base para una comprensión detallada de su trabajo, su vida y el período excepcionalmente difícil en el que vivió.

Sime considera las implicaciones más sistémicas del caso de Meitner:

Insistir en que Meitner no contribuyó en nada al descubrimiento de la fisión, implicar que Meitner y Frisch habían recibido una ventaja injusta eran formas de negar que había sido tratada injustamente y, en un sentido más amplio, de negarse a enfrentar la injusticia y los crímenes del período nazi. En lugar de reconocer que la exclusión de Meitner de la fisión era política, Hahn y sus seguidores inventaron razones científicas espurias para ello. Arrogantemente, y con un orgullo nacional fuera de lugar, negaron la injusticia, crearon una nueva injusticia y se implicaron. 

Dada la cámara de resonancia de la opinión interpretativa que llamamos historia, la opinión de Hahn se hizo eco rápidamente por sus seguidores y, a su vez, por generaciones de periodistas y comentaristas acríticos sobre la historia de la ciencia. La exclusión del Nobel fue la más obvia, pero el borrón atroz del legado de Meitner no terminó ahí. El aparato de fisión -el mismo instrumento que había utilizado en su laboratorio de Berlín para hacer sus descubrimientos- se exhibió en el museo de ciencia de estreno de Alemania durante treinta y cinco años sin siquiera mencionar su nombre. 

Esto, por supuesto, estaba lejos de la última vez que una mujer fue excluida de un Premio Nobel por un descubrimiento que hizo o hizo posible con su importante contribución: es, quizás el más famoso, el descubrimiento de púlsares de Jocelyn Bell Burnell, por no decir nada de Vera Rubin, cuya confirmación de la existencia de la materia oscura proporcionó un gran salto en nuestra comprensión del universo y, sin embargo, décadas después sigue sin un Nobel. Pero como la física y novelista Janna Levin escribió en su excelente artículo de opinión de NPR sobre las debilidades de la aclamación científica, “los científicos no dedican sus vidas a la investigación a veces solitaria, angustiosa y agotadora de un universo austero porque quieren un premio”. 

Meitner misma expresó el mismo sentimiento en un discurso que dio en Viena a la edad de 75 años:

La ciencia hace que la gente alcance desinteresadamente la verdad y la objetividad; enseña a las personas a aceptar la realidad, con asombro y admiración, por no mencionar la profunda alegría y admiración que el orden natural de las cosas le brinda al verdadero científico.

Meitner murió en paz mientras dormía el 27 de octubre de 1968, días antes de cumplir noventa años. Otto Robert, uno de sus más queridos amigos, eligió la inscripción para su lápida:

Lise Meitner: una física que nunca perdió su humanidad.

Fuente: Enlace judío




Hipatia de Alejandría


 

Hipatia de Alejandría 

Hipatia fue la primera mujer filósofa neoplatónica helenista, astrónoma y matemática, que vivió en Alejandría, Egipto, entonces parte del Imperio Romano de Oriente. Era la directora de la escuela Neoplatónica en Alexandria, donde enseñó filosofía y astronomía. Ella es la primera mujer matemática cuya vida está razonablemente bien registrada. 

Hipatia nació en Alejandría, Egipto. Su padre, Teón de Alejandría, fue un importante filósofo y matemático que se dedicaba a la investigación y a la enseñanza en el Museo de Alejandría. De su madre no se tienen datos. Teón quiso que su hija recibiera una educación científica muy completa por lo que se educó en el propio Museo y formó parte de él hasta su muerte. 

Pese a ser una mujer llena de atributos físicos e intelectuales, rechazó casarse, para poder dedicarse por completo a la ciencia. Se especializó en varias disciplinas: filosofía, matemáticas, astronomía y música. Trabajó enseñando sus conocimientos en el Museo de Alejandría e incluso llegó a dirigirlo alrededor del año 400.

Escribió libros sobre geometría, álgebra y astronomía y mejoró el diseño de los primitivos astrolabios. Realizó cartografía de los cuerpos celestes, confeccionando un planisferio, y mostró interés por la mecánica. 

En aquella época existía un problema de poder entre la iglesia y el Estado, Hipatia se inclinaba por el Estado y por tener pensamientos liberales y puntos de vista filosóficos y científicos avanzados por lo que fue vista como una mujer pagana y fue foco de disturbios entre cristianos y no cristianos. 

El nuevo obispo de Alejandría, Cirilo la tachó de bruja, y se cree que fue quien la mandó matar en 415, Hipatia fue golpeada, desnudada, violada, arrastrada por la ciudad y asesinada por los parabolanos, un grupo de monjes integristas, ya que se sentían amenazados por su conocimiento y pensamiento. Este acontecimiento llevó a Alejandría a decaer. 

La mayor contribución de Hipatia a la ciencia fue por medio de su trabajo como matemática, principalmente en el área de álgebra. Escribió una versión comentada de la Aritmética de Diofanto. Fue autora de una versión “simplificada” de las Cónicas de Apolonio, la cual resumió en 8 libros y asistió a su padre en la revisión de los Elementos de Euclides, edición que es utilizada en la actualidad. 

Realizó una importante mejora del astrolabio lo que mejoró su uso en astronomía esférica. Hipatia también desarrolló un aparato que fue utilizado para destilar agua, otro para medir el nivel del agua y un hidrómetro para medir la densidad de un líquido. Todos estos aparatos estaban basados en el trabajo previo de Arquímedes. 

Hipatia siempre buscó la forma de defender su pensamiento y la filosofía como sujetos ajenos al dogma y a las religiones. Nunca aceptó chantajes por parte de los cristianos. Definitivamente podemos decir que fue una gran mujer que supo aunar en un solo ser, pensamiento, ciencia y libertad, ya que para ella en el movimiento de las ideas se fundamentaba en la esencia de la filosofía y en el camino a la libertad individual. También, siguiendo su pensamiento formó parte de la élite pagana manteniéndose fiel a sus antiguas ideas y creencias clásicas. 

El trabajo que realizó Hipatia se perdió hace muchos años atrás. Sin embargo, en las cartas de Sinesio de Cirene, se encuentran registros de que ella elaboró y construyó un astrolabio, un hidroscopio y un hidrómetro, lo que refleja su inteligencia, su capacidad y creatividad tecnológica y su interés por la astronomía. 

Su labor investigadora fue plasmada en numerosos manuscritos, como por ejemplo los “Comentarios a la Aritmética de Diofanto” quien fue considerado el padre del álgebra y la aritmética y cuyos trabajos se centraron en ecuaciones algebraicas y teoría de números. Otros de sus importantes aportes en el área de las matemáticas fue la edición de “los elementos de Euclides” que encierra un tratado de geometría. 

Su filosofía se fundamentaba en la escuela neoplatónica, en una sociedad que basaba el pensamiento en el descubrimiento del cosmos como un universo ordenado por leyes. El pensamiento para ella era el método ideal para conocer la verdad y mejorar el conocimiento. 

Apoyaba la igualdad de género y las mismas condiciones tanto para hombres como para mujeres, creía que las personas debían tener independencia cultural, clase social y género porque todas tenían un alma. 

La importancia de Hipatia radica principalmente en que fue una de las primeras mujeres de la historia que contribuyó al desarrollo de las matemáticas. Hipatia, logró destacar entre aquel grupo de sabios que rivalizaban en la astronomía, filosofía, matemáticas y otras ciencias. A ella acudían estudiantes de todo el mundo, y de todas las religiones. Enseñó matemáticas, astronomía, filosofía y mecánica y llegó a ocupar la cátedra de Filosofía de Plotino. 

Se hizo muy famosa y fue conocida como” la filósofa”. Sus trabajos científicos fueron de gran importancia como, por ejemplo, sus comentarios al III libro del Almagesto influyendo en las teorías copernicanas. Además, construyó el astrolabio y un hidrómetro para medir la densidad del agua. 

Fuente: EUSTON




Adrienne Rich


 Adrienne Rich, poeta venerada del feminismo

Analizó las divisiones instauradas en razón de sexo o raza

 Adrienne Rich muere a los 82 años en Santa Cruz, California, donde vivió desde 1976 en compañía de la también escritora y editora Michelle Cliff, quien desde 1970, tras la disolución de un matrimonio en el que había sido madre de tres hijos, sería su compañera hasta el final de su vida. Dentro del movimiento feminista fue una de sus más veneradas representantes y, gracias a sus brillantes ensayos y análisis críticos, una indiscutible y obligada referencia de las teorías y estudios sobre la mujer.

Inteligente y provocadora, era una de las poetas de mayor talento de EE UU y del panorama general de la poesía en lengua inglesa. Prestigiada y premiada desde sus inicios (W. H. Auden elogió y prologó su primer libro de poemas en 1951), recorrió sin embargo un largo camino de exploración poética y de autoanálisis existencial, cruciales en el cuestionamiento activo del patriarcado institucional, de la autoridad y la tradición literaria masculinas, convirtiéndose en una de las conciencias críticas más independientes y una de las voces femeninas más importantes de la historia.

Tras décadas de trabajo como escritora y activista comprometida, sus agudas reflexiones personales han articulado, con sorprendente precisión, problemas y cuestiones relativas a la liberación de la mujer reflexionando sobre su identidad y conciencia individuales, y sobre el papel de la escritura dentro de esos planteamientos. Su discurso poético y teórico mantiene un alto grado de atención crítica y lectora, pero es a partir de los años sesenta con Instantáneas de una nuera (1963) cuando se revela profundamente personal, capaz de romper todos los límites impuestos expandiendo el alcance de su obra. Ella misma se coloca en el centro de una irreprochable escritura deudora de una destacada tradición femenina, para crear una identidad y un lenguaje que, con manifiesto vigor e inteligencia, trascienden radicalmente su propia ideología. Rich lleva hasta sus últimas consecuencias ese eslogan surgido en el corazón del feminismo —lo personal es político—, teniendo muy clara la importancia radical que la experiencia personal de las mujeres desempeña como fuente y recurso para construir su futuro. Basta recordar su mítico libro en prosa Nacemos de mujer (1976), que es todavía uno de los mayores clásicos de la literatura femenina.

Una escritura siempre en primera persona, que relaciona conciencia y pensamiento. Prosa y poesía se muestran como el haz y el envés de un pensamiento donde la reflexión profunda del ensayo sostiene la realización explícita del poema. Esa coherente integridad entre pensamiento y acción se expresa en la corporeidad de un lenguaje ejemplo de compromiso incorruptible con el progreso y la conciencia de ser mujer. Su obra estudia y analiza las divisiones y dualidades instauradas en razón del sexo y la sexualidad, la raza o las creencias, poniendo en primer plano sus directas conexiones con el racismo, los prejuicios y la ceguera de clase o el antisemitismo. Aboga por equiparar el movimiento de los derechos civiles al de liberación de la mujer, y en uno de sus más famosos ensayos, Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, estudia la historia y la identidad lesbianas como elemento de ruptura de la cultura y la política heterosexuales, elaborando una perspectiva capaz de tener en cuenta todas las diferencias entre mujeres, hombres, lugares, épocas, culturas, condiciones, clases y movimientos a la hora de reconocer la experiencia individual en la esfera política. Vida y obra se hicieron inseparables en quien sabía que “una mujer que piensa duerme con monstruos”. Cuando le otorgaron en 1974 el Premio Nacional del Libro, y en desacuerdo con la política de Bill Clinton, lo rechazó en forma individual para recibirlo en nombre de todas las mujeres, junto con las nominadas poetas negras Alice Walker y Audre Lorde. Uno de los muchos ejemplos de honestidad y compromiso de quien demostró que la literatura todavía puede reclamarnos responsabilidades.

Fuente: El País




Olympe De Gouges


 Olympe De Gouges 

Marie Gouze, más conocida como Olympe de Gouges, fue una escritora francesa, autora, el año 1791, de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.

Nacida en Montauban, en una familia humilde. Se casó muy joven y quedó viuda en poco tiempo con un hijo a su cargo. En 1788 se trasladó a París donde se cambió el nombre y emprendió una carrera literaria redactando obras de teatro, a pesar de la escasa educación que había recibido. Con el dinero que ganaba, casi no podía mantenerse.

En 1789 se asomó a la Revolución Francesa defendiendo una monarquía moderada. Fue en este periodo cuando escribió un gran número de artículos, manifiestos y discursos (unos treinta en total). Su pensamiento propio de la Ilustración ya se había plasmado antes en algunas de sus obras de teatro como La esclavitud de los negros donde criticaba con dureza la esclavitud.

Admiraba en Mirabeau y en La Fayette. En 1791 escribió su famosa Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana como reacción a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que sólo reconocía la condición de ciudadanía a los hombres y dejaba a las mujeres en una situación de inferioridad. Su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana empezaba con las siguientes palabras:

¿"Hombre, eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta."
Siguiendo la línea de Montesquieu, defendió la separación de poderes sin contradecirse con el hecho de que en 1793 iniciara la defensa de Luís XVI y se opusiera a Robespierre i Marat.
Por sus ideas políticas fue guillotinada el 3 de noviembre de 1793 acusada de ser la autora de un cartel girondino. 

Fuente: Mujeres filósofas




Judith Butler


 

Judith Pamela Butler 

Judith Pamela Butler (Cleveland, 24 de febrero de 1956) es una filósofa posestructuralista judeo-estadounidense que ha realizado importantes aportes en el campo del feminismo, la filosofía política y la ética, habiendo sido una de las teóricas fundacionales de la teoría queer. 

(La teoría queer es un conjunto de ideas sobre el género y la sexualidad humana que sostiene que los géneros, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales no están esencialmente inscritos en la naturaleza biológica humana, sino que son el resultado de una construcción social, que varía en cada sociedad.) Se desempeña desde 1993 como profesora en la Universidad de California en Berkeley, formando parte del Departamento de Literatura Comparada y Estudios de la Mujer y el Programa de Teoría Crítica

Fue autora de El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad (1990) y (1993), en los que desafía las nociones convencionales de género y desarrolla su teoría de la performatividad de género. Estas obras significaron grandes aportes en los campos donde Butler se desempeña. Otros de sus trabajos tratan problemas relevantes para diversas disciplinas académicas, tales como la filosofía, la teoría literaria, el derecho, la sociología, la ciencia política, el cine y la literatura

A lo largo de los años, Butler ha apoyado a los movimientos sociales por los derechos LGBT y se ha pronunciado sobre muchos temas políticos contemporáneos, incluyendo críticas al sionismo, la política israelí, y sus efectos en el conflicto palestino-israelí

Editado en 1990, El género en disputa posicionó a la pensadora estadounidense, Judith Butler, como una de las filósofas más influyentes de la escena cultural contemporánea. Con este texto, la autora cuestionó el sexo como configuración natural y argumentó que el género es más bien una construcción social. Si bien no estuvo libre de tensiones con otros pensadores, el libro rápidamente se convirtió en una de las obras fundacionales de lo que se conoció como la “teoría queer” y los “estudios de género”, en tanto campos interdisciplinarios de análisis. 

Antes de la publicación de El género en disputa, “las ideas se dividían a grandes rasgos entre las que entendían al género como la interpretación cultural del sexo y aquellas que insistían en la inevitabilidad de la diferencia sexual. Ambas presuponían que el ‘sexo’, entendido como un elemento tributario de una anatomía que no era cuestionada, era algo ‘natural’, que no dependía de las configuraciones sociohistóricas”, comenta la socióloga y doctora en Estudios de Género, Leticia Sabsay, en uno de sus textos. Y agrega: “Butler plantea que el ‘sexo’ entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa del género. En otras palabras, que la idea del ‘sexo’ como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo del género”. 

Además, Butler introdujo otro de los temas que hicieron tambalear todo lo que se conocía hasta el momento y que disparó la teoría queer: el género como algo performativo. Es decir, el género como una "actuación" reiterada que se realiza en función de cierta convención social preexistente. “En la performatividad del género, el sujeto no es el dueño de su género, y no realiza simplemente la ‘performance’ que más le satisface, sino que se ve obligado a ‘actuar’ el género en función de una normativa genérica que promueve y legitima o sanciona y excluye. En esta tensión, la actuación del género que una deviene es el efecto de una negociación con esta normativa”, explica Sabsay. 

De algún modo, la obra de Judith Butler impuso una suerte de giro copernicano con el que los conceptos de sexo, identidad, género, política, performatividad, homosexualidad, heteronormatividad y deseo, entre otros, comenzaron a repensarse desde otras perspectivas. 

FuenteJudith Butler, 30 años de “El género en disputa” | Ministerio de Cultura




Virginia Woolf


 

Virginia Woolf 

La autora británica se ha convertido en un mito de la literatura y del feminismo. Pero la vida de Virginia Woolf estuvo marcada por la inestabilidad emocional y por varios intentos de suicidio. Al final, la autora acabó con su sufrimiento en 1941, tras arrojarse a las aguas del río Ouse.

 Josep Gavaldà

Considerada como una de las escritoras referentes del modernismo vanguardista del siglo XX y del movimiento feminista, a Virginia Woolf, nacida en Londres como Adeline Virginia Stephen el 25 de enero de 1882, le tocó vivir en un mundo de hombres. En una de sus obras, Una habitación propia, la autora llegó a preguntarse: "¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? Independencia económica y personal, o sea, una habitación propia".

La infancia de Virginia estuvo rodeada de intelectualidad por los cuatro costados. En su casa se respiraba arte, política y un ambiente tan liberal como complejo. A pesar de esto, fueron sus hermanos varones los únicos que pudieron estudiar en la Universidad, ya que se consideraba que las mujeres de la familia debían quedarse en casa para cuidar de su padre y, por lo tanto, ser educadas por un tutor. Los recuerdos de infancia de Virginia se enmarcan en sus visitas veraniegas a la zona de Cornualles donde su familia se trasladaba en verano. La casa familiar tenía unas fantásticas vistas a la playa y al faro, algo que posteriormente, en 1927, la autora reflejaría en su obra Al faro, cuya portada estaría ilustrada por su hermana Vanessa, una de las introductoras del impresionismo en Inglaterra. 

A los trece años, Virginia sufrió un duro golpe del cual no se recuperaría jamás. El 5 de mayo de 1895 su madre murió repentinamente a causa de una fiebre reumática. Este hecho provocó en Virginia su primera crisis depresiva. A esto se unió, dos años más tarde, la muerte de su hermana Stella. Pero esto no fue lo único por lo que tuvo que pasar Virginia. En una obra autobiográfica, la autora desliza que tuvo que soportar abusos sexuales por parte de dos de sus hermanastros (hijos de un matrimonio anterior de su madre) y que a raíz de ello jamás pudo dejar de sentir desconfianza hacia los hombres y desarrolló una visión romántica de las mujeres. En 1905, su padre murió de cáncer, y antes de que Virginia hubiera cumplido los 23 años ya se había intentado suicidar. A pesar de no haberlo conseguido, sufrió una fuerte crisis nerviosa por la que tuvo que ser ingresada durante un tiempo. 

Tras la muerte de su padre, Virginia y tres de sus hermanos, Vanessa, Adrian y Thoby, se trasladaron a Bloomsbury, en la zona oeste de Londres. Convertida en centro de reunión para un grupo elitista de intelectuales británicos, por su casa pasaron figuras de la talla del economista John Maynard Keynes, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, escritores como T. S. Eliot o la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst. Todos ellos formaron el grupo conocido como "Círculo de Bloomsbury". Las reuniones que se llevaban a cabo en la casa abrieron un nuevo mundo para Virginia, que de pronto se vio rodeada de ideas sobre la igualdad, el feminismo, la aceptación de la homosexualidad y la bisexualidad, el amor por el arte, el pacifismo y el ecologismo.

 

Hoy en día se considera que Virgina Woolf padeció un trastorno bipolar con fases depresivas severas. A pesar de que la inestabilidad mental de la joven era importante, en agosto de 1912 se casó con el teórico político, escritor, editor y antiguo funcionario público británico, Leonard Woolf. Los trastornos más graves que padeció Virgina los sufriría entre los años 1913 y 1915. El 9 de septiembre de 1913, Virginia ingirió cien gramos de veronal, en otro intento por quitarse la vida. 

En 1925, Virginia lograría un gran éxito con la publicación de su novela La señora Dalloway. La obra nos cuenta un día en la vida londinense de Clarissa, una dama de alta alcurnia casada con un diputado conservador y madre de una adolescente. La historia comienza una soleada mañana de 1923 y termina esa misma noche, cuando empiezan a retirarse los invitados de una fiesta que se celebra en la mansión de los Dalloway. Aunque en el transcurso de la jornada sucede un hecho trágico: el suicidio de un joven que había vuelto de la guerra psíquicamente perturbado. Lo más destacable de la obra radica en el modo de narrar la historia, ya que los hechos se cuentan desde el punto de vista de los personajes de un modo íntimo. Ese año, Virginia conoció a la también escritora Vita Sackville-West, con la que mantuvo una relación amorosa. Vita también estaba casada y aunque la relación entre ellas acabó sin que se separasen de sus respectivos maridos, la amistad entre ambas mujeres se mantendría durante el resto de sus vidas. 

OBJETIVO DE LOS NAZIS 

En el marco de la Operación León Marino, por la cual el ejército nazi iba a invadir Gran Bretaña, Hitler redactó una lista negra en la que se encontraban los nombres de autores tan carismáticos como Aldous Huxley, H.G. Wells y la propia Virginia Woolf.Virginia ignoraba que existiera tal lista, pero en el caso de que Alemania acabara invadiendo Gran Bretaña, el matrimonio sabía que tarde o temprano los nazis irían por ellos, puesto que Virginia era una renombrada intelectual y su marido Leonard era judío.Llegado el caso, la pareja tenía planeado suicidarse en su garaje aspirando los gases del tubo de escape de su vehículo. Además, Leonard guardaba bajo llave un frasco con una dosis letal de morfina que le había proporcionado Adrian, el hermano psiquiatra de Virginia, por si se complicaban las cosas.

Aunque las circunstancias personales de la escritora afectaron a su forma de encarar la existencia, algunos de los personajes de ficción de Virginia dejan pistas acerca del estado psicológico de su autora, como por ejemplo la ansiedad y el delirio. Fruto de sus crisis, las ideas y las palabras fluían como un río agitado. Durante los primeros brotes de su enfermedad, la escritora llegó a afirmar que había oído cantar a los pájaros en griego, escena que años más tarde reproduciría en sus obras La señora Dalloway y Los años.

VENCIDA POR SUS FANTASMAS 

Virginia se veía reflejada en los personajes de sus obras, que rezuman depresión y escepticismo, y en los cuales la idea del suicidio y el miedo a la gente son recurrentes. A Virginia le aterraba la soledad, era muy autocrítica y se sentía invadida a menudo por un sentimiento de culpa. También sufría terribles dolores de cabeza e insomnio. Algunos médicos que la trataron, atribuyeron a la escritura sus problemas de salud. Algunos le recomendaron incluso que lo dejara, ya que los brotes más fuertes que sufría, que en su diario ella definía como "la ola" y "el horror", se producían tras el gran esfuerzo que le suponía escribir. A pesar de estas recomendaciones, Virginia siguió escribiendo, aunque a veces tuvo períodos de inactividad. Gracias a que no dejó de hacerlo, nos ha legado una obra sorprendente, vasta y original.

A pesar de ello, la escritura fue la tabla de salvación de Virginia ante el naufragio de su existencia. Pero el 28 de marzo de 1941, incapaz de hacer frente a la desesperación que la envolvía, se puso el abrigo y despojándose de su bastón, llenó los bolsillos de piedras y se adentró en el río Ouse, dejándose llevar por "las aguas que corren". Antes de tomar esta trágica decisión, Virgina dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa y otra para su marido, Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida. Virginia cumplió así con lo que narraba en su premonitoria obra Fin de viaje. En la carta de despedida de su querido esposo no sólo se percibe su padecimiento, tristeza y profundo dolor, sino también la gratitud y el gran amor que sentía hacia él. Su cuerpo fue encontrado tres semanas después, y Leonard hizo incinerar sus restos y esparció sus cenizas en el jardín de La Casa del Monje (Monk's House), su propio hogar.

Virginia Woolf creía que era necesario que cada vez hubiera más mujeres que escribieran, e incluso llega a hacer una apología de las diferencias entre sexos: "Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿Cómo nos las arreglaríamos, pues, con uno solo? ¿No debería la educación buscar y fortalecer más bien las diferencias que no los puntos de semejanza?". 

Fuente: nationalgeographic.com.es


Una habitación propia
Audiolibro

Simone de Beauvoir


 

Simone de Beauvoir  

Filósofa existencialista y feminista

Formada como filósofa en la universidad de La Sorbona de París, De Beauvoir se incluye entre los grandes pensadores existencialistas del siglo XX.

La escritora francesa publicó en 1949 un libro que todavía hoy es una obra referente dentro del movimiento feminista. 

“Este mundo ha pertenecido siempre a los hombres”. Publicado por primera vez bajo el sello de la editorial francesa Gallimard en 1949, así empezaba El segundo sexo, obra esencial de la filósofa existencialista Simone de Beauvoir que contiene en sus casi mil páginas todo lo que significó la tercera ola del feminismo que estalló con determinación durante la segunda mitad del siglo XX. 

Como en la mayoría de seres humanos, en el relato de la vida de Simone de Beauvoir reinan las contradicciones. Nacida el 9 de enero de 1908, su familia pertenecía a la clase pudiente parisina aunque su situación económica era mala debido a las malas inversiones de su padre. A pesar de estas dificultades, Simone y su hermana recibieron una educación elitista y católica, doctrina que una joven De Beauvoir de 15 años rechazó con convencimiento. 

El fuerte determinismo de su pensamiento liberal y de izquierdas la alejó de su familia, especialmente de su madre y del círculo de amigos al que supuestamente pertenecía. Pronto consiguió emanciparse y empezó estudios de filosofía y letras en la Universidad de París, la Sorbona. Desde su etapa de estudiante de instituto, Simone de Beauvoir destacó por su brillantez, una línea que mantuvo durante sus estudios superiores y que le permitió convertirse en profesora. 

Su primer destino como docente fue Marsella pero, a pesar de que suponía su realización profesional, había un inconveniente. En La Sorbona había conocido a Jean Paul Sartre, con quien había establecido una relación amorosa, y el traslado suponía un duro alejamiento físico. Sin embargo, los principios de libertad y tolerancia sobre los que cimentaron su relación permitieron que ésta durase hasta la muerte de Sartre en 1980. 

Después de Marsella vino Ruán y, a continuación, su periplo como profesora la condujo de nuevo a París, donde siguió trabajando hasta la segunda guerra mundial (1939-1945). En 1943, un escándalo sexual que vinculaba a la filósofa con una alumna suya precipitó el fin de su carrera docente, aunque no el de su relación sentimental, pues las aventuras de Sartre y de De Beauvoir fueron consentidas por ambos a lo largo de toda su vida en común. Dos de las más importantes para ella fueron la que mantuvo durante varios años con el escritor estadounidense Nelson Algren y con el director de cine Claude Lanzmann, quien la acompañaría hasta su último aliento.

 La siguiente etapa vital de Simone de Beauvoir estuvo marcada por su éxito como escritora y por la militancia política motivada por la deriva de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias. En 1943 publicó su segunda obra titulada La invitada, que se convirtió en un gran éxito editorial y la animó a dedicarse a la escritura a tiempo completo.

Durante la contienda participó en programas de la radio libre de Vichy, y en 1945 fundó junto a Sartre y Merleau-Ponty la revista política Les Temps Modernes (Tiempos modernos), en alusión a la obra de Charles Chaplin. En sus ensayos se reafirma como una ferviente defensora del pensamiento marxista y existencialista, y del ateísmo como única visión del mundo espiritual. 

Plenamente dedicada a su faceta de escritora y pensadora, emprendió una serie de viajes junto a Jean Paul Sartre que la llevarán a conocer a grandes personalidades del siglo XX vinculadas al comunismo como Fidel Castro y el Che Guevara en Cuba o Mao Zedong en China. Este periplo se alargaría hasta la década de 1960. 

Con tres novelas y varios ensayos recibidos con éxito por el público y la crítica, en 1949 ve la luz una de sus obras cumbre: El segundo sexo. Publicado hace más de 70 años, las ideas que reivindica el texto siguen siendo hoy en día de plena actualidad. “No se nace mujer, se llega a serlo”, afirma De Beauvoir en el que se convirtió en libro de cabecera del feminismo. En él la autora explica que el sistema ha creado una construcción social de la idea de mujer basada en la biología, cuyos principios y diferencia entre sexos son utilizados para justificar una supuesta debilidad femenina. 

La solución pasa por la emancipación de la mujer, con la libertad como concepto central y directamente vinculado con el existencialismo latente en toda su obra. Y, puesto que concluye que no hay diferencias entre géneros, no se trata de un enfrentamiento entre sexos, sino de una igualación, de ponerse al mismo nivel que los hombres; el punto de partida que define el movimiento feminista que ella misma revitalizó y revolucionó. 

De Beauvoir, en línea con sus principios, no podía entender la literatura sin compromiso político. Además de en El segundo sexo, así como en la mayoría de sus escritos, es algo que se hace evidente en la novela Los mandarines (1954), por la que recibió el Premio Goncourt, y que trata sobre como los intelectuales toman partido en la nueva realidad de pos guerra. 

Durante su activismo político, se posicionó en contra del dominio colonial francés en Argelia, de la guerra de Vietnam y participó de manera activa en las protestas del Mayo del 68. En sus ensayos posteriores se puede identificar otro tema central y que de nuevo lleva implícito una fuerte relación con la filosofía existencialista como fue el acercamiento a la muerte mediante profundos análisis (e incluso apologías) de la vejez. Son ejemplo de ello Una muerte muy dulce (1964), La vejez (1970) o La ceremonia del adiós (1981), este último escrito en motivo de la muerte de Sartre en 1980. 

Además de tratar temas tan polémicos para el momento como la eutanasia, Simone de Beauvoir siguió luchando de manera activa a favor del feminismo. En 1971 apareció como firmante de El Manifiesto de las 343, un documento compuesto por una lista de nombres de mujeres públicas que se habían sometido a un aborto. Mediante esta acción se pretendía reclamar el derecho al aborto, un hito que se conseguiría cuatro años después gracias a reinvindicaciones de este tipo. 

Durante los últimos años de su vida siguió escribiendo instalada en su casa de la calle Victor-Schœlcher, en París. Falleció el 14 de abril de 1986 a los 78 años y sus restos fueron enterrados en el cementerio de Montparnasse. Sabía que su muerte no iba reunirla con Sartre. “Así es.” Había afirmado, “Ya es demasiado bonito que nuestras vidas hayan podido juntarse durante tanto tiempo.” 

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CLARA ZETKIN

  CLARA ZETKIN Pionera del movimiento de mujeres socialistas.  La periodista, oradora, maestra, revolucionaria y fundadora de la Segunda...